El tsunami azul golpea a Trump en las midterms y refuerza a la izquierda demócrata con victorias históricas en Texas, Míchigan o Kansas: "Hemos vencido a Goliat"

Los demócratas recuperan el control del Congreso y conquistan gobiernos estatales con campañas centradas en la sanidad, el coste de la vida y el poder de los multimillonarios; Trump, mientras, intenta desentenderse del castigo electoral y culpa al partido

04 de noviembre de 2026 a las 18:35h
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la Casa Blanca. Imagen de @WhiteHouse
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la Casa Blanca. Imagen de @WhiteHouse

Donald Trump pidió a los estadounidenses que votaran como si su nombre estuviera en las papeletas. Después de perder el control de las dos cámaras del Congreso y ver caer gobiernos republicanos que parecían a salvo, ha elegido otra explicación. "Yo no figuraba en las papeletas y, si hubiera figurado, ¡habríamos ganado POR MAYORÍA APLASTANTE!", escribió durante la noche electoral. El presidente que había convertido las midterms en un examen sobre su mandato trata ahora de apartarse de sus resultados.

La dimensión del castigo se entiende mejor mirando dónde han ganado los demócratas. Texas enviará al Senado a James Talarico y tendrá a Gina Hinojosa como gobernadora. Kansas ha elegido a un senador demócrata por primera vez desde 1932. Carolina del Sur, Iowa y Ohio también han cambiado de manos escaños republicanos. Son victorias que obligan a revisar un mapa electoral acostumbrado a dar por perdidos amplios territorios para los demócratas.

Las proyecciones del New York Times sitúan a los demócratas en 228 escaños de la Cámara de Representantes, frente a 139 republicanos, muy por encima de los 218 necesarios para controlar la institución. En el Senado, la estimación apunta a una mayoría de 54 escaños para el bloque demócrata, incluidos los independientes aliados, frente a 44 republicanos. Son previsiones sobre el reparto final, con carreras todavía pendientes de adjudicación, que dibujan una derrota de Trump mucho más amplia que la pérdida por la mínima del Congreso.

El tsunami azul tiene una explicación material que atraviesa estados y candidaturas. Trump regresó a la Casa Blanca prometiendo prosperidad y precios más bajos. Dos años después, los aranceles, el encarecimiento del combustible y las consecuencias de la guerra con Irán han convertido el bolsillo en un problema para su Gobierno. La indignación por las deportaciones y el deterioro democrático ha acompañado a una pregunta mucho más cotidiana sobre cuánto cuesta vivir.

La sanidad ayuda a entender esa conexión. El análisis de KFF sobre la encuesta electoral de SSRS concede a los demócratas una ventaja de 19 puntos en la confianza para gestionar la atención sanitaria, un 49% frente al 30% republicano. En 2024, la ventaja de Kamala Harris sobre Trump en esta materia era de siete puntos. El coste de los seguros y los tratamientos, la pérdida de ayudas para las primas del Obamacare y los recortes de Medicaid han dado contenido concreto a la campaña contra el presidente.

La coalición ganadora vuelve a ensancharse entre los jóvenes y los votantes hispanos. Según la encuesta de votantes difundida por Associated Press, alrededor de siete de cada diez menores de 30 años apoyaron a los demócratas, como también hicieron aproximadamente seis de cada diez hispanos. Estos datos describen al electorado que participó el martes. Compararlos con las presidenciales exige tener presente que las midterms movilizan a una población distinta y registran otra participación.

La izquierda gana fuerza con distintas recetas

La victoria de Abdul El-Sayed en Míchigan es una de las más relevantes para el ala progresista. Médico, hijo de inmigrantes egipcios y defensor de la sanidad universal, llegará al Senado después de una campaña en la que Trump lo convirtió en blanco de ataques contra su nombre y su religión. Será el primer senador musulmán de Estados Unidos. Su triunfo se produce, además, en un estado disputado que el presidente ganó en 2024.

"A todos los padres que han tenido dificultades para explicar a sus hijos por qué el presidente se burla abiertamente de alguien por su nombre o por cómo reza, decidles mañana que los malos han perdido", afirmó El-Sayed al celebrar el resultado. Su candidatura ha unido la defensa de los derechos civiles con propuestas sobre deuda médica, precios de medicamentos y acceso a la sanidad. Esa combinación permite al sector progresista discutir con resultados el argumento de que sus posiciones lo condenan a ganar únicamente en distritos demócratas seguros.

