La victoria de El-Sayed en Michigan desafía al Partido Demócrata y abre una nueva vía para combatir a Trump desde la izquierda

El médico progresista derrotó a Haley Stevens pese a los más de 30 millones gastados por AIPAC y se medirá a Mike Rogers en una carrera decisiva para el control del Senado

06 de agosto de 2026 a las 20:00h
Abdul El-Sayed gana las primarias del Partido Demócrata de Estados Unidos en Michigan. Fuente: @AbdulElSayed en X
Abdul El-Sayed gana las primarias del Partido Demócrata de Estados Unidos en Michigan. Fuente: @AbdulElSayed en X

Abdul El-Sayed ha convertido unas primarias al Senado en una discusión nacional sobre el futuro del Partido Demócrata. Su ajustada victoria sobre la congresista Haley Stevens lleva hasta un estado bisagra la ola progresista que ya impulsó a Zohran Mamdani en Nueva York y plantea una pregunta que acompañará al partido hasta noviembre. ¿Puede una agenda claramente de izquierdas recuperar a los votantes que Donald Trump atrajo con su discurso populista?

El médico de 41 años se impuso con el 48,5% de los votos frente al 47,5% de Stevens. La diferencia quedó por debajo de los 15.000 sufragios después de un recuento de 13 horas y una participación que superó todas las primarias anteriores al Senado y al Gobierno de Míchigan, además de casi todas las presidenciales celebradas en el estado desde 1978, según los datos recopilados por 'Associated Press'.

El resultado supone una victoria política de enorme valor para la izquierda demócrata, aunque también muestra el tamaño de la división interna. El-Sayed ha ganado la candidatura, pero casi la mitad del partido eligió a una rival moderada, respaldada por la gobernadora Gretchen Whitmer, el senador Gary Peters y buena parte de la dirección demócrata en Washington.

Un golpe al aparato y al dinero de AIPAC

Stevens llegó a las primarias con experiencia en el Congreso, el respaldo de la estructura y una ventaja económica extraordinaria. AIPAC y sus organizaciones vinculadas gastaron cerca de 32 millones de dólares para impulsar su candidatura y frenar a El-Sayed, la mayor inversión realizada por el grupo de presión proisraelí en una sola contienda electoral. El conjunto de organizaciones externas favorables a la congresista dedicó alrededor de 50 millones a la campaña.

El-Sayed convirtió esa desventaja en el centro de su candidatura. Presentó el dinero de AIPAC como la prueba de una política condicionada por multimillonarios, grandes empresas y grupos de interés capaces de inundar las televisiones con publicidad. Su mensaje encontró espacio entre unos votantes cansados de un partido que perdió la Casa Blanca en 2024 y todavía busca una respuesta reconocible al segundo mandato de Trump.

La derrota de Stevens también confirma la ruptura del antiguo consenso demócrata sobre Israel. El-Sayed ha calificado de "genocidio" la ofensiva israelí sobre Gaza, reclama el final de la ayuda militar incondicional y relaciona cada envío de armamento con el dinero que Washington deja de invertir en escuelas, hospitales o vivienda dentro del país.

La posición conecta con un cambio que ya aparece en las encuestas. Un estudio de Gallup publicado en febrero situó en el 41% a los estadounidenses que sienten mayor simpatía por los palestinos, frente al 36% que se inclina por los israelíes. Entre los demócratas, el desplazamiento resulta todavía más profundo. La defensa automática del Gobierno de Benjamín Netanyahu se ha convertido en una carga dentro de amplios sectores progresistas, jóvenes e independientes.

El-Sayed también ha rechazado las acusaciones de antisemitismo lanzadas durante la campaña. Tras su victoria aseguró que su compromiso con la seguridad de los judíos estadounidenses es el mismo que mantiene con sus propias hijas. Su posición distingue entre la comunidad judía, el Estado de Israel y el poder político de AIPAC, una separación que Trump ya intenta borrar mediante ataques personales.

