Elecciones del 29N: Feijóo 'el moderado' va a conseguir, con la ayuda de Ayuso, adelantar a la extrema derecha Vox... por la derecha

El periodista Hugo Pereira, director de ElConstitucional.es
11 de octubre de 2026 a las 22:29h
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso (i), y el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo. Carlos Luján / Europa Press
Elecciones 29N: Feijóo con la ayuda de Ayuso, va a conseguir adelantar a la extrema derecha Vox

¿Recuerdan a Alberto Núñez Feijóo, el moderado, el que llegó a Madrid en 2022 para presidir el Partido Popular a nivel nacional? Aquel que prometía hacer política para el conjunto de los españoles y las españolas, una política de centro, moderada, alejada de los excesos y pensada para los adultos.

Pues bien, ese mismo Alberto Núñez Feijóo va a conseguir algo histórico en el Partido Popular: adelantar por la derecha a Vox, el partido de extrema derecha que preside Santiago Abascal. Y lo hará, en buena medida, con la inestimable ayuda de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, a cuya estrategia parece haberse sumado ahora el líder nacional del PP.

Puede parecer una opinión subjetiva, pero me voy a remitir a los hechos.

Un discurso más propio de Vox que del PP moderado

Este fin de semana se celebró el primer acto de precampaña del Partido Popular de cara a las elecciones generales del 29 de noviembre, ya convocadas. En ese acto, Alberto Núñez Feijóo pronunció unas palabras que invitan a reflexionar: «Yo no vengo de las saunas ni de las cloacas».

Les propongo un ejercicio: piensen si este tipo de declaraciones son más propias de un discurso de extrema derecha, como el de Vox, caracterizado por el populismo, las hipérboles, las exageraciones y las acusaciones sin fundamento, o si encajan en el discurso de un partido de centroderecha que aspira a representar a una amplia mayoría de la sociedad.

Pero Feijóo fue más allá. «¿Quién del Partido Socialista dio la orden de deshacerse de la jueza que investiga al hermano del presidente?», preguntó. Y añadió otra cuestión: «¿Quién del partido del Gobierno dio la orden de contratar sicarios?».

Conviene detenerse en la gravedad de estas acusaciones. Que yo sepa, nada de lo conocido sobre la investigación del denominado caso Leire Díez permite concluir que Pedro Sánchez, ni nadie por orden suya, haya pedido contratar a un sicario para resolver un problema, tal y como sugirió el líder del PP.

Insisto: no estamos ante una interpretación de sus palabras, sino ante declaraciones pronunciadas por el propio Alberto Núñez Feijóo durante el inicio de la precampaña popular.

En España, por mucho que algunos sostengan que vivimos en una dictadura, seguimos teniendo un sistema democrático en el que se convocan elecciones conforme a la legalidad y en el que rige el Estado de derecho. Resulta contradictorio hablar de dictadura mientras se participa en los procesos electorales de una democracia. Sin embargo, tanto el PP como Vox recurren con frecuencia a ese argumento para deslegitimar al Gobierno de Pedro Sánchez y, por extensión, cuestionar el funcionamiento del sistema democrático.

En una democracia, además, debe respetarse el principio de presunción de inocencia. Las acusaciones políticas no pueden sustituir a las pruebas ni presentarse como hechos demostrados cuando no lo están.

Ayuso, la mafia y la teoría del pucherazo

Isabel Díaz Ayuso, que también protagonizó el acto de inicio de la precampaña del PP, fue incluso más lejos al sentenciar que «nos gobierna la mafia». Son palabras de la presidenta de la Comunidad de Madrid, que volvió a recurrir a uno de los argumentos habituales del Partido Popular, tanto en Madrid como a nivel nacional: la supuesta existencia de trampas electorales.

La teoría del pucherazo ya no es una cuestión exclusiva de Ayuso ni de Vox. Alberto Núñez Feijóo también ha recogido el guante. Esta misma semana recordó que había sido presidente de Correos y manifestó su desconfianza hacia quienes ocupan ese cargo.

A mi modo de ver, este argumentario presenta importantes lagunas. Quienes sostienen la teoría del pucherazo podrían preguntarse, siguiendo esa misma lógica, qué habría ocurrido en las elecciones anteriores si el propio Feijóo presidió Correos. No estoy insinuando que sucediera nada irregular, sino señalando la inconsistencia de sembrar dudas sobre el sistema sin aportar pruebas que las respalden.

Quienes hemos estudiado el sistema electoral español sabemos que cuenta con numerosos controles y garantías, precisamente para dificultar la manipulación de los resultados. Hablar de un pucherazo exige pruebas, no insinuaciones ni sospechas genéricas.

Tampoco tiene sentido confundir el voto por correo con el voto CERA, correspondiente a los españoles residentes en el extranjero. Son procedimientos distintos, con sus propias características y garantías. Mezclarlos contribuye a alimentar la confusión en lugar de ofrecer explicaciones rigurosas sobre el funcionamiento del sistema electoral.

La oposición no puede consistir en deslegitimar la democracia

El Partido Popular, tanto en el ámbito nacional como en el autonómico madrileño, parece haber asumido parte de las estrategias discursivas de Vox: el populismo, las exageraciones, las acusaciones sin pruebas y un endurecimiento del discurso en cuestiones como la inmigración.

La cuestión no es que el PP critique al Gobierno. La oposición es necesaria en cualquier democracia y el partido tiene motivos y argumentos que puede utilizar para cuestionar las decisiones de Pedro Sánchez y de su Ejecutivo. La discrepancia política forma parte del funcionamiento normal de las instituciones.

El problema aparece cuando la crítica se transforma en una estrategia de deslegitimación del sistema electoral y democrático. Una cosa es fiscalizar al Gobierno, denunciar posibles irregularidades con pruebas y exigir responsabilidades; otra muy distinta es sembrar dudas sobre la limpieza de las elecciones sin aportar evidencias que las sustenten.

Mentir, recurrir a hipérboles y alimentar teorías de fraude electoral sin fundamento no es hacer oposición responsable. Es contribuir a deteriorar la confianza ciudadana en las instituciones y poner en cuestión las reglas que permiten la convivencia democrática.

Y en esa estrategia parece haberse instalado el Partido Popular. Hasta el punto de que, en ocasiones, da la impresión de competir con Vox por ver quién adopta el discurso más duro, quién recurre a las acusaciones más graves y quién lleva más lejos la confrontación política.

Que un partido con la trayectoria histórica y el peso electoral del PP adopte estrategias discursivas asociadas a la extrema derecha es, cuando menos, preocupante. No solo por el tono del debate público, sino también por las consecuencias que puede tener para la confianza en las instituciones y en el sistema democrático.

En definitiva, Alberto Núñez Feijóo, aquel dirigente que llegó a Madrid en 2022 con la promesa de representar una alternativa moderada, parece haber abandonado buena parte de aquella imagen para competir con Vox en su propio terreno: el de las exageraciones, las acusaciones y el cuestionamiento de las instituciones.

La conclusión es clara: si esta es la tónica del inicio de la precampaña, se nos van a hacer muy largos los próximos meses. Tanto la precampaña como la posterior campaña electoral de cara a las elecciones del 29 de noviembre.

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