Maricarmen ha sido, y será, un símbolo de lucha. Con 87 años consiguió movilizar y conmover a un país entero alrededor de una reivindicación tan básica como poder vivir dignamente en la que había sido su casa durante más de siete décadas. Su historia dejó de ser la historia de una mujer enfrentándose a un desahucio para convertirse en el reflejo de un problema que afecta a miles de personas.
Maricarmen convirtió su desahucio en un símbolo. Con 87 años fue capaz de plantarse frente a un sistema que, durante años, ha permitido que el precio de una vivienda quede cada vez más lejos de quienes necesitan un hogar para vivir. Su caso ha puesto sobre la mesa el debate sobre los alquileres, la especulación, los desahucios de personas vulnerables y la necesidad de garantizar el derecho a una vivienda digna.
“Si me van a cortar el cuello, será luchando, no sentada en una butaca o marchándome por la noche con una maleta. No aguanto más los acosos”, reivindicó en uno de sus primeros intentos de desahucio.
Aquellas palabras no eran una consigna política. Eran las palabras de una mujer de 87 años que no quería abandonar la casa en la que había vivido durante 71 años. Su desalojo, el pasado 23 de septiembre, provocó una oleada de movilizaciones y convirtió su nombre en uno de los principales símbolos de la protesta por la vivienda en España.
Maricarmen pagaba 500 euros de alquiler antes de que Urbagestión comprara su vivienda y le subiese el precio del alquiler hasta los 2.650 euros. Su abogada explicó a este periódico que durante las semanas de conflicto se plantearon distintas alternativas para evitar que tuviera que abandonar su vivienda, incluida la posibilidad de cubrir la diferencia del alquiler.
Pero, la empresa inmobiliaria se negó a todas las posibilidades para frenar su desahucio.
Maricarmen abandonó su casa en una camilla y fue trasladada directamente al Hospital Gregorio Marañón, donde permaneció ingresada hasta su fallecimiento. Finalmente, ante la presión social, Urbagestión aceptó que la mujer regresará a su vivienda. La solución llegó tarde. Maricarmen ya estaba hospitalizada y, finalmente, murió sin poder volver al lugar donde creció.
Su historia ha tenido consecuencias que van mucho más allá de su propio caso. Su nombre ha estado ligado a las protestas, a la acampada de la Puerta del Sol y a que el Gobierno de Pedro Sánchez elabore dos decretos de vivienda para prohibir desahucios a personas vulnerables, frenar la compra especulativa o poner límites a las subidas de los precios del alquiler.
Algunas de esas medidas han encontrado oposición parlamentaria. PP, Vox y Junts han rechazado los decretos de PSOE y Sumar y ahora deberá ser la Diputación Permanente, quienes decidan sobre su convalidación o derogación.
Maricarmen ha conseguido además poner en el centro de la precampaña electoral, el problema de la vivienda. Terminó convirtiendo una batalla individual en una reivindicación colectiva. Visibilizó su situación y la de miles de personas que son desahuciadas en España.
La portavoz del Sindicato de Inquilinas de Madrid, Alicia del Río, expresó entre lágrimas tras conocerse su fallecimiento: “Hoy el rentismo ha terminado de matar a Maricarmen”. Del Río añadió que “la especulación y el rentismo matan a gente cada día en el país” y que, con cada burofax de expulsión y cada subida del alquiler, se ponen en juego la salud y la vida de quienes sufren esas situaciones.
Los manifestantes de Sol, al hacerse eco de la noticia, conmocionados, le han dedicado minutos de silencio. A estas condolencias se han sumado personalidades políticas.
No obstante, frente a los mensajes de respeto, hay quienes han utilizado el fallecimiento de Maricarmen para difundir su odio.
“Han matado a Maricarmen. Sin ningún escrúpulo han utilizado el sufrimiento de una persona mayor para montar una campaña que ocultase la responsabilidad del Gobierno en el desastre de la vivienda. La responsabilidad de Pedro Sánchez, como dijo Maricarmen. Que se sepa quien ha traído la ruina y la muerte (en el apagón, en la DANA, en Adamuz, en Ceuta) a España”, han escrito los ultras de Vox en sus redes sociales.
El PP en la Asamblea de Madrid ha vetado que se guardara un minuto de silencio en el Pleno por considerar que podía contribuir a una utilización política de su caso. “No lo vemos”, han trasladado.
Alberto Núñez Feijóo, por su parte, ha trasladado sus condolencias a la familia y ha evitar “más piedras en el muro” y una “utilización interesada” del caso. “Ni campaña, ni partidos”, ha escrito, antes de concluir: “Ante la muerte de una persona solo cabe el respeto”.
Maricarmen era mujer de 87 años que pidió poder quedarse en su casa. Era una mujer que se negó a marcharse en silencio.
Era una mujer que consiguió que miles de personas salieran a la calle y que el problema de la vivienda ocupara el centro del debate nacional.
Maricarmen no pudo volver a casa.Pero su lucha sí puede continuar.Por ella. Por quienes estuvieron a su lado. Y por las miles de personas que siguen enfrentándose cada día al problema de la vivienda.
Desde este periódico queremos trasladar nuestro pésame a su familia, a sus amigos, a su abogada y al Sindicato de Inquilinas de Madrid, que la acompañó durante los últimos meses de su vida.
Maricarmen, la lucha sigue.