La fórmula Juanma Moreno que triunfa en Andalucía y que Feijóo debería aplicar si quiere dejar de depender de Vox

Francisco Álvarez
18 de marzo de 2026 a las 08:14h
El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, saluda al presidente de Vox, Santiago Abascal. A. Pérez Meca / Europa Press
El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, saluda al presidente de Vox, Santiago Abascal. A. Pérez Meca / Europa Press

En la política española hay momentos en los que los partidos deben decidir qué camino seguir. En el caso del Partido Popular, el debate estratégico que se abre de cara al ciclo electoral que culminará previsiblemente en 2027 es cada vez más evidente: apostar por la moderación institucional que ha demostrado ser eficaz en Andalucía o continuar con una estrategia de confrontación y mimetismo discursivo con la ultraderecha que, por ahora, no ha generado mayorías suficientes.

La experiencia de Juanma Moreno en Andalucía ofrece un caso empírico que el Partido Popular nacional haría bien en estudiar con atención.

Una mayoría absoluta construida desde el centro

En las elecciones autonómicas andaluzas de 2022, Moreno consiguió una mayoría absoluta histórica para el PP con 58 escaños y cerca del 43% del voto, el mejor resultado obtenido jamás por el partido en la comunidad. El dato es relevante por varias razones.

Primero, porque se logró sin necesidad de Vox. La legislatura anterior había dependido de su apoyo parlamentario, pero Moreno orientó su estrategia hacia un espacio político más amplio: votantes moderados, socialdemócratas desencantados y sectores centristas que tradicionalmente habían respaldado al PSOE.

Segundo, porque esa mayoría se construyó desde un discurso deliberadamente moderado, muy alejado de los marcos retóricos más polarizados que han dominado la política española en los últimos años.

Tercero, porque ese discurso atrajo en 2022 a la mitad de los votantes de Ciudadanos en 2018 y a más de 150.000 votantes socialistas (un 15,1% de su base en 2018).

Este movimiento fue clave para que el PP ganara en feudos tradicionalmente de izquierdas y lograra el peor resultado histórico del PSOE en la región

El mensaje es simple: estabilidad, gestión y cooperación institucional.

El valor político de la cooperación institucional

Uno de los rasgos más característicos del estilo Moreno es su respeto institucional hacia el Gobierno de España, independientemente de su color político.

Esto no significa ausencia de discrepancias, sino una forma de ejercer la oposición o la defensa de intereses autonómicos sin convertir cada crisis en una batalla partidista.

Un ejemplo reciente fue la coordinación institucional tras el accidente ferroviario en Adamuz (Córdoba), donde la Junta de Andalucía y el Gobierno central activaron de forma coordinada los protocolos de emergencia y atención a las víctimas. Juanma Moreno optó por un tono institucional y de colaboración, evitando la instrumentalización política de un suceso grave, que fue la ruta política del discurso nacional de Feijóo.

Esta actitud hereda la consecución del Acuerdo de Doñana firmado a finales de 2023 entre Juanma Moreno y la entonces vicepresidenta de Transición Ecológica, Teresa Ribera, tras el proceso de infracción abierto por la Comisión Europea por incumplir la sentencia que condenaba a España por no cuidar los acuíferos.

El acuerdo contó con cesiones por parte de las dos partes en pro del bien común (evitar sanciones millonarias europeas), y tuvo su correlato tres meses después cuando el ministerio de Ribera suspendió el plan por la amnistía ordenada por la Junta para los agricultores que hubieran plantado cultivos de manera ilegal: de nuevo la actitud de Juanma Moreno devolvió el “agua a su cauce” (nunca mejor dicho, pues ambas administraciones acordaron repartir los costes de garantizar agua en plena sequía).

De agua, pero no en su defecto, sino por exceso, tras las graves tormentas que han afectado a Andalucía recientemente (febrero-marzo de 2026), el presidente de la Junta ha centrado su estrategia en una combinación de recursos propios y una exigencia, de nuevo, de cooperación institucional a escala nacional y europea.

