Cada voto cuenta para frenar a la ultraderecha: la oposición de izquierdas gana las elecciones en Suecia tras cuatro años de Gobierno conservador

El bloque encabezado por los socialdemócratas se impone por 176 escaños frente a 173, aunque faltan por incorporar al menos 200.000 papeletas, en unos comicios que castigan a los ultras Demócratas Suecos y refuerzan a la izquierda alternativa

14 de septiembre de 2026 a las 20:40h
La líder de los socialdemócratas suecos y ganadora de las elecciones, Magdalena Andersson (i); y el líder de la ultraderecha en Suecia, Jimmie Akesson (d). Elaboración propia (Imágenes de X y Socialdemócratas de Suecia)
La líder de los socialdemócratas suecos y ganadora de las elecciones, Magdalena Andersson (i); y el líder de la ultraderecha en Suecia, Jimmie Akesson (d). Elaboración propia (Imágenes de X y Socialdemócratas de Suecia)

Apenas 28.000 votos separan en Suecia a los dos bloques que aspiran a gobernar durante los próximos cuatro años. Con cerca del 95% escrutado, la oposición encabezada por la socialdemócrata Magdalena Andersson reúne provisionalmente 176 diputados, uno más de los necesarios para alcanzar la mayoría absoluta, mientras la derecha de Ulf Kristersson se queda en 173.

El resultado de las elecciones celebradas este domingo 13 de septiembre permanece abierto. Todavía deben incorporarse al recuento alrededor de 200.000 papeletas, entre votos anticipados que no llegaron a sus colegios electorales a tiempo y sufragios enviados desde el extranjero. La escasa distancia entre ambos bloques permite que el reparto de uno o varios escaños cambie durante los próximos días.

La Autoridad Electoral sueca explica que esas papeletas se agruparán en 314 distritos especiales y comenzarán a contarse el miércoles, aunque el proceso puede prolongarse hasta el jueves. Después llegará el escrutinio definitivo, realizado por las administraciones provinciales, que revisan todos los votos emitidos. El resultado oficial suele quedar cerrado aproximadamente una semana después de las elecciones.

La prudencia responde también al precedente más reciente. En 2022, la derecha acabó imponiéndose por 176 escaños frente a 173, exactamente la misma diferencia que ahora favorece a la oposición. Los primeros sondeos de aquella noche habían apuntado en sentido contrario y el voto pendiente terminó confirmando la victoria de Kristersson.

La trascendencia de unas pocas papeletas va mucho más allá de decidir quién ocupa el despacho del primer ministro. Una victoria de la derecha podría permitir la entrada de la ultraderecha Demócratas Suecos en el Gobierno por primera vez, después de cuatro años apoyando desde fuera al Ejecutivo conservador y condicionando buena parte de sus políticas sobre inmigración, seguridad y prestaciones sociales.

Magdalena Andersson ha evitado declararse vencedora. "Si este resultado se mantiene, Suecia tendrá un nuevo Gobierno", afirmó ante sus seguidores. Kristersson tampoco ha reconocido la derrota y espera al voto exterior antes de tomar cualquier decisión. Los resultados provisionales difundidos por la televisión pública sueca dejan una mayoría demasiado ajustada para adelantar el desenlace.

Los socialdemócratas continúan siendo la primera fuerza con el 28,1% y 100 diputados, aunque pierden más de dos puntos y siete escaños. Los Moderados de Kristersson suben hasta el 19,9% y alcanzan 70 representantes. Demócratas Suecos cae al 17,5%, pierde once diputados y queda con 62, mientras el Partido de la Izquierda crece hasta el 8,3% y logra 29.

El Partido del Centro obtiene el 7,1% y 25 escaños, Los Verdes alcanzan el 6,1% y 22 representantes, los democristianos consiguen también 22 diputados con el 6,2% y los liberales sobreviven con un 5,4% que les permite conservar 19 asientos. Los ocho partidos que ya formaban parte del Parlamento superan nuevamente la barrera nacional del 4%.