Talarico ha abierto otra brecha en Texas, donde ningún demócrata ganaba unas elecciones al Senado desde 1988. Su victoria sobre Ken Paxton llega en un estado que Trump conquistó por casi 14 puntos hace dos años. El antiguo profesor de primaria y seminarista presbiteriano ha recurrido a su fe para combatir la apropiación de la religión por la derecha, mientras situaba el coste de la vida y el poder de los grandes donantes en el centro de su campaña.

"Hemos vencido a Goliat. Hemos mandado un mensaje a los donantes multimillonarios, a todos los defensores corruptos de este sistema político roto", proclamó tras imponerse a un adversario respaldado por Elon Musk. El mensaje tiene una lectura nacional. Un candidato puede hablar de desigualdad, cuestionar a los multimillonarios y ganar en Texas.

La nueva mayoría incluye también a Troy Jackson, el sindicalista y trabajador forestal que ha derrotado a Susan Collins en Maine, y a Adam Hamilton, el pastor metodista que ha conseguido el vuelco histórico de Kansas. Jackson aporta un discurso ligado al trabajo, los salarios y la sanidad. Hamilton se ha presentado como un demócrata de mentalidad independiente capaz de llegar a un electorado conservador. "Estas elecciones han sido una reacción contra la crueldad en Washington", afirmó al celebrar su victoria.

El avance de la izquierda tiene otra expresión en la Cámara de Representantes. A figuras como Alexandria Ocasio-Cortez, Ilhan Omar y Rashida Tlaib se suman nuevos nombres progresistas, entre ellos Darializa Ávila Chevalier, Claire Valdez, Chris Rabb, Donavan McKinney y Melat Kiros. Los Socialistas Democráticos de América, DSA por sus siglas en inglés, reivindican más de 50 victorias de candidaturas vinculadas a su organización en distintos niveles. Esa cifra reúne cargos federales, estatales y locales.

La organización de voluntarios, las pequeñas donaciones y el trabajo de campaña en los barrios han permitido ampliar una corriente que lleva años creciendo desde las campañas presidenciales de Bernie Sanders. El triunfo de Janeese Lewis George en Washington DC añade una alcaldía de enorme visibilidad a un espacio que ya cuenta con Zohran Mamdani en Nueva York. El debate demócrata tendrá ahora más voces dispuestas a exigir sanidad universal, vivienda asequible y límites al poder empresarial.

El resultado, sin embargo, pertenece a una coalición amplia. El-Sayed, Talarico, Jackson y Hamilton representan sensibilidades diferentes. Comparten el rechazo al Gobierno y la atención al coste de la vida, con respuestas distintas sobre cómo reformar la economía. La disputa que se abre dentro del Partido Demócrata consiste en decidir cuánto de esa campaña se traduce en una agenda común y hasta dónde estarán dispuestos a llegar sus dirigentes.

Los estados también cambian el mapa del poder

La derrota republicana se extiende a gobiernos con capacidad para decidir sobre educación, sanidad, derechos reproductivos y cooperación con las autoridades migratorias. En Texas, Gina Hinojosa ha desalojado a Greg Abbott, que aspiraba a un cuarto mandato. Será la primera gobernadora latina del estado y la primera demócrata en ocupar el cargo desde la salida de Ann Richards en 1995. La victoria simultánea de Hinojosa y Talarico da al vuelco una profundidad que va más allá de una candidatura excepcional.

Georgia tendrá a Keisha Lance Bottoms como gobernadora, la primera mujer negra elegida para dirigir un estado en la historia del país. Los demócratas también han ganado los gobiernos de Ohio, con Amy Acton, y de Iowa, con Rob Sand. La combinación de estos resultados recupera terreno en estados donde el partido había perdido presencia y capacidad de competir, especialmente fuera de las grandes ciudades.

Otros triunfos amplían la representación de comunidades a las que Trump ha señalado repetidamente. Xavier Becerra gobernará California y Deb Haaland, Nuevo México, donde será la primera mujer indígena al frente de un estado. Peggy Flanagan llegará al Senado por Minnesota como primera senadora indígena, mientras Chris Pappas será el primer hombre abiertamente gay en esa cámara. En el caso de Becerra y Haaland, los demócratas conservan gobiernos que ya controlaban; su importancia política y simbólica convive con esa diferencia respecto a los estados arrebatados a los republicanos.

