Las elecciones legislativas de medio mandato de Estados Unidos, previstas para el próximo 3 de noviembre, se presentan como una prueba para el presidente Donald Trump. A menos de dos semanas de la votación, las encuestas muestran una ventaja de los demócratas frente a los republicanos y reflejan el descontento de parte de la población con la situación económica y la gestión del actual Gobierno.
Según una encuesta de CNN publicada el 21 de octubre, los demócratas cuentan con un 49% de apoyo frente al 39% de los republicanos entre los votantes registrados. El mismo estudio sitúa la aprobación de Trump en el 32%, su nivel más bajo en esta medición.
Estos comicios, conocidos como elecciones de mitad de mandato o midterms, se celebran entre dos elecciones presidenciales y permiten medir el respaldo ciudadano al presidente. Aunque Trump no se presenta a la reelección en esta votación, el resultado puede dificultar la aplicación de sus políticas durante los dos años que le quedan de mandato.
La economía y el coste de la vida pasan factura a Trump
Uno de los principales motivos de preocupación entre los votantes estadounidenses es la economía. La encuesta de CNN refleja que el coste de la vida sigue siendo la cuestión que más preocupa a los ciudadanos y que la gestión económica de Trump recibe una valoración especialmente negativa.
Según este estudio, solo el 27% de los encuestados aprueba su gestión de la economía y el 23% respalda su actuación frente a la inflación, es decir, la subida generalizada de los precios. Además, dos tercios de los estadounidenses consultados consideran que las políticas del presidente han empeorado la situación económica.
El descontento no se limita a la economía. La corrupción en el Gobierno y la situación de la democracia estadounidense también figuran entre las preocupaciones de los votantes. En este contexto, seis de cada diez encuestados afirman que su voto servirá para enviar un mensaje sobre Trump y, entre ellos, predominan quienes quieren mostrar su rechazo al presidente. Sin embargo, el avance demócrata no significa que todos los votantes confíen en la oposición. El mismo sondeo indica que el 41% cree que el país estaría mejor si los demócratas ganaran las elecciones, frente al 37% que considera que estaría peor. Otro 22% piensa que el cambio de mayoría no supondría una diferencia.
Qué se juegan republicanos y demócratas en el Congreso
Para entender la importancia de estas elecciones, hay que tener en cuenta que el Congreso estadounidense está formado por dos cámaras: la Cámara de Representantes y el Senado. Ambas participan en la aprobación de las leyes, pero tienen funciones diferentes. La Cámara de Representantes cuenta con 435 escaños y se renueva por completo en estas elecciones. Para controlarla, un partido necesita alcanzar la mayoría, situada en 218 representantes. Los republicanos parten con una ventaja muy ajustada, por lo que los demócratas solo necesitan ganar unos pocos escaños más de los que tienen actualmente para hacerse con el control.
Si los demócratas logran esa mayoría, podrán dirigir las comisiones parlamentarias, impulsar sus propias iniciativas y someter a un mayor control político las decisiones de la Administración Trump. También tendrán más capacidad para investigar actuaciones del Gobierno. No obstante, eso no significa que puedan aprobar por sí solos todas sus propuestas. El Senado, por su parte, cuenta con 100 miembros y este año se renuevan 35 puestos. Los republicanos mantienen actualmente el control de esta cámara, pero los sondeos sitúan varias elecciones estatales en una situación muy ajustada. Para los demócratas, recuperar la mayoría supondría tener más capacidad para influir en la aprobación de leyes y en la confirmación de determinados nombramientos presidenciales.
La diferencia entre ambas cámaras es importante: una ley federal debe superar el trámite parlamentario correspondiente y contar con la aprobación de las dos cámaras, además de la firma del presidente. Por ello, si los demócratas controlan una o las dos cámaras, Trump podría encontrar más obstáculos para sacar adelante su programa, aunque seguiría conservando las competencias propias de la Presidencia. Las encuestas, sin embargo, no garantizan ese resultado. La distribución de los escaños depende de las votaciones en cada distrito y estado, no únicamente del porcentaje de apoyo nacional a cada partido. Por eso, aunque los demócratas parten con ventaja en los sondeos, el resultado final dependerá de las contiendas más disputadas y de la participación de los votantes.