El retroceso de los ultras Demócratas Suecos mantiene viva su amenaza

Demócratas Suecos ha sufrido su primera caída en unas elecciones generales desde que irrumpió en el Parlamento en 2010. El partido de Jimmie Åkesson pierde tres puntos, deja de ser la segunda fuerza y retrocede incluso en territorios de Escania que durante años funcionaron como sus principales bastiones.

El golpe adquiere relevancia en una Europa donde la ultraderecha ha seguido ampliando su presencia institucional. También supone un castigo para una formación que aspiraba a convertir su apoyo externo en ministerios, poder presupuestario y capacidad directa para gestionar la política migratoria. Kristersson había dejado abierta durante la campaña la posibilidad de entregarle responsabilidades dentro del Ejecutivo.

Sin embargo, más de 1,1 millones de suecos han vuelto a elegir la papeleta de Åkesson. Su 17,5% mantiene a Demócratas Suecos como tercera fuerza y garantiza que continuará teniendo una influencia considerable sobre la derecha. Se advierte además de que una parte de su caída puede proceder del voto útil y de movimientos internos dentro del propio bloque conservador.

Los liberales llegaron a la recta final amenazados con desaparecer del Parlamento si quedaban por debajo del 4%. Numerosos votantes moderados y de Demócratas Suecos pudieron prestarles su papeleta para salvar al conjunto del bloque. Según el estudio electoral de la televisión pública 'SVT', el 64% de quienes finalmente votaron al Partido Liberal decidió su opción durante la última semana.

Esa transferencia ayudó a los liberales a alcanzar el 5,4% y evitó que decenas de escaños de la derecha quedaran sin representación. El retroceso de Åkesson contiene una parte de rechazo a su formación, pero también una operación de supervivencia electoral entre partidos que comparten cuatro años de Gobierno y acuerdos parlamentarios.

La influencia de Demócratas Suecos puede medirse mejor en las políticas aplicadas desde 2022. El Gobierno conservador eliminó los permisos de residencia permanente para refugiados, endureció el acceso a determinadas ayudas y aceleró las expulsiones. Las solicitudes de asilo han descendido hasta su nivel más bajo en cuatro décadas y Suecia ha abandonado buena parte del modelo de acogida que caracterizó al país durante la crisis de refugiados de 2015.

Åkesson llevó esa agenda aún más lejos durante la campaña. Su partido propuso incrementar las deportaciones, terminar con el multiculturalismo y prohibir determinadas prendas islámicas en espacios públicos. La reacción recogida por 'Reuters' en barrios con una elevada población migrante muestra hasta qué punto esas propuestas movilizaron a electores que temían una nueva vuelta de tuerca. En Rinkeby, el conjunto de la oposición rozó el 94% de los votos.

El Partido de la Izquierda ha crecido especialmente en algunos de esos barrios populares, donde ha conseguido presentarse como la respuesta más clara a la ultraderecha. Esa movilización explica parte de su subida de cinco diputados y también el retroceso de unos socialdemócratas que durante los últimos años han aceptado un marco migratorio mucho más restrictivo.

El problema de la integración seguirá ocupando una posición central en la política sueca. Alrededor de una quinta parte de la población ha nacido en el extranjero y el desempleo entre los inmigrantes alcanza el 16,4%, frente al 6,2% registrado entre los nacidos en el país. Al mismo tiempo, los servicios públicos dependen cada vez más de esos trabajadores.

La contradicción acompañará al próximo Gobierno. Suecia necesita corregir las desigualdades laborales, educativas y residenciales que alimentan la segregación, mientras su población envejece y numerosos municipios carecen de profesionales. Convertir a toda la inmigración en una amenaza puede proporcionar votos a la ultraderecha, pero también agrava la falta de personal que ya sufren la sanidad y los cuidados.

La derrota provisional de Kristersson tampoco significa que el endurecimiento migratorio vaya a desaparecer. Los socialdemócratas han asumido parte de esas políticas y Andersson ha descartado regresar al modelo de la pasada década. El politólogo Niklas Bohlin, de la Universidad de Mid Sweden, considera que el giro general hacia una política más restrictiva ha llegado para quedarse.

