La cumbre de la OTAN entra este miércoles en su día clave en Ankara con Pedro Sánchez sentado en una mesa atravesada por tres frentes políticos: el primero, el pulso con Donald Trump por el gasto militar. El segundo, la presión de Mark Rutte para que los aliados traduzcan sus compromisos en más capacidades. El tercero, la ausencia de Begoña Gómez, que no ha viajado a Turquía después de que el juez sustituto de Juan Carlos Peinado le negara la autorización para acompañar al presidente.
Sánchez llegó este martes por la tarde a la capital turca acompañado por José Manuel Albares y Margarita Robles. El presidente asistió por la noche a la cena oficial ofrecida por Recep Tayyip Erdogan en el complejo presidencial de Beştepe y afronta ahora la reunión del Consejo del Atlántico Norte con una posición cerrada. España no aceptará elevar el gasto en defensa al 5% del PIB, como reclama Trump, y defenderá que el 2,1% basta para cumplir con las capacidades exigidas por la Alianza.
La diferencia con la apertura de la cumbre está en el escenario. Los líderes de los 32 aliados pasarán hoy a revisar el avance de los compromisos de defensa, el apoyo militar a Ucrania, la producción industrial y la dependencia europea de Estados Unidos. Moncloa llega con una carpeta de datos para sostener que España cumple más de lo que dice la derecha y bastante más de lo que admite Trump.
España defiende el 2,1% frente a la carrera del 5%
El Gobierno mantiene que el debate no puede reducirse a un porcentaje del PIB. La tesis de Sánchez es que la OTAN pide capacidades concretas, no una competición presupuestaria al dictado de Washington. España ya ha alcanzado el entorno del 2% y sostiene que puede cumplir los objetivos asignados con una inversión del 2,1%, sin empujar el gasto militar hacia una cifra que Moncloa considera incompatible con el equilibrio social y presupuestario del país.
El Ejecutivo exhibe varios datos para defender esa posición. España se presenta como uno de los aliados que más ha aumentado su inversión en defensa desde 2018, con más presencia en misiones internacionales, un despliegue fuerte en el flanco oriental y una aportación relevante al apoyo militar a Ucrania. También recuerda que el país participa en capacidades navales, aéreas y terrestres de la Alianza y que buena parte de la inversión vuelve a la industria española.
Ese argumento incomoda a Rutte, que ha pedido planes claros y creíbles hacia el nuevo objetivo aliado. El secretario general de la OTAN insiste en que Europa debe producir más, invertir más rápido y asumir más responsabilidad militar. En Ankara ha trasladado a la industria que el dinero ya está llegando y que ahora toca responder con más armamento, más innovación y más capacidad de producción. La OTAN quiere convertir el gasto en fábricas, drones, misiles, aviones y defensa aérea.
Ahí España intenta mover el foco. Sánchez no quiere aparecer como el socio que se queda atrás, sino como el dirigente que cuestiona una carrera de gasto planteada por Trump en términos casi disciplinarios. Moncloa recuerda que algunos países aún arrastran dificultades para cumplir el antiguo umbral del 2% y que otros han aceptado el 5% sin tener garantizado cómo pagarlo. El mensaje español es sencillo: cumplir sí, plegarse no.
Trump agita la cumbre con Groenlandia
El otro gran ruido de la cumbre lo ha vuelto a poner Trump. El presidente de Estados Unidos llegó a Ankara cargando contra sus aliados europeos y recuperando una de sus obsesiones más peligrosas: Groenlandia. En plena reunión de la Alianza, ha insistido en que el territorio autónomo danés debería estar bajo control estadounidense y no de Dinamarca, alegando razones de seguridad por la presencia de barcos chinos y rusos en el Ártico.
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha respondido con claridad: "Groenlandia no está en venta", y los aliados deben respetar la soberanía del Reino de Dinamarca. La escena vuelve a mostrar la paradoja de esta OTAN bajo Trump: el mismo presidente que exige lealtad absoluta a los socios europeos amenaza con revisar la relación militar si no se aceptan sus condiciones y reabre una disputa territorial con un aliado de la propia Alianza.