Una izquierda que vuelve a hablar del bolsillo

Hijo de inmigrantes egipcios y nacido en Míchigan, El-Sayed estudió Medicina en la Universidad de Columbia y obtuvo un doctorado en Salud Pública en Oxford. Dirigió el Departamento de Salud de Detroit y posteriormente los servicios de Salud, Servicios Humanos y Veteranos del condado de Wayne. En 2018 intentó ser candidato a gobernador, pero perdió las primarias frente a Whitmer con algo más del 30% de los votos.

Ocho años después regresa con una campaña más sencilla y mejor conectada con las preocupaciones cotidianas. Defiende una sanidad pública universal, impuestos más altos para las grandes fortunas, medicamentos más baratos, vivienda accesible y una reforma profunda de la financiación electoral. Su programa oficial concentra esas propuestas en tres frases que ha repetido durante toda la campaña. Dinero fuera de la política, dinero en el bolsillo de los ciudadanos y Medicare para todos.

El mensaje con el que celebró la victoria resume su principal apuesta. El-Sayed intenta disputar a Trump el populismo económico, un terreno que los republicanos han utilizado durante una década para presentarse como defensores de los trabajadores mientras impulsan rebajas fiscales para las grandes fortunas y reciben cantidades récord de donantes empresariales.

Su candidatura comparte con Mamdani una comunicación directa, un uso eficaz de las redes y la prioridad concedida al coste de la vida. Míchigan presenta una dificultad mayor que Nueva York. Es un estado industrial, con amplias zonas rurales, una importante población afroamericana y una larga tradición de voto dividido. El-Sayed tampoco pertenece a los Socialistas Democráticos de América y evita una etiqueta que sigue provocando rechazo entre parte del electorado.

La fórmula progresista que propone combina servicios públicos, patriotismo económico y rechazo al poder de las élites. Su campaña habla menos de categorías ideológicas y más del precio de la comida, la vivienda, los medicamentos o la gasolina. Ahí se encuentra su principal oportunidad para entrar en barrios obreros donde el mensaje demócrata perdió fuerza y Trump consiguió presentarse como una ruptura con Washington.

Míchigan decidirá si la fórmula puede derrotar al trumpismo

El examen definitivo llegará el 3 de noviembre frente al republicano Mike Rogers, exagente del FBI, antiguo presidente del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes y candidato respaldado por Trump. Rogers ya perdió por muy poco otro escaño al Senado en 2024 y ha orientado su nueva campaña hacia una defensa cerrada de la agenda de la Casa Blanca.

Míchigan dejó entonces dos resultados que explican su complejidad. Trump venció a Kamala Harris por alrededor de 80.000 votos, mientras la demócrata Elissa Slotkin derrotó a Rogers por solo 19.006 sufragios en la misma jornada. Una parte del electorado apoyó al republicano para la Presidencia y eligió después a una demócrata para el Senado.

Los primeros datos tampoco sostienen la seguridad con la que Trump celebra la candidatura de El-Sayed. La media de sondeos recopilada por 'RealClearPolitics' sitúa a Rogers en el 44,3% y al demócrata en el 44%. La diferencia de tres décimas convierte la carrera en un empate y anticipa una campaña especialmente dura.

Trump respondió al resultado con su repertorio habitual de insultos. Presentó a El-Sayed como un "comunista fracasado" que "odia a los judíos y a Israel" y aseguró que su victoria era una gran noticia para los republicanos. El ataque adelanta la estrategia de noviembre. La campaña ultra intentará convertir la religión musulmana del candidato, sus críticas a Israel y sus propuestas sociales en una amenaza para el conjunto del estado.

El-Sayed necesita impedir que esa batalla cultural desplace la conversación económica. También debe recuperar a los votantes de menores ingresos, afroamericanos y de zonas rurales que apoyaron mayoritariamente a Stevens, además de tranquilizar a una parte de la comunidad judía que recibió con preocupación sus mensajes sobre Israel. La congresista derrotada ya ha ofrecido su apoyo y la dirección nacional ha comenzado a cerrar filas después de una campaña muy agresiva.

El control del Senado amplía la importancia de esa reconciliación. Los republicanos disponen actualmente de 53 escaños frente a 47 demócratas. