Vivimos un momento histórico de máxima incertidumbre, donde el tablero de ajedrez mundial no deja de registrar movimientos continuos, donde es difícil comprender quiénes son los peones y quién es el Rey y, sobre todo, y mucho más importante, quienes son los jugadores reales y sus verdaderas capacidades e intenciones. Todos intentan vendernos, a través de su control de la narrativa, y de una brutal capacidad de desinformación, que ganan sus partidas, aunque nosotros estemos viendo otra escena sobre el tablero.
Una parte importante de los animales, por ejemplo, los lobos, de acuerdo con su propio instinto de supervivencia, siguen a aquellos miembros de la manada que aumentan sus probabilidades de sobrevivir. La otra parte de los animales, como las ovejas, tienen un comportamiento más gregario, siguiendo al rebaño sin pensar más, incluso en dirección al peligro, soliendo acabar sus acciones en un desastre. Si analizamos el comportamiento humano tendremos que preguntarnos si ¿somos lobos u ovejas?. Lo que me viene a la memoria al hacerme esta pregunta, es esa famosa cita, atribuida a Winston Churchill, que afirma “La principal diferencia entre los humanos y los animales es que los animales jamás permitirían que los lidere el más estúpido de la manada”. Estoy de acuerdo y creo que ese es el motivo de la decadencia permanente del ser humano democrático y de la desintegración del propio sistema.
De todos es sabido que en las peores de las circunstancias es necesario contar con líderes capaces de llevarnos a un puerto seguro, si me permiten el símil marino. Pues resulta que, en estos momentos, en los peores posibles, aunque mejor tocar madera y no tentar a la suerte, tenemos los líderes más trastornados e incapaces capitaneando nuestro barco y proponiéndonos un nuevo Orden Mundial, o Desorden Mundial, cuyas bases comienzan a ser una cuestión muy preocupante, aunque ya vamos intuyendo que la principal será “si no haces lo que yo quiero te aplasto militarmente”.
Es cierto que aquel reparto de poder en el mundo, el surgido después del final de la IIGM, fue capitaneado por los vencedores, y hoy está absolutamente desactualizado, al haber cambiado los escenarios y haber surgido potencias, que en aquel momento no lo eran, y que hoy no tienen una representación en los organismos internacionales, como la ONU, acorde a su posición en el mundo, por ejemplo la India. Y la propuesta de nuestros líderes más poderosos es la de la sustitución del diálogo y la diplomacia, de la inteligencia y el razonamiento, por el “bombazo” como solución. Parecería que, en términos de inteligencia, estamos involucionando y no evolucionando y que aquella contienda mundial no hubiese servido de nada, no hubiésemos aprendido nada en absoluto.
Otra cuestión, en mi opinión de extremada importancia, es que en el mundo actual, con una revolución en las comunicaciones, el resultado real es que en la comunicación impera, en los medios tradicionales y en las redes sociales, la censura total, provocada por los poderosos, pero también practicamos la autocensura, tratando de evitar con ella que el relato de la verdad nos perjudique y decidan lanzar sobre nosotros las hordas o manadas de acosadores digitales para que nos insulten y ataquen, las pestilentes mofetas digitales, especializadas en garantizar la crispación y el permanente mal olor.
Todo ello hace que el relato sobre algunos asuntos se vea distorsionado y sea difícil comprender realmente en qué situación nos encontramos. Para ello, permítanme plantearles mi visión de algunos de ellos, sin más intención que la reflexión y el debate, algo que considero muy beneficioso. Son mis puntos de vista y reflexiones sobre algunas de las cuestiones más importantes que están ocurriendo y que afectan a la vida de todos los que habitamos en este preciso planeta llamado Tierra.
Se inició una guerra en Ucrania con una previsión de duración de horas. El todopoderoso ejército ruso, consideración de aquel momento, y su líder, Vladimir Putin, incluso bautizaron el asunto como “Operación Militar Especial”, parece que reafirmando la brevedad de la actuación. Hoy, más de cuatro años después, con cientos de miles de bajas en los dos bandos, la guerra continua sin previsión alguna de un final cercano o un acercamiento de posturas que pudiera prever que existe luz al final del túnel. Lo único que ha quedado claro, tras tanto tiempo de enfrentamiento, es que aquellos discursos políticos han dejado paso a una situación en la que la credibilidad de ese “gran ejército” está más que en duda, refiriéndome al poder convencional y no al poder nuclear.