Para Sánchez, el episodio de Groenlandia tiene una utilidad política. España ya no aparece sola frente al malestar de Trump. El presidente estadounidense ha chocado con Dinamarca por Groenlandia, con varios gobiernos europeos por Irán, con Italia por el uso de bases, con Alemania, Francia y Reino Unido por el reparto de cargas y con España por el gasto militar. El problema ya no es solo el 2,1% español, sino el modo en que Trump entiende la relación con Europa.
La cumbre de Ankara debía servir para enseñar unidad, pero la primera jornada ya dejó claro que la unidad viene con grietas. Trump ha vuelto a plantear que Estados Unidos podría retirar tropas de Europa y ha cargado contra los aliados por no acompañarle en su ofensiva contra Irán. Al mismo tiempo, la OTAN intenta exhibir compras conjuntas, músculo industrial y apoyo a Ucrania para convencer a Washington de que Europa se está moviendo.
Ucrania vuelve al centro de la mesa
Volodímir Zelenski también está en Ankara y ha vuelto a reclamar que Ucrania forme parte de la OTAN. El presidente ucraniano sostiene que la experiencia militar acumulada por su país durante la invasión rusa haría más fuerte a la Alianza. Mientras tanto, los aliados preparan nuevos compromisos de apoyo militar a Kiev y este miércoles se espera que la reunión central aborde una financiación anual de gran alcance para sostener la defensa ucraniana.
La primera jornada dejó ya varios anuncios. Canadá comunicó una nueva ayuda militar para Ucrania. Estonia y Ucrania firmaron un acuerdo de cooperación en drones. Zelenski habló con Rutte de la necesidad urgente de defensa aérea y con Friedrich Merz de capacidades antibalísticas europeas. La guerra de Ucrania sigue siendo el argumento principal para justificar el salto industrial y militar de la OTAN.
España quiere situarse ahí como aliado fiable. El Gobierno recuerda la ayuda enviada a Kiev, la formación de militares ucranianos y el despliegue español en el flanco este. La cuestión es que Trump y Rutte miran sobre todo la factura final. Sánchez quiere que se mire también qué capacidades se entregan, dónde están desplegados los efectivos y cuánto de esa inversión sirve para reforzar industria europea en vez de engordar compras sin estrategia.
El Foro de la Industria de Defensa, celebrado en la primera jornada de la cumbre, ha marcado el tono. Los aliados anunciaron inversiones militares por al menos 50.000 millones de dólares y pusieron el foco en drones, defensa aérea, aviones de vigilancia, transporte militar y producción acelerada. España se incorpora al proyecto del Airbus A400M y llega a Ankara con el interés de reforzar su propia base industrial de defensa.
Begoña Gómez queda fuera de la foto
La ausencia de Begoña Gómez también ha acompañado a Sánchez desde su llegada a Turquía. El protocolo turco tenía preparado un segundo ramo de flores para la esposa del presidente, que finalmente quedó sin destinataria al pie del avión. La imagen no cambia el contenido de la cumbre, pero sí alimenta el frente político interno que la derecha ya ha intentado llevar a Ankara.
El juez Antonio Viejo permitió a Gómez viajar a Londres para asistir a la graduación de su hija, pero le negó el desplazamiento a Turquía al considerar que su presencia respondía a una invitación de cortesía institucional y que no tenía intervención activa en la cumbre. La Fiscalía no se oponía a la salida de España, mientras las acusaciones populares reclamaban mantener la prohibición. Moncloa calificó la decisión de "incomprensible".
El PP ha aprovechado la ausencia para golpear al Gobierno. Alberto Núñez Feijóo habló este martes de “coste reputacional” para España y vinculó el viaje frustrado de Gómez con el deterioro político del Ejecutivo. La derecha intenta convertir una cumbre marcada por el gasto militar, Ucrania y Trump en otro capítulo del cerco judicial al entorno de Sánchez. El Gobierno, por ahora, evita que ese frente desplace el debate principal de Ankara.
Sánchez comparece este miércoles en la OTAN sin su esposa, con Trump agitando el 5% y Groenlandia, con Rutte empujando más gasto y con Ucrania reclamando más defensa aérea. La reunión central del Consejo del Atlántico Norte pondrá a prueba el margen real de España para sostener su modelo del 2,1%. Ahí se verá hasta dónde llega el pulso.
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