Según ha podido conocer 'ElConstitucional.es' de fuentes de Miami, Caracas y Madrid, la mediación de José Luis Rodríguez Zapatero ha sido vertebral para la transición venezolana en curso hacia una democracia avanzada que sólo requería de tres hitos previos: la salida de Maduro, el compromiso para evitar el riesgo de guerra civil de Cabello y Padrino (en el chavismo) y Machado y González (en la oposición) y la amnistía total de presos.
El trabajo del ex presidente español José Luís Rodríguez Zapatero, pieza central reconocida en liberaciones parciales de presos políticos (singularmente, los líderes opositores Leopoldo López y, más recientemente, Edmundo González) fue durante años interpretado como una diplomacia blanda sin resultados estructurales, pero los acontecimientos de los últimos meses, según fuentes cercanas a la negociación a tres que ha dado lugar al arranque de la transición venezolana , obligan a una relectura más exigente. Fuentes conocedoras del proceso apuntan a 'ElConstitucional.es' que el expresidente español no se limitó a facilitar excarcelaciones puntuales, sino que es el artífice político de un compromiso de mayor calado: una amnistía total, progresiva y verificable de todos los presos políticos como condición sine qua non para una transición plena a la democracia liderada por el ala pragmática del chavismo.
Ese compromiso —delicado, opaco y jurídicamente complejo— habría sido aceptado por Washington tras una interlocución directa con Marco Rubio, y asumido por Caracas a través de Delcy Rodríguez, hoy figura central del poder ejecutivo venezolano.
El hombre fuerte de Estados Unidos en la negociación a tres con Delcy Rodríguez y Zapatero, que se prolongó desde mediados del año pasado, el secretario de Estado Marco Rubio, trabó una estrecha relación con el expresidente español con ocasión de la delicada negociación para la excarcelación de 252 venezolanos detenidos en El Salvador a cambio de 10 ciudadanos estadounidenses detenidos en Venezuela, donde Zapatero fue una pieza central que, además, arrancó al chavismo la liberación adicional de 80 presos políticos venezolanos.
Dicha relación de confianza fue clave en las tres cesiones realizadas por Rubio a instancias de Zapatero, con el argumento de evitar una más que probable guerra civil tras la incursión de las Delta Force americanas y detención del presidente Maduro:
- Que la operación no incluyera al ministro de Interior, Diosdado Cabello (imputado en el mismo proceso) ni al ministro de Defensa, general Vladimir Padrino, para evitar una reacción en cadena del todopoderoso servicio secreto Sebin o el ejército bajo su control.
- Que en lugar de, como pretendía Rubio, juzgar a Maduro en Florida, que aplica la pena de muerte bajo requisitos rebajados, pues no hace falta la unanimidad del jurado para la pena capital, fuera juzgado en la llamada Mother Court del sur de Nueva York, un tribunal mucho más garantista.
- Que el protagonismo y liderazgo en la transición venezolana debía ser “a la española” y no incluir a la líder de la extrema derecha venezolana y reciente Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, sino ser encabezada por los hermanos Rodríguez, Delcy y Jorge, entonces vicepresidenta y presidente del Parlamento de Venezuela.
A cambio de esas concesiones, Zapatero consiguió de la actual presidenta Delcy Rodríguez el doble compromiso de la liberación total vía amnistía general de todos los presos políticos, recién anunciada por Rodríguez, y la convocatoria de elecciones libres monitorizadas por Estados Unidos y Europa en no más de 18 meses (aún no anunciada).
De las excarcelaciones tácticas a la amnistía como arquitectura política
Hasta ahora, las liberaciones de presos políticos en Venezuela logradas gracias a la intermediación de Zapatero, tanto con el chavismo como con la oposición, habían sido leídas como gestos tácticos, reversibles y selectivos. La novedad del actual escenario es distinta: las excarcelaciones recientes no se presentan como concesiones aisladas, sino como hitos de cumplimiento dentro de un marco más amplio, cuyo objetivo final es vaciar de contenido político-penal la represión judicial heredada de los años de máxima confrontación.
Zapatero ha logrado algo que ningún otro intermediario consiguió: convertir la amnistía —concepto jurídicamente sensible para el chavismo y políticamente imprescindible para la oposición— en moneda de cambio aceptable para Estados Unidos. Washington no exigía una rendición simbólica del régimen, sino resultados medibles, y el vaciamiento progresivo de las cárceles políticas cumple ese criterio sin forzar un colapso institucional o una guerra civil.
Delcy Rodríguez y la credibilidad del cumplimiento
El foco se desplaza así hacia Delcy Rodríguez. No como figura decorativa, sino como garante política del acuerdo. Las liberaciones verificadas en los últimos meses —incluidas excarcelaciones de alto perfil y salidas pactadas hacia terceros países— refuerzan la tesis de que el compromiso se está ejecutando, aunque de forma gradual y sin excesivas proclamaciones públicas. Con discreción.
Este cumplimiento escalonado cumple una doble función:
- Interna: reduce tensiones, descomprime el conflicto y neutraliza riesgos de fractura violenta.
- Externa: permite a Estados Unidos y a la UE verificar avances sin legitimar formalmente al régimen, manteniendo intacto su marco sancionador como herramienta de presión residual.
No es casual que Zapatero siga siendo el único interlocutor aceptable para las tres capitales relevantes del proceso: Caracas, Washington y, en un segundo plano, Moscú, que fue informado personalmente por Delcy Rodríguez de la operación los días previos a la incursión norteamericana, ofreciendo garantías de mantenimiento posterior de los vínculos comerciales de Venezuela con Moscú y Pekín.
El delicado equilibrio constitucional de la transición
Desde una perspectiva constitucional comparada, el esquema recuerda a otras transiciones pactadas, y singularmente, a la española: no se produce una ruptura jurídica inmediata, sino una desactivación progresiva del conflicto penal-político, que permita convocar procesos electorales sin presos, sin proscripciones y sin vencedores absolutos.
Aquí reside la incomodidad del proceso:
- No satisface del todo a quienes exigen justicia punitiva inmediata (el ala dura del antichavismo, encarnada en María Corina Machado)
- No encaja en el relato de derrocamiento épico.
- Pero reduce drásticamente el riesgo de guerra civil, intervención extranjera o colapso del Estado.
La amnistía —concepto constitucionalmente polémico en cualquier sistema— se convierte así en instrumento de estabilización, no de impunidad indiscriminada, siempre que vaya acompañada de verificación internacional y reintegración política.
Zapatero como operador constitucional, no como ideólogo
La figura de Zapatero emerge, en este contexto, no como valedor de un régimen, sino como operador político de una salida imperfecta, consciente de que el Derecho constitucional comparado ofrece pocas alternativas viables cuando la alternativa es el vacío de poder.
Si las liberaciones continúan y el compromiso de amnistía se completa, la historia tendrá que registrar que la transición venezolana no comenzó con una caída espectacular, sino con una operación silenciosa, negociada en despachos y ejecutada sin cámaras.
Y en el centro de esa operación —para incomodidad de casi todos— vuelve a aparecer José Luis Rodríguez Zapatero: no como símbolo, sino como intermediario, el único capaz de convertir la amnistía en arquitectura de transición y de lograr que Delcy Rodríguez empiece, efectivamente, a cumplir lo pactado.