“Si no sales en el TikTok del Viceconsejero, no existes para el PIR”. Según cuentan fuentes del Partido Popular de Madrid en exclusiva a 'ElConstitucional.es', en la planta de Presidencia de la Real Casa de Correos se ha instalado esta máxima. Lo que empezó como una anécdota sobre un alto cargo con ínfulas de influencer se ha revelado como una red de control que utiliza los 1.000 millones de euros del Plan de Inversión Regional (PIR) como moneda de cambio para la sumisión política.
La guerra entre Isabel Díaz Ayuso y Pablo Casado no solo cambió la jefatura del Partido Popular. También reordenó el aparato madrileño y elevó a perfiles que, lejos de quedar atrapados en el derrumbe de Génova, salieron reforzados del nuevo reparto interno. Uno de ellos fue José Antonio Sánchez Serrano, hoy viceconsejero de Presidencia y Administración Local de la Comunidad de Madrid y, al mismo tiempo, vicesecretario de Territorial del PP de Madrid. Su nombre aparece en el punto exacto en el que se cruzan tres planos sensibles: el poder institucional sobre los ayuntamientos, el mando orgánico sobre el mapa municipal del partido y una red mediática y política que multiplica su visibilidad.
Un hombre del aparato, no de la gestión neutral
La propia biografía pública de Sánchez Serrano deja poco margen para la ambigüedad: su carrera se ha construido dentro del partido, en la comunicación política, el municipalismo y el entorno institucional del PP. El Portal de Transparencia de la Comunidad de Madrid lo define como militar de carrera y recoge su paso por la Dirección General de Administración Local, la Viceconsejería de Administración Local y Digitalización y la actual Viceconsejería de Presidencia y Administración Local. Su web personal añade el otro dato político relevante: comenzó colaborando con el PP de Madrid y en 2015 pasó al equipo de comunicación digital del PP nacional. No estamos ante un perfil que llegara desde fuera a la política, sino ante un cuadro de aparato que fue creciendo dentro de ella.
Ese detalle importa también por otra razón. En su biografía oficial no aparece una trayectoria académica universitaria clásica, sino estudios técnicos industriales, carrera militar, docencia y cursos posteriores de liderazgo y comunicación; en paralelo, la propia ficha pública sitúa buena parte de su evolución profesional dentro del ecosistema institucional, orgánico y mediático del PP. La lectura política de ese itinerario es clara: Sánchez Serrano no aterriza en el poder territorial desde la gestión, sino desde la maquinaria del partido.
De la caída de Casado al nuevo orden 'ayusista'
El ascenso de Sánchez Serrano no puede entenderse al margen de la guerra interna del PP. En otoño de 2021 ya estaba en marcha la ofensiva del PP de Madrid para romper el cerco de Génova y acelerar el congreso regional. En febrero de 2022, esa ruptura terminó de cristalizar con la caída de Casado y la victoria total de Ayuso sobre el aparato nacional. El elemento central de aquel episodio no fue solo la confrontación entre dos liderazgos, sino la movilización organizada del partido madrileño -en la calle, en el territorio y en lo digital- para convertir la presión interna en una demostración de fuerza.
Y ahí aparece la relevancia política de Sánchez Serrano. Venía del núcleo donde se diseñan los mensajes, se moviliza la propaganda interna y se hace política a golpe de red, estructura y lealtad. Tras la caída de Casado no desapareció, no fue arrinconado y no quedó como residuo del viejo organigrama nacional. Al contrario: salió reforzado. Primero como pieza importante del Gobierno regional y después, en septiembre de 2023, como vicesecretario de Territorial del PP de Madrid, formalizando su entrada en una de las salas de máquinas más decisivas del partido.
El poder real: controlar ayuntamientos desde el Gobierno y desde el partido
El peso actual de Sánchez Serrano no se explica por el título del cargo, sino por la doble palanca que concentra. Desde la Comunidad de Madrid dirige una viceconsejería clave en la relación con los municipios. Desde el PP de Madrid dirige el área territorial del partido. Esa coincidencia lo coloca en un lugar especialmente sensible: el mismo dirigente que trata con los ayuntamientos desde la administración pisa también el tablero municipal desde el aparato político. Y ese cruce es el que alimenta la inquietud interna en el PP madrileño.
Ese estilo de relación jerárquica con el mundo municipal ya había generado comentarios durante su etapa como director general de Administración Local. Según fuentes del PP de Madrid, Sánchez Serrano llegó a pedir a alcaldes que le entregaran el libro de firmas de sus ayuntamientos para dejar en él su rúbrica durante visitas institucionales. Se trata de un gesto poco habitual en el protocolo municipal, ya que estos libros suelen reservarse para autoridades de máximo rango -como el Rey, el presidente del Gobierno, el presidente de la comunidad autónoma o, en ocasiones, consejeros- y no para cargos de nivel intermedio dentro de la administración autonómica.