Estos cargos ofrecen herramientas para disputar políticas federales, recurrir decisiones ante los tribunales y desarrollar programas propios. Su margen dependerá también de las legislaturas estatales y de los presupuestos disponibles.

La noche tampoco ha borrado todos los bastiones republicanos. Florida ha elegido gobernador al republicano Byron Donalds. Y las carreras pendientes, especialmente en Alaska, requieren esperar al procesamiento de votos y a sus reglas de recuento. El alcance del tsunami se mide mejor conservando esas diferencias que dando por terminadas elecciones todavía abiertas.

Trump pierde el Congreso pero conserva armas para bloquearlo y amenaza con usarlas

La primera reacción presidencial ha seguido un patrón conocido. Trump ha atribuido responsabilidades a candidatos derrotados, ha cargado contra Fox News y ha intentado separar su popularidad del resultado republicano. También ha arremetido contra Abbott, a quien respaldó durante la campaña. "No me gusta considerarlo una derrota para mí, yo no me presentaba a las elecciones", afirmó en Fox. La frase llega después de pedir a sus seguidores que votaran pensando precisamente en él.

La pérdida de las dos cámaras cambia las condiciones de sus últimos dos años de mandato. Los demócratas podrán presidir comisiones, abrir investigaciones, exigir documentación y someter a responsables del Gobierno a comparecencias. En el Senado tendrán además capacidad para bloquear nombramientos judiciales y otros cargos que requieren confirmación. El presidente pierde una mayoría legislativa dispuesta a facilitar su agenda y se enfrenta a una oposición con instrumentos institucionales para fiscalizarla.

El dinero será uno de los principales campos de batalla. El Congreso interviene en la aprobación del gasto y puede discutir las partidas destinadas a políticas migratorias, operaciones militares y programas federales. Eso obliga a negociar leyes y financiación con un presidente que conserva el veto. La nueva mayoría no puede cancelar de golpe todo el gasto previamente autorizado ni sustituir por sí sola al Ejecutivo en la dirección de la Administración.

Tampoco basta con 54 senadores para aprobar cualquier ley. Mientras se mantengan las reglas actuales, buena parte de la legislación ordinaria necesita superar el bloqueo parlamentario del Senado, que suele exigir 60 votos. Existen procedimientos y excepciones, pero una mayoría demócrata seguirá teniendo que buscar acuerdos o afrontar una discusión interna sobre esas reglas. Y levantar un veto presidencial exige dos tercios en ambas cámaras, una cifra muy superior a la mayoría obtenida.

Ese límite también afecta a las expectativas sobre un eventual proceso de destitución. La Cámara de Representantes puede aprobar una acusación contra el presidente por mayoría simple. Condenarlo y apartarlo del cargo requiere después el apoyo de dos tercios de los senadores presentes. El resultado electoral abre una etapa de mayor control parlamentario; cualquier paso adicional necesitaría pruebas, un procedimiento específico y respaldos que estas elecciones no garantizan.

La prueba para los demócratas será convertir el castigo a Trump en mejoras reconocibles para quienes los han votado. La sanidad, la vivienda y los precios unen a votantes que discrepan en otras materias. Mantener esa alianza exigirá resultados y una explicación clara de los bloqueos que puedan encontrarse. También condicionará la carrera presidencial de 2028, en la que convivirán dirigentes del aparato del partido y una izquierda reforzada por sus propias victorias.

El cambio institucional empezará a hacerse efectivo el 3 de enero de 2027, cuando tome posesión el nuevo Congreso. Hakeem Jeffries parte como candidato demócrata a presidir la Cámara de Representantes y, si resulta elegido, será el primer dirigente negro en ocupar ese puesto. Hasta entonces, quedan por completar recuentos y certificar resultados, mientras la mayoría republicana saliente conserva sus funciones durante las últimas semanas de legislatura.

Sobre el autor
Jaime Barrionuevo, redactor de ElConstitucional.es
Jaime Barrionuevo

Adjunto al Director de ElConstitucional.es

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