Los informes desclasificados por el Gobierno sobre la crisis migratoria de Ceuta ponen el foco directamente sobre la actuación de Marruecos durante la entrada masiva del pasado 30 de julio. Un análisis elaborado ese mismo día concluye que las autoridades marroquíes no reaccionaron de forma proactiva cuando la situación comenzó a desbordarse y que el refuerzo antidisturbios llegó cuando habían pasado ya unas tres horas desde la pérdida de control del espigón fronterizo.
El documento describe una mañana en la que las Fuerzas Auxiliares marroquíes quedaron sobrepasadas y “no intervienen para impedir el acceso al mar”, mientras grupos cada vez más numerosos comenzaron a bordear por vía marítima el espigón que separa Marruecos de Ceuta. El flujo terminó convirtiéndose antes del mediodía en una entrada incontrolada hacia territorio español.
La valoración posterior sobre Rabat es especialmente dura. Bajo el epígrafe de “Postura marroquí”, el informe sostiene que el elevado número de migrantes magrebíes desbordó la capacidad de las “pocas unidades” desplegadas en la zona y considera que habría sido necesario movilizar un número mayor de efectivos especializados en el control de grandes concentraciones. Como referencia, recuerda el dispositivo activado por Marruecos durante la crisis registrada en Ceuta el 15 de septiembre de 2024, que califica de exitoso.
Tres horas hasta el despliegue antidisturbios
El análisis deja por escrito una de sus conclusiones más comprometedoras para las autoridades marroquíes. “A nivel operativo, no se ha detectado reacción proactiva por parte de las autoridades marroquíes ante la pérdida de control de la situación”, afirma, y limita inicialmente la respuesta al despliegue de algunas unidades antidisturbios en la frontera de Bab Sebta “tres horas después del desbordamiento del espigón”.
La cronología que recoge el propio informe permite reconstruir cómo fue escalando la crisis. A las 21.00 horas del 29 de julio, víspera del Día del Trono, la situación en Fnideq ya había alcanzado un “punto crítico”, con una multitud esperando para lanzarse al agua e intentar alcanzar Ceuta. Durante la mañana siguiente las Fuerzas Auxiliares fueron superadas y los accesos al mar comenzaron a producirse sin control suficiente.
La Guardia Civil trató inicialmente de contener a los migrantes y agruparlos en una zona vallada del paso fronterizo, pero a partir de las 11.00 horas ese embolsamiento terminó rompiéndose, según el documento, por el temor de quienes se encontraban allí a ser devueltos. Antes del mediodía ya había un flujo incontrolado atravesando el espigón y se había generado una fuerte concentración de personas en su lado marroquí. El informe contabiliza ocho fallecidos a lo largo de aquella jornada.
Mientras tanto, se formaron columnas de personas desde las laderas cercanas y se produjeron embotellamientos en la A7 entre Tetuán y Castillejos. Las autoridades locales marroquíes llegaron a declararse sobrepasadas por los acontecimientos. Los primeros antidisturbios no fueron desplegados en las inmediaciones de Bab Sebta hasta alrededor de las 13.30 horas. Su llegada hizo que una parte importante de quienes permanecían en la zona se arrojara al mar e intentara bordear a nado el espigón.
El informe también analiza retransmisiones realizadas desde la zona durante las concentraciones. En algunas de ellas, en las que se observaba a numerosos ciudadanos marroquíes y también a personas de origen subsahariano, los analistas aseguran que no se apreciaba presencia de fuerzas de seguridad marroquíes.
La crítica alcanza además al relato político de Rabat. El documento sostiene que la crisis dejó patente una “profunda distorsión” entre la visión trasladada por Mohamed VI en su discurso anual a la nación del 29 de julio y la realidad vivida sobre el terreno justo cuando Marruecos buscaba reivindicarse como “un actor de estabilidad y un socio de seguridad fiable”.
Para los autores del análisis, la colaboración marroquí resultaba ya imprescindible para recuperar el control. El mismo informe señalaba que Rabat estaba dispuesto a aceptar las devoluciones de quienes habían entrado en Ceuta aquel día, así como de migrantes con expedientes de expulsión ya cerrados. Los servicios de inteligencia interpretaban ese movimiento también como un intento de dar publicidad a las medidas adoptadas y poner fin a la crisis.
Las alertas previas ya miraban a Marruecos
El tono resulta especialmente relevante al compararlo con los informes elaborados antes del 30 de julio. El 28, el Centro Nacional de Inmigración y Fronteras ya manejaba como hipótesis una posible relajación temporal de los controles marroquíes durante las festividades nacionales, que podía funcionar como mecanismo de presión política y reforzar la percepción de dependencia de España y de la Unión Europea respecto al control migratorio ejercido por Marruecos.
Aquellas primeras notas eran todavía prudentes. Hablaban de un “posible patrón geopolítico” y de señales detectadas en redes, sin acreditar que existiese una decisión deliberada de Rabat para facilitar las entradas. Dos días después, una vez producido el desbordamiento, el análisis ya constataba sobre el terreno la ausencia de una reacción proactiva, la insuficiencia del dispositivo y la llegada del refuerzo antidisturbios varias horas después.
La propia prospectiva del 30 de julio volvía a relacionar el momento elegido con el Día del Trono, una fecha utilizada en convocatorias difundidas en redes sociales para intentar cruzar hacia Ceuta y Melilla. Los analistas señalaban que esos mensajes hacían referencia de forma recurrente a una supuesta relajación de los controles fronterizos marroquíes durante las celebraciones.
El informe advertía además de que el fuerte impacto de la entrada de aquel día podía alimentar nuevos movimientos hacia la frontera. Ya se habían detectado desplazamientos hacia Ceuta desde distintas ciudades de Marruecos e incluso desde Nuadibú, en Mauritania, y se temía que la difusión en redes actuara como catalizador para nuevas llegadas y extendiera la presión hacia Melilla y las islas Chafarinas.
La previsión interna llegaba a manejar más de 20.000 cruces y advertía de que un escenario de esa magnitud comprometería seriamente las estructuras sanitarias y asistenciales de Ceuta. Para entonces, la propia inteligencia española había dejado escrito que recuperar el control de la frontera dependía de manera esencial de la participación de las autoridades marroquíes.
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