El portavoz republicano de ERC, Gabriel Rufián, se ha convertido en el principal foco de la negociación interna de ERC de cara a las elecciones generales del 29 de noviembre. La dirección republicana quiere que vuelva a encabezar la candidatura por Barcelona y lo considera uno de sus principales activos electorales. Oriol Junqueras ha dado por hecho que repetirá y Elisenda Alamany lo ha definido como “el mejor valor que tenemos para esta convocatoria”. Pero Rufián todavía no ha dado el paso y mantiene abierta una negociación con la dirección.
El portavoz republicano no plantea su continuidad como una simple decisión personal. Su entorno asegura que reclama “un mínimo de condiciones de trabajo e influencia en la línea estratégica” después de los años que lleva representando a ERC en el Congreso. La advertencia es clara: si esas condiciones no se cumplen, “se irá a su casa”. Entre sus demandas está tener mayor peso en la configuración de las listas, capacidad para influir en la elección de su equipo parlamentario y más autonomía para orientar la estrategia de ERC en Madrid. Es precisamente aquí donde aparece el principal choque: la dirección quiere a Rufián, pero no parece dispuesta a entregarle el control de unas listas cuyo procedimiento está regulado por el propio partido.
El conflicto no es nuevo. Ya en junio, el diputado Jordi Salvador respondió públicamente a las exigencias de Rufián con una advertencia especialmente dura: “ERC no es ninguna plataforma personal ni un espacio de ultimátums”. Salvador reclamó “respeto al equipo del grupo, al partido y a la militancia” y remató: “La paciencia tiene un límite”.
Las exigencias de Rufián chocan con los equilibrios internos
El problema para Rufián es que sus demandas afectan directamente al reparto de poder dentro de ERC. El reglamento aprobado por el partido establece mecanismos para que las candidaturas sean decididas por las estructuras territoriales y la militancia. Además, la dirección conserva capacidad para proponer hasta el 25% de los candidatos de las listas al Congreso. Ese diseño limita el margen que reclama el portavoz para decidir quién le acompaña y cómo se configura su equipo.
A esto se suma la distancia política entre Rufián y la dirección sobre la estrategia electoral. El portavoz lleva tiempo defendiendo una mayor confluencia entre las fuerzas de izquierda para evitar la fragmentación electoral, mientras que ERC ha mantenido una posición más prudente y no contempla diluir sus siglas en una candidatura común. Rufián está escuchando ahora a distintos actores de la izquierda antes de decidir qué papel quiere desempeñar el 29-N.
Así, la negociación tiene dos niveles: por un lado, qué condiciones necesita Rufián para continuar como candidato de ERC; por otro, qué espacio está dispuesta a concederle la dirección para influir en las listas y en la estrategia del partido en Madrid. La tensión se produce precisamente porque ambas partes se necesitan: ERC quiere mantener a su principal rostro parlamentario y Rufián necesita la estructura del partido para concurrir a las elecciones.
Bajas, candidaturas y un rival simbólico: las grietas se hacen visibles
Las diferencias internas han dejado de estar únicamente en el terreno de la negociación. Dos de los siete diputados que ERC ha tenido en el Congreso durante esta legislatura, Jordi Salvador y Pilar Vallugera, han anunciado que no repetirán en las elecciones del 29-N. Ambos mantenían una relación distante con Rufián. La despedida de Vallugera ha sido especialmente significativa: agradeció públicamente a varios compañeros, pero no mencionó a Rufián, Inés Granollers ni Etna Estrems, estas dos últimas consideradas próximas al portavoz.
Mientras tanto, el proceso interno también está mostrando diferentes sensibilidades. Teresa Jordà y Etna Estrems quieren optar a encabezar la lista por Girona y, si ambas reúnen los avales necesarios, podrían enfrentarse en primarias. El movimiento tiene importancia porque Estrems está considerada próxima a Rufián, mientras que Jordà representa una sensibilidad diferente dentro del partido. El episodio más llamativo se ha producido en Barcelona, donde el militante y exdiputado Joan Puig ha anunciado una candidatura “estrictamente simbólica” para protestar contra la continuidad de Rufián. Su mensaje ha sido directo: “ya no nos representa”. Aunque el propio Puig reconoce las dificultades para reunir los avales necesarios para competir realmente contra él, su candidatura convierte el malestar en un gesto público dentro del proceso de primarias.
Rufián aprieta mientras ERC cierra sus listas
El ambiente en ERC está marcado por las negociaciones y las distintas sensibilidades dentro del partido. Mientras la dirección y Oriol Junqueras apuestan por Rufián, el portavoz mantiene abierta su decisión y reclama más margen de maniobra. Las bajas de diputados, las discrepancias sobre las listas, el pulso por Girona y la aparición de una candidatura simbólica contra él reflejan unas tensiones que van más allá de la confección de las candidaturas.
El calendario obliga ahora a cerrar posiciones. Rufián debe decidir si concurre y reunir los avales necesarios, mientras ERC avanza en la elaboración de las listas. Su decisión será clave, pero también lo será el resultado de la negociación sobre sus condiciones: el portavoz busca más peso en la elección de candidatos y mayor influencia en la estrategia que el partido seguirá en Madrid.