Los puntos clave de su postura y acciones son:

  • Plan "Andalucía Actúa": Moreno ha anunciado hace un mes la movilización de 1.780 millones de euros mediante una reprogramación del presupuesto de 2026 para ayudas directas y reconstrucción de infraestructuras.
  • Petición al Gobierno de España: Ha solicitado formalmente la activación del fondo de contingencia estatal para afrontar pérdidas que se califican de "millonarias", especialmente en agricultura, carreteras y municipios.
  • Cooperación con la Unión Europea: En sus visitas a Bruselas, ha reclamado el uso del Fondo de Solidaridad de la UE y una mayor flexibilidad en la gestión de los fondos europeos existentes para destinarlos a la recuperación tras el temporal.
  • Liderazgo Institucional: Moreno ha reivindicado un papel de "lealtad institucional" y unidad para liderar la reconstrucción.
  • Enfoque en Sectores Clave: Las ayudas se dirigen prioritariamente al sector primario (agricultura, ganadería y pesca), así como a la reparación de más de 500 millones de euros en daños detectados solo en la red de carreteras. 

Este tipo de comportamiento, habitual en democracias europeas maduras, refuerza la imagen de liderazgo responsable y contribuye a generar confianza entre votantes moderados.

La distancia con la estrategia nacional del PP

En contraste, el Partido Popular bajo el liderazgo de Alberto Núñez Feijóo ha ido desplazando su discurso hacia posiciones cada vez más cercanas a las de Vox en cuestiones como inmigración, memoria histórica o políticas de igualdad y actitudes como la confrontación permanente con el Gobierno central, que ha llevado a más de un año sin reuniones con Pedro Sánchez, una etapa de incomunicación obviamente lesiva para los intereses del país, pero ¿qué hay de los del Partido Popular?

La lógica que subyace a esa estrategia es conocida: evitar fugas de voto hacia la derecha radical.

Sin embargo, los resultados electorales recientes invitan a cuestionar su eficacia.

En varias comunidades autónomas —Castilla y León, Aragón o Extremadura— el PP ha terminado dependiendo igual o más de Vox que antes para gobernar. Incluso siendo territorios donde el PP ganó las elecciones, la ausencia de mayorías absolutas obliga a negociar con la formación de ultraderecha.

El fracaso de la estrategia nacional en lo tocante al poder autonómico del PP se enfatiza en que en dos de ellas (Extremadura y Aragón), los adelantos electorales se produjeron precisamente para no depender de VOX, y en el tercero (Castilla y León), permitieron un avance del PSOE contrario al discurso nacional de que el principal partido del Gobierno está amortizado.

En contraste con este fracaso evidente en los objetivos, el éxito electoral de las baronías locales del Partido en los tres territorios cabe apuntárselo a una estrategia y discurso con foco en lo territorial claramente más cercano a Juanma Moreno Bonilla que a la línea marcada por Alberto Núñez Feijóo a escala nacional.

La paradoja es evidente: intentar absorber el discurso político de la ultraderecha no ha reducido su peso político, sino que lo ha consolidado como socio imprescindible.

Un trasvase electoral preocupante

Los datos demoscópicos refuerzan esa percepción. Según distintos estudios electorales recientes, más de 1,3 millones de votantes del PP han pasado a Vox en los últimos ciclos electorales, mientras permanece un bolsón de unos 914.000 indecisos entre ambos partidos en el espacio conservador.

Ese electorado flotante es especialmente relevante de cara a las elecciones previstas para 2027.

Diversos análisis publicados en medios como El Constitucional apuntan a que, si la tendencia continúa, Vox podría acercarse peligrosamente al PP en voto potencial, abriendo la puerta a un escenario de sorpasso dentro del bloque de la derecha, debido al impacto que su ritmo actual de transformación de indecisos (70/30 a favor de los ultraderechistas) causaría, de mantenerse, en las provincias  medianas y pequeñas por efecto de la Ley D’Hondt.

Para el Partido Popular, ese sería el peor de los mundos: perder la centralidad del espacio conservador sin haber consolidado una mayoría alternativa.

