Irán ha anunciado este miércoles un acuerdo con Omán sobre las coordenadas de una nueva ruta de navegación por el estrecho de Ormuz. Los dos países ribereños han fijado el trazado que deberán seguir los buques y preparan una declaración conjunta para recoger los principales puntos del entendimiento.
"Las coordenadas geográficas de la ruta propuesta han sido acordadas por ambas partes", ha confirmado el portavoz del Ministerio iraní de Exteriores, Ismail Bagaei. El texto se encuentra en su fase final de revisión y redacción, siempre que determinadas "terceras partes" no obstaculicen el proceso.
La alusión apunta directamente a Estados Unidos. Teherán mantiene que cualquier acuerdo con Omán resultará insuficiente para garantizar la seguridad mientras continúe el bloqueo naval estadounidense sobre los puertos y los buques iraníes.
Las conversaciones se han desarrollado durante los últimos dos meses y abarcan los aspectos técnicos, jurídicos, medioambientales y de seguridad del nuevo corredor. Irán y Omán estudian también un mecanismo conjunto para regular el tráfico por una vía que conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y concentra buena parte del comercio energético mundial.
El alcance del pacto puede superar la simple delimitación de una ruta. Fuentes iraníes y regionales citadas por 'Reuters' aseguran que el esquema entregaría a Teherán el control de los barcos que entren al Golfo, una de las principales exigencias planteadas por la República Islámica desde el inicio de las negociaciones.
Todavía falta por definir cómo se realizarán las inspecciones, qué capacidad tendrá Irán sobre los buques de salida y si las embarcaciones deberán pagar por los servicios de seguridad. Teherán reclama tarifas de entre el 5% y el 7% del valor de la carga, Omán plantea porcentajes más reducidos y Washington rechaza cualquier peaje obligatorio.
Trump amenaza con nuevos ataques
El anuncio iraní ha llegado después de que Donald Trump asegurara que el estrecho abriría "muy pronto". El presidente de Estados Unidos ha vuelto a acompañar su supuesto optimismo negociador con una amenaza militar directa contra Teherán.
"Si vuelven a echarse atrás, recibirán un duro golpe", afirmó durante una entrevista en 'Fox News'. Trump también ha definido este momento como la "última oportunidad" de Irán para firmar un "buen acuerdo" y ha vinculado la reapertura de Ormuz con la renuncia iraní a desarrollar armas nucleares.
El mandatario estadounidense asegura que suspendió durante el fin de semana un nuevo ataque de gran alcance para conceder margen a la diplomacia. Según su versión, las conversaciones avanzan favorablemente y durante el martes se celebró una negociación que se prolongó durante todo el día.
Irán rechaza ese relato y afirma que únicamente está negociando con Omán. Teherán sostiene que Washington carece de participación directa, mientras el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, asegura que su país se encuentra implicado en los contactos y que se han producido avances.
La contradicción se ha convertido en otra parte del pulso político entre ambos gobiernos. Trump presenta cualquier movimiento como el resultado de su presión militar. Irán reivindica un acuerdo construido entre los dos Estados que comparten las aguas del estrecho y acusa a Estados Unidos de intentar apropiarse de la negociación.
La amenaza estadounidense llega además en un momento delicado para sus Fuerzas Armadas. Meses de operaciones y una nueva campaña de bombardeos en julio han reducido las reservas de varias municiones, mientras Irán conserva capacidad para alterar el tráfico marítimo y responder mediante sus aliados en la región.
Una reapertura todavía pendiente
El acuerdo sobre las coordenadas supone el avance más concreto alcanzado hasta ahora, pero el tráfico por Ormuz continúa muy lejos de recuperar la normalidad anterior a la guerra. El martes cruzaron el estrecho ocho embarcaciones, entre ellas cinco petroleros y tres graneleros. Antes del conflicto lo atravesaban habitualmente entre 130 y 140 buques cada día.

Por esta vía circulaba alrededor de una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado comercializados en el mundo. Su cierre ha obligado a desviar cargamentos, ha encarecido los seguros marítimos y ha provocado fuertes oscilaciones en los mercados energéticos.
Irán asumió el control de facto del estrecho después de que Estados Unidos e Israel iniciaran su ofensiva militar el pasado 28 de febrero. Las partes firmaron el 17 de junio un memorando de entendimiento bajo la mediación de Pakistán y Catar, pero los combates se reanudaron a principios de julio.
Teherán respondió cerrando nuevamente Ormuz y Washington restableció a mediados de julio el bloqueo naval sobre las costas y los puertos iraníes. La República Islámica utiliza desde entonces el control del estrecho como su principal instrumento de presión para exigir el final de las operaciones estadounidenses.
Estados Unidos sostiene que ha ayudado a más de mil buques a atravesar la zona y asegura que mantiene abierta una ruta meridional. Los datos de navegación muestran, sin embargo, un tránsito muy limitado y numerosas compañías continúan evitando el paso por el riesgo de ataques, abordajes y nuevas represalias.
La caída del tráfico también ha trasladado parte de la tensión al mar Rojo. Los hutíes de Yemen han atacado embarcaciones saudíes y han amenazado la principal ruta alternativa utilizada para rodear Ormuz, aumentando la presión sobre los países del Golfo para cerrar cuanto antes un acuerdo.
Irán y Omán deberán concretar ahora las competencias de cada país, el sistema de inspecciones y el posible cobro a las embarcaciones. Hasta que se publique la declaración conjunta, los buques seguirán atravesando de forma limitada un estrecho rodeado por fuerzas iraníes, barcos de guerra estadounidenses y una negociación sometida a nuevas amenazas.
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