Donald Trump ha vuelto a poner en duda la fiabilidad del sistema electoral de Estados Unidos a una semana de las elecciones legislativas de mitad de mandato. El presidente ha asegurado que aceptará el resultado de los comicios del próximo 3 de noviembre si considera que son limpios, una condición que ha reavivado la preocupación sobre su posible reacción si el Partido Republicano pierde el control del Congreso.
"Lo haré, si son unas elecciones limpias", respondió este martes al ser preguntado por si respetará el resultado con independencia de qué partido consiga la victoria. Trump también afirmó que encontraría la manera de trabajar con los demócratas si estos logran hacerse con el control de la Cámara de Representantes. Las elecciones, conocidas como midterms, decidirán la composición de los 435 escaños de la Cámara de Representantes y de 35 puestos del Senado, además de numerosos cargos estatales. El resultado será clave para el resto del mandato de Trump: si los demócratas consiguen la mayoría en una o ambas cámaras, tendrán más capacidad para bloquear iniciativas presidenciales, impulsar investigaciones parlamentarias y fiscalizar al Gobierno.
Las encuestas sitúan a los demócratas en una posición favorable para recuperar la Cámara Baja, aunque el resultado definitivo todavía está abierto. Según una encuesta de CNN publicada el 21 de octubre, los demócratas aventajaban en diez puntos a los republicanos en la preferencia de voto para los escaños de sus respectivos distritos. El mismo sondeo situaba la aprobación de Trump en el 32%. En el Senado, en cambio, la disputa es más complicada para la oposición, que necesita ganar cuatro escaños netos para alcanzar la mayoría.
El descontento por el coste de la vida se ha convertido en uno de los principales problemas para los republicanos. Los precios de los alimentos, la gasolina y la vivienda preocupan a los votantes, mientras que la guerra con Irán y la política arancelaria de la Administración también forman parte del debate económico. Más de 30 millones de estadounidenses ya habían votado por adelantado el 26 de octubre, con cifras especialmente elevadas en algunos territorios clave. Sin embargo, la participación anticipada no permite anticipar por sí sola el resultado final.
Las dudas sobre el resultado y los reveses judiciales de la campaña
Las declaraciones de Trump llegan después de años de cuestionamientos sobre su aceptación de los resultados electorales. El republicano continúa sin reconocer su derrota frente a Joe Biden en las elecciones presidenciales de 2020 y ha mantenido sus acusaciones de fraude sin aportar pruebas que demuestren que el resultado fue alterado. Tras esos comicios, sus seguidores asaltaron el Capitolio el 6 de enero de 2021 mientras el Congreso certificaba la victoria de Biden. En la recta final de esta campaña, el presidente ha vuelto a poner el foco en un supuesto fraude electoral. Este lunes anunció una recompensa de hasta un millón de dólares para quienes denuncien irregularidades en las elecciones pasadas o en las próximas legislativas, siempre que la información contribuya a la detención y condena de los responsables.
Su Administración también ha sufrido reveses judiciales. Un tribunal de California rechazó la petición del Gobierno federal de impedir que se contabilizaran los votos vinculados a unos 20.000 registros electorales de personas cuya ciudadanía cuestionaba la Casa Blanca. Además, el Departamento de Justicia ha presentado una demanda relacionada con la posible certificación de los resultados en Alaska si el senador republicano Dan Sullivan pierde por un margen estrecho frente a un candidato con un nombre similar. Estas actuaciones han aumentado las críticas sobre la intervención del Ejecutivo en el proceso electoral.
El presidente también ha insistido en que los estadounidenses deberían votar presencialmente y ha cuestionado la seguridad del voto por correo. Sin embargo, las autoridades electorales y los expertos recuerdan que el sistema cuenta con mecanismos de verificación, auditorías y controles para comprobar los resultados. La desconfianza también aparece en las encuestas. Un sondeo de Ipsos para ABC News y The Washington Post, publicado por EFE el 20 de octubre, reflejó que siete de cada diez estadounidenses no confiaban en que Trump aceptara una derrota republicana. Solo el 28% decía confiar en que reconocería un resultado desfavorable para su partido.
Los demócratas buscan convertir el descontento en una mayoría parlamentaria
El Partido Demócrata intenta aprovechar el malestar con la gestión económica y la caída de popularidad del presidente para recuperar el control de la Cámara de Representantes. Su campaña se centra en cuestiones como el coste de la vida, la sanidad, la vivienda y los derechos civiles, mientras distintas candidaturas buscan movilizar a los votantes descontentos con la Administración republicana.
No obstante, el avance demócrata no está garantizado. La participación de los votantes republicanos, la distribución de los distritos electorales y la evolución de las últimas jornadas de campaña pueden alterar las previsiones. Los republicanos conservan opciones de movilizar a su electorado y mantener el control del Congreso, por lo que el resultado dependerá de las contiendas en los estados y distritos más disputados. Trump ha intensificado sus actos de campaña para respaldar a los candidatos de su partido. El lunes viajó a Misisipi para apoyar a la senadora republicana Cindy Hyde-Smith, que afronta una competición más ajustada de lo esperado en un estado tradicionalmente republicano. El presidente ha pedido a sus seguidores que voten pensando en él, aunque su nombre no aparece en las papeletas.
La jornada del 3 de noviembre servirá para medir el respaldo electoral a la agenda del presidente y determinar el equilibrio de poder en Washington. Mientras los demócratas aspiran a recuperar capacidad de control sobre el Ejecutivo, las declaraciones de Trump sobre la limpieza de los comicios mantienen abierta la cuestión de cómo reaccionará si los resultados son desfavorables para los republicanos.