El precedente andaluz

La experiencia andaluza sugiere una estrategia distinta.

Juanma Moreno no compitió con Vox en su terreno discursivo. Al contrario: ocupó con claridad el espacio del centro-derecha europeo, alejándose de la confrontación permanente y priorizando la gestión.

El resultado fue doble:

  • logró atraer votantes moderados procedentes del PSOE.
  • redujo la dependencia política de Vox.

En otras palabras, ensanchó el espacio electoral del PP en lugar de estrecharlo hacia la derecha.

Ese enfoque conecta más con la tradición de partidos conservadores europeos como la CDU alemana o los populares escandinavos, donde la moderación institucional suele ser un activo electoral.

De hecho, la tradición antifascista de la derecha conservadora y liberal en todos los países de nuestro entorno acercan con la fórmula Juanma Moreno a Andalucía a Europa.

¿Y la fórmula Ayuso?

La fórmula de Juanma Moreno en Andalucía se presenta como un modelo de "centrismo pragmático" que, a diferencia del estilo más polarizador de Madrid, busca ensanchar la base electoral mediante la seducción del votante moderado. Mientras que el modelo madrileño se basa en la movilización del bloque propio a través de la confrontación ideológica directa con el Gobierno central, Moreno ha demostrado que es posible desmantelar hegemonías históricas de la izquierda —como el socialismo andaluz— no mediante el choque, sino a través de una gestión percibida como previsible, tranquila y transversal.

A escala nacional, el éxito de Moreno es más extrapolable porque responde a la sociología diversa de España, un país que mayoritariamente se define en posiciones de centro-izquierda o centro-derecha fuera de las grandes urbes (4.7 sobre 10, siendo 0 la extrema izquierda y 10 la extrema derecha). El "estilo andaluz" prioriza la estabilidad institucional y el pacto tácito con sectores de la sociedad civil que tradicionalmente recelaban del Partido Popular. En un escenario de fragmentación parlamentaria, la capacidad de Moreno para absorber la práctica totalidad del voto de Ciudadanos y, simultáneamente, atraer a más de 150.000 antiguos votantes del PSOE, ofrece una hoja de ruta más eficaz para alcanzar mayorías amplias en las Cortes Generales.

Por el contrario, la fórmula de Isabel Díaz Ayuso, aunque imbatible en el ecosistema único de Madrid, presenta dificultades de traducción en territorios con fuertes identidades periféricas o sensibilidades más rurales. El discurso de Moreno, arraigado en un "andalucismo constitucional" y moderno, permite al PP competir en regiones donde el mensaje excesivamente centralista o agresivo genera rechazo. Su capacidad para gestionar la diversidad interna del país sin renunciar a los principios estatales es el activo que mejor encaja con la necesidad de ofrecer una alternativa de gobierno que no dependa exclusivamente de la derecha más dura.

En definitiva, si el objetivo del centroderecha es recuperar la Moncloa, el espejo andaluz refleja una estrategia de "mayoría tranquila" que minimiza el miedo al cambio. La gestión de Juanma Moreno ha demostrado que la moderación en las formas no implica debilidad en el fondo, sino una herramienta de penetración electoral capaz de romper los bloques ideológicos estancos. Para un electorado nacional fatigado por la crispación, el modelo de Andalucía ofrece una normalización institucional que, hoy por hoy, parece el puente más sólido hacia una victoria nacional incontestable.

El debate estratégico del PP

La pregunta que se abre para el Partido Popular es evidente: ¿qué modelo quiere seguir?

Uno es el que se está aplicando actualmente a escala nacional, basado en una oposición muy dura al Gobierno y una aproximación discursiva a Vox que no ha impedido su crecimiento a costa de los populares.

El otro es el que ha funcionado en Andalucía: moderación, centralidad política, cooperación institucional y gestión como eje del discurso.

No se trata solo de una cuestión de estilo, sino de eficacia electoral.

Si el objetivo del PP es volver a gobernar España con una mayoría amplia, el precedente más exitoso dentro del propio partido parece estar ya sobre la mesa.

Y llega desde el sur.

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