La dimensión material de ese poder se entiende mejor si se mira el Programa de Inversión Regional 2022-2026, dotado por la Comunidad de Madrid con 1.000 millones de euros. La propia documentación autonómica presenta el PIR como el gran instrumento de inversión municipal de la legislatura. Quien se sienta en Administración Local no solo maneja expedientes: maneja tiempos, interlocución, prioridades y relación política con alcaldes y concejales. En ese contexto, la acumulación de mando institucional y orgánico convierte cualquier decisión territorial en políticamente mucho más pesada.
Lucía Paniagua: la pieza que enlaza Sol, partido y municipio
En esa arquitectura aparece Lucía Paniagua Conesa como segunda figura clave. La web oficial del Ayuntamiento de Villanueva de la Cañada la identifica como primera teniente de alcalde, portavoz del grupo municipal y concejala de Coordinación y Universidades. El PP de Madrid, por su parte, la sitúa como secretaria de Municipios dentro del área territorial que dirige José Antonio Sánchez Serrano. El vínculo entre ambos no es una interpretación: está formalmente inscrito en la estructura política del partido y en la realidad institucional madrileña.
Hay, además, un elemento especialmente sensible: la huella de Paniagua en la Viceconsejería. La agenda pública de la Comunidad de Madrid la menciona en diciembre de 2021 como “asesora del viceconsejero de Administración Local y Digitalización” y en una actividad oficial de 2022 como “técnico de apoyo a la Viceconsejería de Administración Local y Digitalización”. Es decir, antes de su actual papel orgánico en el PP de Madrid, ya aparecía incorporada al entorno institucional directo de Sánchez Serrano.
El puesto que no aparece en la estructura
Aquí es donde surge una de las preguntas más delicadas. La estructura orgánica de la Consejería de Presidencia, Justicia y Administración Local y el organigrama oficial de 2023 recogen la Viceconsejería de Presidencia y Administración Local y las direcciones generales que dependen de ella, pero no reflejan un gabinete propio adscrito a esa Viceconsejería. Los gabinetes y su personal eventual aparecen referidos al nivel de consejería, y en junio de 2023 el BOCM publicó el nombramiento de un jefe de gabinete adjunto de la Consejería, no de la Viceconsejería. En ese marco, que la agenda pública de la Comunidad sitúe a Lucía Paniagua como “asesora del viceconsejero” y luego como “técnico de apoyo a la Viceconsejería” alimenta la duda política sobre el encaje exacto de esa función y sobre la verdadera estructura de poder que rodeaba a Sánchez Serrano.
No es un detalle menor. Porque hoy Paniagua no es una figura secundaria: es la responsable de Municipios en el PP de Madrid y uno de los enlaces más visibles entre la estructura territorial del partido y el poder local. La secuencia completa —apoyo en la Viceconsejería, ascenso orgánico, tenencia de alcaldía— dibuja una continuidad política que explica por qué su nombre se ha convertido en una de las claves del control interno del mundo municipal madrileño.
El Resurgir de Madrid: un escaparate político con patrocinio público
La red de influencia no termina en la administración y el partido. También pasa por los medios. El Resurgir de Madrid se presenta como “el periódico digital de los 179 municipios de Madrid” y en su formato Tertulia El Cocido convierte a José Antonio Sánchez Serrano en presencia fija. En la propia descripción del programa se afirma que el viceconsejero acompaña “en cada cita” la tertulia y que la primera temporada contó con patrocinio de la Comunidad de Madrid. El dato es relevante por sí mismo: un alto cargo con poder territorial estableciendo presencia constante en un formato de promoción municipal con respaldo institucional.
Ese formato no funciona en el vacío. En episodios sucesivos desfilan alcaldes y responsables municipales mientras el viceconsejero gana foco como figura habitual del programa. El mensaje político que proyecta el formato es claro: proximidad territorial, cercanía institucional y visibilidad personal del cargo en el mismo escaparate. Y ese escaparate no era ajeno al patrocinio público autonómico, al menos en su primera temporada.
Dinero público y circuito local de publicidad
A esa visibilidad se suma el rastro documental de la contratación pública. En Villaviciosa de Odón, los contratos menores recogen pagos a El Resurgir Media, S.L. y a Grupo Babel Media, S.L. para campañas institucionales. En el cuarto trimestre de 2022 consta un contrato con El Resurgir por 484 euros. En el cuarto trimestre de 2023 aparece otro con El Resurgir por 423,50 euros y otro con Grupo Babel Media por 592,90 euros. En el primer trimestre de 2024 vuelve a figurar Grupo Babel Media por 592,90 euros. Y en el cuarto trimestre de 2024 aparecen de nuevo 350 euros para El Resurgir y 510 euros para Grupo Babel Media, esta vez por publicidad institucional en Sierra Madrileña.
Estas cuantías no son, por sí solas, las de una gran campaña. Pero ese no es el punto. El punto es el patrón: medios donde Sánchez Serrano gana presencia o donde publica sus textos aparecen repetidamente dentro del circuito de publicidad institucional de ayuntamientos madrileños. La relevancia periodística no está en escandalizar cada factura, sino en mostrar la intersección entre promoción política, proximidad mediática y dinero público.
