El agente de la Guardia Civil Arturo Carmona, primero en llegar al convoy Alvia implicado en el accidente ferroviario de Adamuz, ha relatado que casi una hora después del choque no había personal sanitario ni equipos de emergencias junto a ese tren, y que las personas afectadas estaban prácticamente solas tratando de organizarse tras la tragedia.
Carmona y su compañero inicialmente fueron enviados al punto del siniestro tras recibir noticias de un descarrilamiento del tren Iryo. Al llegar comprobaron que muchas personas caminaban heridas y que vecinos y bomberos ya estaban colaborando, pero la magnitud del impacto aún no era clara para ellos.
Mientras atendían a los heridos del Iryo, pasajeros heridos que caminaban entre la oscuridad les informaron de que existía otro tren accidentado, el Alvia, que hasta ese momento no figuraba en los avisos oficiales. Carmona se dirigió entonces a pie hacia ese convoy, a unos 800 metros, donde se encontró con lo que describió como “el infierno”: cuerpos esparcidos, personas atrapadas tras haber salido por las ventanas y sin presencia de servicios médicos en los primeros instantes.
El agente recuerda escenas impactantes, como una niña pequeña que decía que sus padres estaban muertos, y destaca la confusión inicial entre los equipos de emergencia sobre la existencia de dos trenes siniestrados. En ocasiones incluso los servicios centrales —como la propia estación de Atocha— desconocían en tiempo real la situación completa en la vía. El agente Arturo Carmona tuvo que informar directamente a Adif de la magnitud del accidente, ya que, según sus palabras, “no lo sabían”. Mientras socorría como podía a los pasajeros del Alvia, recibió un teléfono desde la central de Atocha: “Me llaman de la central y me preguntan: ‘Oye, ¿qué está pasando ahí? ¿Nos lo puedes describir, por favor?’’. Ellos no sabían cómo estaba aquello en ese momento”, relata. Carmona no dudó en explicar la gravedad de la situación: un accidente con múltiples muertos y heridos, e insistió en que se cortara la electricidad en la zona para evitar una tragedia aún mayor.
Al girarse para observar el convoy, Carmona describe lo que vio como “terrible”: cuerpos tendidos a ambos lados de la vía y vagones volcados en el talud. “Las manos no traspasan el metal”, dice, expresando la impotencia que sintió al constatar la magnitud de la catástrofe y la dificultad para acceder a las víctimas.
Este testimonio coincide con otros análisis que señalan que la llegada de los primeros sanitarios y agentes al convoy Alvia se retrasó, en parte por la falta de información precisa sobre la implicación de ambos trenes en el accidente, mostrando la descoordinación inicial y el caos que reinó en la primera hora tras el choque entre los trenes, lo que dejó a algunas víctimas sin auxilio especializado durante los primeros compases tras el siniestro.