El desgaste del Gobierno abre una difícil mayoría para Andersson

La posible victoria del bloque opositor contiene un serio aviso para los socialdemócratas. El 28,1% representa su peor resultado desde 1908, aunque la formación vuelve a ser la más votada, una posición que conserva de manera ininterrumpida desde 1917. Andersson pierde más de dos puntos respecto a 2022 y registra algunos de sus retrocesos más importantes en el norte del país.

El bloque avanza gracias al crecimiento de sus posibles aliados. El Partido de la Izquierda gana cinco diputados y Los Verdes suman cuatro, mientras el Partido del Centro mejora ligeramente. El cambio de mayoría procede de una redistribución interna del voto opositor y del descenso de Demócratas Suecos, lejos de una recuperación socialdemócrata.

El desplazamiento hacia la izquierda responde en parte al malestar con el coste de la vida, la precariedad y el deterioro de los servicios públicos. La economía ha comenzado a recuperarse y el producto interior bruto creció un 1,6% durante el segundo trimestre, pero los datos más recientes también muestran una caída de la actividad en julio. El desempleo se mantiene en el 8,7%, según la oficina estadística sueca, una cifra elevada para un país que ha hecho del empleo uno de los pilares de su modelo social.

Los hogares han soportado durante la legislatura el efecto de la inflación, los elevados tipos de interés y la pérdida de poder adquisitivo. La presión también llegó a los ayuntamientos y las regiones, responsables de la educación, la sanidad y buena parte de los cuidados. En 2024, varios hospitales anunciaron miles de recortes de puestos mientras los déficits regionales se disparaban, una crisis que llevó a muchos profesionales a denunciar la erosión del Estado del bienestar.

El Ejecutivo intentó llegar a las elecciones con un presupuesto expansivo de 80.000 millones de coronas. La mayor partida se destinó a rebajas fiscales, se redujo temporalmente el IVA de los alimentos y aumentó de forma considerable el gasto militar. Junto a esas medidas, el Gobierno endureció las prestaciones sociales y estableció recortes que podían superar las 8.000 coronas mensuales para una familia con cinco hijos.

La recuperación económica de los últimos meses llegó demasiado tarde para borrar el desgaste acumulado. Andersson ha prometido reforzar la sanidad, la educación y los cuidados, revisar el sistema fiscal y exigir una mayor contribución a los bancos y las rentas más altas. El avance del Partido de la Izquierda y Los Verdes aumenta la presión para que esas promesas se conviertan en el centro de la próxima legislatura.

La aritmética parlamentaria complicará ese programa. Andersson necesita el respaldo del Partido de la Izquierda, Los Verdes y el Partido del Centro para mantener los 176 escaños que ahora atribuye el recuento a la oposición. El Centro rechaza compartir Gobierno con el Partido de la Izquierda, mientras esta formación reclama entrar en el Consejo de Ministros y exige que los grandes patrimonios financien una parte mayor del gasto público.

Suecia funciona mediante un sistema de parlamentarismo negativo. Un candidato puede ser investido siempre que 175 diputados no voten expresamente en su contra. Esta fórmula facilita los Gobiernos minoritarios, aunque obliga a negociar abstenciones, presupuestos y acuerdos de legislatura con formaciones muy distintas.

El presidente del Parlamento, Andreas Norlén, ya ha advertido de que la formación del Gobierno puede convertirse en un proceso complicado. Tras las elecciones de 2022 fueron necesarios 37 días para cerrar el acuerdo de la derecha y en 2018 las conversaciones se prolongaron durante 134.

Antes de esas negociaciones llegará el momento decisivo del recuento. El miércoles se incorporarán las papeletas anticipadas que llegaron tarde y los votos procedentes del extranjero, con capacidad suficiente para modificar la última asignación de escaños. Después, las administraciones provinciales terminarán la revisión definitiva y Norlén comenzará formalmente las consultas para comprobar si Andersson puede convertir su ventaja de 28.000 votos en un Gobierno.

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Jaime Barrionuevo, redactor de ElConstitucional.es
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