Hamas atacó Israel, en un atentado terrorista sin precedentes, asesinando brutalmente a cerca de 1.200 ciudadanos israelíes y secuestrando y trasladando a 251 a la Franja de Gaza, con la intención de utilizarlos como moneda de cambio y agrandar el dolor aún más. La respuesta de Israel fue muy dura, prometiendo acabar con Hamas. La realidad es que después de más de dos años de acciones militares y de inteligencia sobre la zona, de discursos grandilocuentes de unos y otros, de una destrucción en superficie terrorífica, aunque parece que no igual en las redes de túneles horadadas durante años, y de un plan de paz ideado por Trump y los suyos, el conflicto no finaliza y Hamas no entrega sus armas. Por supuesto, podemos recuperar frases e ideas célebres en las que Trump nos informó de su plan para convertir Gaza en un resort de lujo.
El mismo equipo de gobierno estadounidense determino inicialmente que era hora de atacar al narcotráfico venezolano y desplazó a la zona unidades militares para comenzar a volar por los aires todo aquello que fuese o pareciese una lancha de narcotraficantes. Y el mundo a aplaudir como borreguitos la explosión del Orden y el Derecho Internacional. ¿Pueden los miembros de nuestro CNP o la Guardia Civil hacer lo mismo sin ser encarcelados?. La respuesta es fácil. Pero la cuestión es que el narcotráfico era la disculpa para trasladar fuerzas militares a la zona y el objetivo final fue una operación en la que arrestaban a Nicolas Maduro en territorio venezolano y los trasladaban a New York para ser encarcelado y juzgado, junto con su esposa. Otra vez el Orden y el Derecho Internacional volando por los aires y aquí no pasa nada. Lo único que sí parece es haber controlado el petróleo de Venezuela, algo que claramente perjudica a China, su principal comprador a precio barato.
Donald se vino arriba, alentado por los que lo rodean, elegidos para ser palmeros de su amo, y decidió que era hora de acabar con Irán, aunque yo creo que aquí el líder inteligente fue Netanyahu, que convenció al pelirrojo de llevar a cabo las acciones que más beneficiaban a sus intereses, algo que considero absolutamente legítimo para un país que vive permanentemente amenazado, especialmente por Irán.
Así las cosas, comenzó la operación militar bautizada como “Furia Épica” por los estadounidenses y “Rugido del León” por los israelíes. Cualquiera de las denominaciones parece indicar un ataque con la destrucción total del enemigo. Pues hoy, casi dos meses después, nos cuenten lo que nos cuenten, ninguno de los tres objetivos iniciales ha sido alcanzados. Ni se ha imposibilitado que Irán alcance el arma nuclear, pasando de los discursos triunfalistas iniciales al reconocimiento de que lo que se ha conseguido es retrasar esa posibilidad. El segundo objetivo, destruir su arsenal misilístico tampoco parece alcanzado, vista la capacidad de respuesta que sigue teniendo Irán. Y el tercer objetivo, la caída del régimen de los ayatolas, tampoco se ha conseguido, a pesar de haber eliminado regularmente a las personas que ocupan los más altos cargos religiosos, políticos, militares y de inteligencia. Otra vez, lo que podríamos considerar conseguido es deteriorar la capacidad de producción y exportación de petróleo iraní a China, aunque a base de perjudicar a todo el resto del mundo. Y no quiero ni mentar la batalla narrativa, que una y otra vez ganan los malos, poniéndose la sociedad a defender a aquellos que los pondrían en un pelotón de fusilamiento o los colgarían en la plaza del pueblo.
Hecho este somero repaso de algunas de las operaciones militares en el mundo, no parece que la política del “bombazo” sea un buen camino, al menos para el resto de los países, especialmente para Europa. Y en ese sentido, el líder de Estados Unidos, a pesar de todo lo anterior, ya comienza a decirnos que la siguiente será Cuba, que necesita Groenlandia, que va a estudiar opciones de castigo para los países de la OTAN que no han respaldado sus operaciones en Irán, que va a proponer la suspensión de España en la OTAN y que, por último, piensa revisar su posición con respecto a la soberanía británica de las Islas Malvinas.
Parece que Donald Trump, con sus reacciones autoritarias y ególatras trata de proteger un oso frágil, que no soporta la idea de que no lo consideren un ser superior y le admiren, es decir, un grandullón, quizás cobardica e inseguro. Y ahora, para acabar el asunto, le intentan asesinar por tercera vez, algo que parece indicar que puedan existir algunos problemas internos que no estemos percibiendo desde nuestro continente. Este hombre es el vinagre de todas las salsas.
Para finalizar, me gustaría apuntar a algunas cuestiones relacionadas con movimientos futuros que pudieran afectarnos a los europeos y, en particular, a los españoles:
· Acción hostil o de inteligencia sobre Groenlandia.
· El abandono de la OTAN o el intento de recolocación de sus tropas en otros países de la Organización, intentando así dividirla o quebrarla.
· Alentar acciones marroquíes sobre Ceuta y Melilla o las Islas Canarias.
Aquí es donde deberíamos afirmar “Virgencita que nos dejen como estamos” o alguna frase o cita parecida que seguro que las hay.
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