La primera ministra italiana, la ultraderechista Giorgia Meloni, ha sacado adelante este jueves una reforma electoral que permitirá obtener una mayoría absoluta de escaños sin reunir la mayoría de los votos. La Cámara de Diputados ha aprobado definitivamente el texto con 227 apoyos y 164 votos en contra, entre protestas de una oposición que acusa al Gobierno de cambiar las reglas para favorecer su continuidad en las elecciones de 2027.
El centroizquierda ha respondido con carteles de "Ley estafa" y "No al embrollo" dentro del Parlamento. La votación secreta tampoco ha provocado la rebelión interna que esperaban los adversarios de Meloni, después de que en julio varios diputados de la coalición gubernamental tumbaran una enmienda sobre las preferencias electorales. Esta vez, la primera ministra había advertido a sus socios de que el fracaso de la reforma abriría una crisis de Gobierno.
El Ejecutivo presenta la ley, bautizada por sus partidarios como 'Stabilicum' y por sus críticos como 'Melonellum', como una garantía de estabilidad. La explicación llega cuando Meloni ya dirige el Gobierno más duradero de la República italiana, bajo el sistema electoral que ahora sustituye. Su mayoría ha cerrado la tramitación tras recurrir a tres votos de confianza para asegurar la aprobación de los principales artículos.
Schlein y Conte denuncian una ley a medida
La secretaria del Partido Democrático (PD), Elly Schlein, ha acusado a Meloni de cambiar las reglas con la competición electoral ya en marcha. La dirigente progresista considera la reforma equivocada e inconstitucional y reprocha al Gobierno que dedique sus esfuerzos a proteger su futuro mientras las familias soportan el encarecimiento de la vida. También ha defendido que la alianza de izquierdas puede derrotar a la derecha con las nuevas condiciones. "Ganaremos con cualquier ley electoral", ha afirmado.
El expresidente del Gobierno y líder del Movimiento Cinco Estrellas (M5S), Giuseppe Conte, ha situado la decisión en el "miedo a perder" de la coalición gobernante. A su juicio, Meloni adapta el sistema a sus necesidades electorales y a la evolución de las encuestas. "Solo falta establecer que la prima de mayoría corresponde a una primera ministra de ojos claros", ha ironizado sobre una norma que considera diseñada para prolongar el poder de la dirigente ultra.
Conte también ha cuestionado las prioridades del Ejecutivo. Frente a la discusión sobre porcentajes, puestos en las listas y escaños, ha reclamado atención para el precio de la compra, los impuestos, la energía y las listas de espera sanitarias. Angelo Bonelli, uno de los referentes de Alianza Verdes e Izquierda (AVS), ha denunciado igualmente que el Gobierno desatiende las dificultades económicas y sociales mientras concentra su actividad en la reforma.
La protesta alcanza a las barreras para competir. El texto eleva hasta 6.000 las firmas exigidas por circunscripción a las nuevas formaciones sin representación parlamentaria y mantiene la recogida en papel. Los partidos con grupos parlamentarios cuentan con exenciones, una diferencia que los críticos consideran favorable a quienes ya ocupan escaños y que dificulta la entrada de nuevos competidores.
El líder de +Europa, Riccardo Magi, había iniciado una huelga de hambre contra la reforma y sus restricciones a la participación. Tras la votación de este jueves, ha suspendido el ayuno y ha expresado su confianza en el presidente de la República, Sergio Mattarella, mientras mantiene la voluntad de combatir la norma por la vía judicial.
Schlein y Conte han denunciado además el retroceso en las garantías de representación femenina. La ley recupera parcialmente el voto de preferencia, pero los cabezas de lista seguirán siendo elegidos por los partidos y quedarán fuera de las exigencias de paridad previstas para el resto de candidaturas. La primera mujer que ha llegado a la jefatura del Gobierno italiano deja así en manos de las direcciones partidistas una decisión que puede reducir la presencia de otras mujeres en los puestos con más posibilidades de obtener escaño.
El 42% cambia las cuentas para las próximas elecciones
El núcleo de la reforma es un premio de 70 escaños en la Cámara de Diputados y 35 en el Senado. Lo recibirá la lista o coalición más votada si gana y alcanza al menos el 42% de los votos en ambas Cámaras. Esos puestos se reservan dentro del reparto existente, con 400 diputados y 200 senadores electivos. El mecanismo permite reforzar la representación del vencedor hasta darle una mayoría para gobernar, aunque una mayoría de electores haya votado por otras opciones.
El sistema sustituye al 'Rosatellum', vigente desde 2017, y elimina con carácter general los distritos en los que se elegía a un único candidato. El reparto pasa a tener una base proporcional corregida por el premio de mayoría, con umbrales generales del 3% para las listas y del 10% para las coaliciones. La norma fija un límite de 220 diputados y 113 senadores para el bloque beneficiario, sin contar sus posibles escaños obtenidos en el exterior.
La promesa de estabilidad tiene una condición decisiva. Si ningún bloque alcanza el 42% en las dos Cámaras, o si ganan alianzas distintas, el premio queda sin adjudicar y los escaños se distribuyen proporcionalmente. La reforma mantiene, por tanto, la posibilidad de un Parlamento sin una mayoría clara. Tampoco habrá una segunda vuelta para resolver ese escenario.
Las alianzas deberán identificar antes de las elecciones a la persona que proponen como primer ministro. Para la derecha, Meloni conserva ese liderazgo. Para el centroizquierda, la exigencia obliga a resolver antes la disputa entre Schlein y Conte, que todavía deben acordar quién encabezaría el proyecto compartido. El PD, el M5S y AVS trabajan en el llamado 'Campo Largo', una alianza progresista cuya capacidad de sumar depende también de cómo resuelva el liderazgo y la participación de otras fuerzas.
La reforma favorece las candidaturas agrupadas, pero el premio también podría beneficiar a una oposición que consiga presentarse unida y superar el umbral. La izquierda afronta ahora la tarea de convertir la cooperación entre partidos en una candidatura capaz de reunir sus votos. El procedimiento para elegir al aspirante, mediante un acuerdo o unas primarias, sigue formando parte de la negociación.
Los cálculos de Meloni se han complicado por el ascenso del exgeneral ultraderechista Roberto Vannacci y su partido, Futuro Nacional. Si concurre fuera de la coalición gubernamental, puede restar votos decisivos a Hermanos de Italia, la Liga y Forza Italia e impedirles alcanzar el 42%. Su posible incorporación al bloque de Meloni alteraría de nuevo las cuentas. La primera ministra tiene que afrontar esa competencia dentro de la propia derecha mientras crece la posibilidad de un adelanto electoral a la primavera de 2027, todavía sin una convocatoria decidida.
La oposición prepara también la batalla sobre el encaje constitucional del texto. Uno de los puntos cuestionados es el premio nacional de escaños en un Senado que la Constitución establece sobre una base regional. Otro es la obligación de anunciar al candidato a primer ministro, que los críticos relacionan con el intento de Meloni de reforzar la jefatura del Gobierno. La designación sigue correspondiendo al presidente de la República y el nombre propuesto por los partidos carece de carácter vinculante.
Tras el último voto parlamentario, el texto debe pasar por la promulgación de Sergio Mattarella y su publicación oficial. Los opositores preparan las actuaciones judiciales con las que pretenden llevar los aspectos controvertidos ante la Corte Constitucional antes de las próximas elecciones.