Grupo Babel Media y Sierra Madrid: el otro altavoz
Conviene separar bien los papeles. Grupo Babel Media, S.L. no es el soporte de La Tertulia del Cocido, sino la editora del periódico 'Sierra Madrid', donde José Antonio Sánchez Serrano mantiene una tribuna de opinión reconocible. Su propio blog republica o enlaza artículos aparecidos en Sierra Madrid con fórmulas explícitas como “Artículo publicado en el Periódico Sierra Madrid”, y el sitio del periódico lo incluye en su listado de articulistas de la sección TRIBUNA. No se trata, por tanto, de una aparición esporádica, sino de una presencia continuada como columnista.
Ese dato añade una segunda capa al cuadro: un medio comarcal que sirve como soporte de opinión para el viceconsejero y que, al mismo tiempo, recibe contratos de publicidad institucional de ayuntamientos como Villaviciosa de Odón. Es una relación menos vistosa que la de El Cocido, pero políticamente igual de reveladora: proyección de discurso, cercanía editorial y presencia en el circuito local de gasto publicitario.
La capa familiar: DKD y 'La Inmensa Mayoría'
Hay una última capa que termina de completar el dibujo alrededor de José Antonio Sánchez Serrano: la familiar. En su propia biografía pública reivindica su vinculación con el Grupo DKD, la empresa familiar de mobiliario metálico, y subraya que hoy queda en manos de su familia. El apellido vuelve a aparecer fuera de la administración y del partido en otra plataforma: el podcast La Inmensa Mayoría, conducido por Jesús Sánchez Serrano, según figura en Spotify. La conexión no es anecdótica, porque en la propia presentación del programa se promociona también DKD Mobiliario, de modo que empresa familiar, apellido familiar y plataforma de entrevistas quedan insertados en un mismo ecosistema de visibilidad y relato.
Ese canal no funciona precisamente como un espacio neutral o ajeno a la política. Por sus episodios han pasado perfiles directamente vinculados al PP madrileño o a su entorno institucional, como Sonia Cea, concejala del Ayuntamiento de Madrid; Ismael López, diputado de la Asamblea de Madrid y director de comunicación online del Partido Popular de Madrid; Alberto Escribano, alcalde de Arganda del Rey; o Javier Carazo, presentado en el programa como director general de la Comunidad de Madrid. El patrón es suficientemente claro: no se trata solo de conversaciones abiertas al pluralismo, sino de una sucesión de invitados estrechamente conectados con cargos, estructuras y mensajes del ecosistema político conservador madrileño.
Además, en la transcripción facilitada de la entrevista a Isabel Vega, diputada de la Asamblea de Madrid, la propia invitada propone como próximo entrevistado a José Antonio Sánchez Serrano, y el conductor responde con una frase especialmente reveladora: “sería la primera vez en la historia en la que mi hermano tuviera que sentarse en algo y no podría mandarme porque el que manda soy yo”. Más allá del tono distendido de la conversación, la escena retrata con bastante claridad hasta qué punto el parentesco, la confianza política y la promoción pública conviven con naturalidad dentro del mismo formato.
Visto en conjunto, La Inmensa Mayoría no aparece como una simple aventura personal o familiar, sino como una pieza más del circuito de proyección que rodea a Sánchez Serrano: administración, partido, empresa familiar, medio propio y escaparate para cargos y protegidos del entorno político madrileño. No hace falta exagerar para entender el fondo. El apellido Sánchez Serrano no se limita aquí a una biografía institucional: se extiende sobre una red donde poder, afinidad y visibilidad se refuerzan mutuamente.
La lógica del nuevo orden: aparato, territorio y relato
Visto en conjunto, el problema político que proyecta José Antonio Sánchez Serrano no es el de un gestor brillante ni el de un técnico neutral. Es otro: el de un operador total del aparato. Su recorrido enlaza comunicación digital del PP, aparato territorial, viceconsejería con mando sobre los ayuntamientos, una dirigente clave como Lucía Paniagua situada entre municipio y partido, un formato patrocinado por la Comunidad donde gana visibilidad fija, una tribuna continuada en un periódico comarcal y una red familiar que suma empresa y plataforma audiovisual.
Ese es el núcleo de la tensión que rodea hoy su figura dentro del PP de Madrid. No se trata solo de una rivalidad interna o de un nombre discutido. Se trata de la percepción de que demasiadas palancas —Gobierno, partido, municipios y relato— han terminado agrupadas en el mismo eje. Y cuando un partido regional concentra en una sola red el mando territorial, la visibilidad política y los circuitos de promoción, lo que crece no es la confianza. Es la sospecha.
La caída de Casado no solo tuvo vencedores visibles. También tuvo beneficiarios estructurales. José Antonio Sánchez Serrano es uno de ellos. No porque heredara un foco pasajero, sino porque ocupó el espacio donde se cruzan las palancas que de verdad importan en la política madrileña: municipios, partido, medios y aparato. Su trayectoria no dibuja la de un gestor que administra; dibuja la de un hombre del sistema que ha pasado de mover mensajes a mover territorio. Y en el PP de Madrid, hoy, eso pesa más que cualquier cargo impreso en un organigrama.