La UEFA y sus 55 federaciones nacionales han acordado este jueves retirar a sus selecciones de todas las competiciones organizadas por la FIFA si Gianni Infantino continúa adelante con su proyecto para dar entrada a inversores privados en el negocio del Mundial. Europa ha respondido por unanimidad y convierte la operación en el mayor desafío interno al presidente de la FIFA desde que llegó al cargo.
La amenaza golpea directamente al Mundial femenino de 2027 y coloca una enorme incógnita sobre el torneo masculino de 2030. España y Portugal, dos federaciones integradas en la UEFA, deben organizar esa edición junto a Marruecos, con tres partidos conmemorativos en Argentina, Paraguay y Uruguay. Un boicot dejaría a los dos anfitriones europeos fuera de su propio campeonato y privaría a la competición de buena parte de sus principales selecciones y mercados televisivos.
"La Copa del Mundo no puede ser tratada como un producto de inversión. La Copa del Mundo no está en venta", ha sentenciado la organización presidida por Aleksander Ceferin. Las federaciones exigen la retirada completa de la propuesta y garantías vinculantes de que la FIFA no abrirá en el futuro sus competiciones ni su estructura de gobierno a la propiedad privada.
Statement on behalf of UEFA and its 55 National Associations
— UEFA (@UEFA) July 30, 2026
El origen del choque está en FIFA Forward Enterprise, la filial que Infantino quiere crear para reunir los derechos audiovisuales, patrocinios, licencias, venta de entradas y organización comercial de los torneos de la FIFA. El proyecto permitiría captar hasta 4.200 millones de dólares mediante la venta de una participación minoritaria a inversores privados, sobre una valoración inicial de 20.000 millones.
La FIFA mantendría la mayoría y asegura que los nuevos socios carecerían de capacidad para intervenir en decisiones deportivas, calendarios o formatos. Thrive Eternal, la firma de Joshua Kushner, hermano del yerno de Donald Trump, lideraría inicialmente el grupo inversor, mientras JP Morgan participa como asesor financiero. A cambio de aprobar el proyecto, cada una de las 211 federaciones podría acceder a un pago extraordinario de hasta 20 millones de dólares y vería aumentada su financiación durante los próximos ciclos.
Infantino ha defendido que se trata de "una oportunidad, no una obligación" y promete dedicar todo el dinero al desarrollo del fútbol, especialmente en los países con menos recursos. Su versión presenta la iniciativa como un proceso de consulta que necesitará el respaldo mayoritario de las federaciones y la aprobación del Consejo de la FIFA.
El Mundial 2030 queda atrapado en el pulso
La UEFA rechaza ese relato y acusa a Infantino de haber preparado una operación de enorme alcance a espaldas de quienes sostienen las competiciones. El organismo europeo considera que la promesa de más dinero funciona como un ultimátum y advierte de que la entrada de accionistas terminaría condicionando cada ampliación del calendario, cada cambio de formato y cada decisión comercial.
"Las expectativas de los inversores se convertirán en una presión diaria", sostiene el comunicado. Para las federaciones europeas, la obligación de ofrecer rentabilidad desplazaría los intereses de selecciones, clubes, ligas, futbolistas y aficionados. También acusan a la FIFA de renunciar a su papel como responsable de custodiar el fútbol mundial.
El órdago adquiere una dimensión especialmente incómoda para España. La selección masculina defendería en 2030 el título conquistado este año y la femenina llegará como una de las grandes potencias internacionales. España podría construir y financiar la principal sede del Mundial mientras su propia selección permanece fuera del torneo por una guerra entre los dos organismos que gobiernan el fútbol.
La oposición empieza además a extenderse más allá de Europa. La Confederación Asiática ha calificado de "inaceptable" que el proyecto avanzara sin una consulta previa, mientras la Comisión Europea vigila su posible encaje con las normas comunitarias de competencia. Infantino deberá conseguir ahora una mayoría entre las 211 federaciones con el bloque europeo completamente en contra.
La UEFA exige una retirada total y garantías por escrito. Mientras esas condiciones no se cumplan, las selecciones europeas permanecerán fuera de las competiciones de la FIFA y el Mundial 2030 seguirá atrapado en el mayor cisma del fútbol internacional.
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