Trump recibe a un Netanyahu acorralado y se resiste a mantener abierta la guerra con Irán

El primer ministro israelí trata de recuperar el apoyo de Washington mientras pierde respaldo dentro y fuera de Israel a tres meses de las elecciones

28 de julio de 2026 a las 21:07h
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, junto al primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, en la Casa Blanca. Foto de archivo: White House Gallery
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, junto al primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, en la Casa Blanca. Foto de archivo: White House Gallery

Cinco meses después de atacar juntos a Irán, Donald Trump y Benjamín Netanyahu han vuelto a sentarse en el Despacho Oval con una guerra enquistada y una relación mucho más fría. El presidente estadounidense quiere encontrar una salida negociada antes de las elecciones legislativas de noviembre. El primer ministro israelí necesita mantener la presión militar para llegar con alguna victoria a sus propios comicios de octubre.

La reunión ha durado alrededor de 90 minutos, se ha celebrado a puerta cerrada y ha terminado sin una comparecencia conjunta. La Casa Blanca se ha limitado a definirla como "positiva y productiva", mientras las imágenes difundidas por el Gobierno israelí mostraban a ambos dirigentes sonriendo junto a JD Vance, Marco Rubio y Pete Hegseth.

El ambiente previo había sido bastante menos cordial. Trump había acusado públicamente a Netanyahu de intentar mantener a Estados Unidos dentro de la guerra mediante informaciones sobre una posible reactivación del programa nuclear iraní en Pickaxe Mountain. "No necesito que 'Bibi' me lo diga. Me lo dice porque quiere que siga involucrado", afirmó horas antes del encuentro.

Trump también reprochó al dirigente israelí que difundiera esas informaciones antes de comunicárselas directamente. "¿Por qué tienes que anunciarlo al mundo?", preguntó durante una entrevista televisiva. La oficina de Netanyahu negó después que el supuesto búnker nuclear llegara a formar parte de la conversación, pese a que había dominado buena parte de las horas anteriores.

Una guerra que ya pesa en las urnas

Trump y Netanyahu iniciaron la ofensiva conjunta contra Irán el pasado 28 de febrero con la promesa de destruir su programa nuclear, debilitar sus misiles y derribar al régimen de los ayatolás. La campaña debía durar unas semanas, pero se ha prolongado durante cinco meses sin cumplir sus principales objetivos y ha terminado extendiendo la inestabilidad por Oriente Próximo.

El cierre del estrecho de Ormuz ha alterado el comercio energético mundial y ha encarecido el combustible en Estados Unidos. El Pentágono reclama alrededor de 95.000 millones de dólares adicionales para sostener las operaciones y al menos 18 militares estadounidenses han muerto desde el inicio del conflicto, un balance que comienza a provocar malestar dentro de la base trumpista.

Las legislativas de mitad de mandato se celebrarán el próximo 3 de noviembre y pueden arrebatar a los republicanos el control absoluto del Congreso. Trump necesita contener el precio de la gasolina y presentar algún avance diplomático que le permita justificar una guerra incompatible con su antigua promesa de alejar a Estados Unidos de los grandes conflictos exteriores.

Netanyahu tiene todavía más prisa. Israel celebrará elecciones el 27 de octubre y las encuestas sitúan a su coalición ultraderechista lejos de los 61 diputados necesarios para conservar la mayoría. El primer ministro ha tratado de envolverse en el patriotismo bélico desde la ofensiva sobre Gaza, pero el desgaste de una guerra permanente comienza a reducir su margen político.

También pierde apoyos en Washington. Más de cien congresistas demócratas votaron este mes a favor de bloquear una partida de 3.300 millones de dólares en ayuda militar a Israel. La propuesta fue rechazada por la mayoría republicana, aunque nunca una iniciativa semejante había recibido tanto respaldo dentro del Partido Demócrata.

La relación personal con Trump tampoco atraviesa su mejor momento. El presidente estadounidense ya llamó "loco" a Netanyahu durante una tensa conversación telefónica por los bombardeos israelíes sobre Líbano, que estuvieron cerca de hacer fracasar las negociaciones abiertas entre Washington y Teherán. Israel continuó atacando objetivos de Hizbulá pese a que el entendimiento con Irán exigía frenar las hostilidades en todos los frentes.

Trump ordenó el viernes suspender los bombardeos estadounidenses para conceder otra oportunidad a la diplomacia. Netanyahu mantiene sus dudas sobre cualquier acuerdo y busca ampliar las operaciones más allá de Ormuz. El dirigente israelí quiere destruir por completo las capacidades nucleares y balísticas de Irán y conserva el objetivo de provocar la caída del régimen.

Trump exhibe el límite de su apoyo

Las diferencias alcanzan otros puntos del tablero regional. Netanyahu ha intentado frenar la posible venta estadounidense de cazas F-35 a Turquía porque considera que amenazaría la superioridad aérea de Israel. Trump rechazó de plano esa presión antes de recibirlo en Washington.

"Nadie me dice qué debemos vender", respondió el presidente estadounidense, que calificó a Recep Tayyip Erdogan como un amigo y presentó a Turquía como un aliado poderoso. También recordó la dependencia israelí del respaldo económico y militar de Washington. "¿Saben quién no sobreviviría sin nosotros? Israel", afirmó a bordo del Air Force One.

Ese endurecimiento tiene límites claros. Trump mantiene el apoyo militar a Israel y continúa protegiendo a Netanyahu frente a la orden de arresto dictada por la Corte Penal Internacional por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad en Gaza. El presidente ya ha garantizado que su aliado "no será arrestado bajo ninguna circunstancia" mientras se encuentre en Estados Unidos.

La promesa respondió al alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, que ha pedido al Gobierno federal ejecutar la orden cuando Netanyahu viaje a la Asamblea General de Naciones Unidas en septiembre. Sobre el primer ministro israelí pesa desde noviembre de 2024 una orden internacional relacionada con la utilización del hambre como método de guerra y los ataques contra la población civil palestina.

La Casa Blanca tampoco ha retirado la ayuda militar a Israel ni ha cuestionado el objetivo compartido de impedir que Irán consiga armamento nuclear. El choque se concentra ahora en la duración de la guerra, el alcance de los ataques y la capacidad de Netanyahu para entorpecer las conversaciones que Trump intenta recuperar con Teherán.

El encuentro ha terminado sin anunciar nuevos bombardeos, acuerdos militares o compromisos sobre Pickaxe Mountain. Trump mantiene por ahora la pausa de la ofensiva y deja abierta una última negociación con Irán, acompañada de otra amenaza directa: "Si no llegamos a un acuerdo, volveremos a lo mismo".

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Jaime Barrionuevo, redactor de ElConstitucional.es
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