El expresidente de la Generalitat y líder de Junts, Carles Puigdemont, ha asegurado que ya prepara su regreso a Catalunya y ha descartado la posibilidad de ejercer como jefe de la oposición en el Parlament, en una entrevista en La2 Cat.
"No podría ejercer como tal, pero por otra parte, aunque pudiera, me parece que quien ha sido presidente de la Generalitat y ha ocupado la presidencia, que es una institución, no es correcto que vaya después a controlar al presidente, sea quien sea", ha afirmado Puigdemont, al ser preguntado por su futuro político.
El aval del Tribunal Constitucional y el retorno
Puigdemont ha sostenido que se está llegando a un punto irreversible tras el aval del Tribunal Constitucional (TC) a la Ley de Amnistía, y ha ligado ese escenario con la preparación de su vuelta: "Es irreversible y, por lo tanto, deberán acabar firmando la rendición. Y es verdad que ahora mi cabeza ha empezado a pensar que, efectivamente, el retorno ya se debe preparar. Así como he dedicado mucho tiempo a preparar mi exilio, si era necesario crónico, ahora estoy preparando mi retorno".
El líder de Junts ha explicado que, tras sus primeras noches en Bélgica, no quiso esconderse ni pasar desapercibido, y ha defendido que su estancia en el corazón de Europa formaba parte de una estrategia política orientada a internacionalizar el conflicto. "Pero me expuse a ser extraditado, y además no he pasado desapercibido porque mi función era sacudir la opinión pública, internacionalizar el conflicto y trabajar desde el corazón de Europa para explicar qué problema hay entre Catalunya y España y buscar también solución políticas", ha apuntado.
La amnistía, el PSOE y el rechazo a un indulto
Puigdemont ha admitido que llegó a pensar que la amnistía no se aplicaría nunca en su caso, aunque ha precisado que aún no se ha materializado. Sobre ese proceso, ha advertido de que no se puede descartar que las instituciones actúen "al margen de toda lógica jurídica".
En su relato, ha explicado también que, antes de que los votos de Junts resultaran decisivos tras las generales de 2023, recibió la visita discreta de un político del PSOE, cuyo nombre no ha querido revelar, que le ofreció "un trato similar a los indultos", una propuesta que rechazó. Puigdemont ha sostenido que dejó claro que solo aceptaría una amnistía y que, si no era así, estaba dispuesto a permanecer toda la vida en Bélgica.
Según su versión, aquel dirigente socialista cerró entonces la puerta a cualquier amnistía, una posición que, ha añadido, cambió cuando los socialistas necesitaron el apoyo de su formación para la investidura de Pedro Sánchez.
La salida de Girona, Bélgica y la vuelta prevista
Preguntado por si habría actuado igual después del 1-O de 2017 si hubiera sabido que pasaría nueve años fuera, Puigdemont ha respondido que, cuando tomó la decisión, asumió un escenario de incertidumbre y la posibilidad de no regresar nunca. "Estaba dispuesto a quedarme toda la vida aquí a cambio de proteger la institución", ha señalado.
El expresidente ha explicado que se mentalizó para afrontar una etapa que sabía dura y que no podría resistir sin preparación psicológica. Ha insistido, además, en que su objetivo siempre fue volver, y ha considerado que el paso del tiempo y la presión en Europa acabarían haciendo insostenible su situación para el Estado.
Sobre su salida de Catalunya, ha detallado que la noche del 29 de octubre de 2017 abandonó Girona sentado en un coche con destino a Bélgica, vestido con americana y corbata y con una bolsa de mano con lo imprescindible. "No fui nunca en ningún maletero", ha recalcado, y ha añadido que tampoco viajó así cuando regresó el 8 de agosto de hace dos años a Catalunya y volvió a irse a Waterloo.
En agosto de 2024, ha concretado, quiso entrar en el Parlament, pero era consciente de que, si lo intentaba, lo habrían detenido antes de acceder al hemiciclo. También ha dado por hecho que su regreso puede implicar más riesgos personales y ha admitido que, en algún momento, puede tener que ir a Madrid.
Seguridad, economía personal y vida en Waterloo
Puigdemont ha explicado que dos personas voluntarias le ayudan en las tareas de seguridad desde el primer día que viajó a Bruselas, y ha indicado que nunca ha querido protagonizar una «gamberrada» de vuelta. Pese a sentirse perseguido y vigilado, ha relatado que un día hizo que otra persona condujera su coche belga hasta su casa en Sant Julià de Ramis (Girona), sin él, y que nadie lo paró en la frontera.
También ha precisado que en Bélgica tuvo que sacarse de nuevo el carné de conducir, que el único sueldo que recibe es el de diputado raso de Junts en el Parlament y que el alquiler de la casa de Waterloo se paga con dinero de donaciones, "No la paga ni directa ni indirectamente ni un euro público", ha señalado.
Además, ha dicho que no echa de menos el Parlamento Europeo (PE) ni los viajes a Estrasburgo, y ha destacado que una de las visitas que más le sorprendió fue la del expresidente del FC Barcelona Joan Gaspart, a quien ha agradecido el apoyo recibido.
Sobre las consecuencias personales de estos años fuera, ha mencionado la muerte de sus padres y la imposibilidad de asistir a su entierro, y ha señalado que, una vez resuelto el tema institucional, lo primero que hará será ir al cementerio de Amer (Girona) para visitar sus tumbas y después volver a su casa.

