Ecos del centenario de Ana María Matute

03 de febrero de 2026 a las 13:13h
Ana María Matute recibiendo el Premio Cervantes
Ana María Matute recibiendo el Premio Cervantes

En 2025 se ha cumplido el centenario del nacimiento de Ana María Matute, una de las grandes voces de la literatura española del siglo XX y comienzos del XXI. Cien años después de su llegada al mundo, su obra sigue resonando con una intensidad que desmiente el paso del tiempo. Matute no solo escribió novelas y cuentos: levantó un territorio propio, poblado de infancia herida, silencios elocuentes, bosques simbólicos y personajes que miran el mundo con asombro y dolor a partes iguales. Celebrar su centenario no es un gesto nostálgico, sino una reafirmación de su vigencia.

A lo largo de su trayectoria, Ana María Matute fue reconocida con los principales galardones literarios del país: el Premio Planeta en 1954, el Premio Nadal en 1959 y, culminando una carrera excepcional, el Premio Cervantes en 2010. Pero más allá de los premios, su verdadero reconocimiento ha sido el afecto constante de generaciones de lectores que encontraron en sus páginas una verdad íntima y compartida. Matute supo contar lo que a menudo no se decía: la posguerra vivida desde la infancia, la pérdida de la inocencia, la injusticia, la soledad y, pese a todo, la persistencia de la esperanza.

Su figura nos recuerda que la literatura no es solo un ejercicio estético ni un refugio individual, sino también una forma de memoria colectiva. En la obra de Matute, escribir fue siempre una manera de resistir al olvido, de dar voz a quienes no la tuvieron y de preservar una mirada ética sobre el mundo. Los ecos de su centenario se escuchan hoy en reediciones, lecturas públicas, estudios críticos y, sobre todo, en el diálogo silencioso que sus libros siguen manteniendo con los lectores.

La infancia ocupa un lugar central en el universo literario de Ana María Matute. No se trata de una infancia idealizada, sino de un espacio atravesado por la incomprensión, la crueldad y el aprendizaje precoz del dolor. Sus niños y niñas observan un mundo adulto hostil, marcado por la violencia y el autoritarismo, y lo hacen con una lucidez que desarma. En este sentido, Matute fue una narradora de la posguerra distinta: lejos del testimonio explícito o del realismo más crudo, optó por una escritura simbólica, poética y profundamente humana.

Esa mirada infantil se convirtió en una de las señas de identidad de su obra. Desde sus primeros relatos hasta sus novelas más ambiciosas, Matute exploró la fractura entre la inocencia y la experiencia, entre el deseo de justicia y la realidad de la desigualdad. Sus personajes suelen habitar márgenes: aldeas olvidadas, casas sombrías, bosques que funcionan como refugio y amenaza. En esos escenarios, lo fantástico y lo real se entrelazan sin estridencias, como si fueran dos capas inseparables de la existencia.

El lenguaje fue para Ana María Matute una herramienta moral. Su prosa, aparentemente sencilla, está cargada de resonancias simbólicas y de una musicalidad muy personal. Cada palabra parece escogida con cuidado, no para impresionar, sino para decir lo justo. Esa contención expresiva, unida a una gran potencia evocadora, explica por qué su obra sigue resultando tan contemporánea. En un tiempo de excesos y ruido, Matute nos recuerda el valor del silencio y de la palabra medida.

Dentro de los actos conmemorativos del centenario, el Instituto Cervantes organizó a comienzos de 2025 una exposición de gran alcance titulada Quien no inventa no vive, comisariada por María Paz Ortuño y con la presencia de su hijo, Juan Pablo Goicoechea Matute. La muestra, que posteriormente viajó a Barcelona, ofrecía un recorrido riguroso y emocional por su vida y su obra. Entre los muchos documentos y fotografías expuestos, una imagen junto a Jorge Luis Borges destacaba por su fuerza simbólica y por el diálogo silencioso entre dos universos literarios mayores.

La Real Academia Española se sumó también al centenario con una conferencia multitudinaria en la que se repasó la trayectoria de Matute y la huella profunda que dejó en la literatura española contemporánea. Fue una ocasión para subrayar su singularidad estilística y su condición de autora imprescindible, capaz de trascender generaciones y modas literarias.

Por su parte, la Fundación Mutua Madrileña, dentro del festival Getafe Negro, convocó el ciclo Matute Noir, en el que participaron las escritoras Noemí Trujillo Giacomelli y Ana Merino. En estas conversaciones se abordaron los elementos de novela negra presentes en la obra de Matute, aspectos menos transitados pero indudablemente existentes. Noemí Trujillo Giacomelli publicó además Una noche de Reyes (Destino, 2023), un libro en el que establece un diálogo imaginario con Ana María Matute y otras escritoras galardonadas con el Premio Nadal. 

El centenario ha traído consigo, además, la reedición de muchas de sus obras, confirmando su permanente actualidad. En este contexto, la editorial Artelibro publicó Los universos de Ana María Matute, un recorrido biográfico y literario que obtuvo el patrocinio conjunto del Ministerio de Cultura y la Comunidad de Madrid. Un libro que, como el propio centenario, contribuye a mantener viva una voz que sigue interpelándonos desde la literatura, la memoria y la conciencia.

Radio Televisión Española se sumó también a la conmemoración del centenario recuperando entrevistas históricas y fragmentos de la voz de Ana María Matute en primera persona. Escucharla de nuevo —pausada, irónica, profundamente lúcida— permitió comprobar que su palabra sigue viva, no solo en los archivos audiovisuales, sino, sobre todo, en la intimidad de sus libros. Una voz que no se ha apagado porque continúa dialogando con los lectores, atravesando generaciones y confirmando que la literatura, cuando es verdadera, no envejece.

Durante uno de los encuentros del centenario, Noemí Trujillo Giacomelli esbozó una definición tan provocadora como certera al afirmar que Ana María Matute es “nuestro Kafka”. Como él, Matute creó un universo propio, reconocible e intransferible, en el que lo simbólico revela verdades profundas sobre la condición humana. Cerrar este centenario es, en realidad, abrir de nuevo sus páginas y aceptar que su obra no pertenece al pasado, sino a ese territorio permanente donde la literatura sigue ayudándonos a comprender el mundo y a nosotros mismos.

Sobre el autor
J. Nicolás
J. Nicolás Ferrando

Colaborador de ElConstitucional.es

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