España ha llegado a agosto como el país más castigado por los incendios forestales de toda la Unión Europea. El fuego ha quemado 219.665 hectáreas hasta el 29 de julio, según las estimaciones del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales de Copernicus. La cifra representa el 47,2% de toda la superficie afectada en territorio comunitario durante 2026.
El terreno arrasado equivale a 2.197 kilómetros cuadrados, una extensión superior a la isla de Tenerife. También multiplica por 5,1 el balance registrado en España durante las mismas fechas del año pasado, cuando habían ardido 42.700 hectáreas.
La progresión de julio muestra la velocidad que ha adquirido la campaña. El 22 de julio, Copernicus calculaba 119.458 hectáreas quemadas. Solo una semana después, el balance había aumentado en más de 100.000 hectáreas, impulsado por la coincidencia de grandes incendios en diferentes puntos del país.
La cifra todavía queda por debajo del resultado final de 2025, cuando ardieron 354.793,5 hectáreas y España sufrió su peor campaña desde 1994. Sin embargo, 2026 ya acumula cerca del 62% de aquel balance antes de comenzar agosto, uno de los meses tradicionalmente más peligrosos en el noroeste peninsular.
Casi una de cada dos hectáreas de la UE
El conjunto de la Unión Europea suma 464.781 hectáreas quemadas, más del doble que en las mismas fechas de 2025. España concentra por sí sola casi la mitad de esa superficie, muy por encima del peso territorial que ocupa dentro del bloque comunitario.
También encabeza el número de incendios detectados por EFFIS durante 2026, con 382. Italia aparece en segundo lugar con 335 y Francia en tercero con 330. La superficie quemada ofrece, sin embargo, una medida más clara de la gravedad, porque unos pocos incendios extremos pueden causar mucho más daño que cientos de conatos controlados rápidamente.
Los datos de Copernicus requieren una precisión importante. EFFIS cartografía principalmente fuegos de unas 30 hectáreas o más mediante imágenes de satélite, por lo que sus 382 registros no incluyen necesariamente todos los incendios y conatos ocurridos en España. Los perímetros se revisan varias veces conforme mejora la visibilidad y llegan imágenes de mayor resolución, de manera que el balance puede variar entre actualizaciones y diferir de la estadística nacional del Ministerio para la Transición Ecológica.
El cambio climático agrava el comportamiento del fuego
La ignición abre un incendio. El calor extremo, la baja humedad, el viento y el estado de la vegetación determinan después su capacidad para propagarse y convertirse en un fuego de alta intensidad. Ahí aparece con claridad el efecto del cambio climático.
La Agencia Europea de Medio Ambiente señala que el calentamiento ya ha elevado el peligro de incendio en Europa, especialmente en las regiones meridionales. El IPCC prevé además un aumento de la aridez y de las condiciones meteorológicas favorables al fuego en el Mediterráneo conforme avance el calentamiento global.
La científica del CSIC Cristina Santín explica que el cambio climático mantiene la vegetación más días al año "lista para arder". En 2026 se han combinado un invierno húmedo, que favoreció el crecimiento vegetal, con una primavera relativamente seca, un junio muy seco y sucesivas olas de calor. El resultado ha sido una gran cantidad de combustible que perdió rápidamente su humedad.
El clima explica una parte decisiva del riesgo, aunque actúa junto a otros factores. El abandono rural, la pérdida de usos agrícolas y ganaderos y la continuidad de grandes masas de vegetación facilitan que las llamas recorran el territorio sin encontrar suficientes discontinuidades. La falta de gestión forestal multiplica el problema cuando el monte llega al verano extremadamente seco.
El profesor de Ingeniería Forestal Víctor Resco de Dios calcula que España debería gestionar alrededor de un millón de hectáreas mediante actuaciones planificadas en diferentes escalas. Entre ellas figuran los corredores capaces de frenar grandes incendios, las intervenciones en puntos estratégicos y los planes municipales para proteger pueblos, urbanizaciones y viviendas aisladas.
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Agosto mantiene abierta la amenaza
El precedente de 2025 obliga a mantener la vigilancia. Aquel año, la superficie quemada pasó de 47.198 hectáreas el 5 de agosto a 367.520 apenas dos semanas después. La coincidencia de una ola de calor, tormentas secas y numerosos focos superó la capacidad de respuesta en varios territorios.
AEMET ha estrenado este año un índice de peligro que combina temperatura, humedad, viento y lluvia con el estado de la vegetación, la humedad del suelo y los usos del territorio. La herramienta ofrece información con una resolución de un kilómetro y permite localizar mejor las zonas expuestas a niveles muy altos o extremos.
La evolución de las próximas semanas dependerá de las temperaturas, las precipitaciones, el viento y la aparición de nuevos focos. España entra en agosto con 219.665 hectáreas quemadas, la vegetación muy seca en amplias zonas y el periodo más delicado de la campaña todavía abierto en el noroeste peninsular.
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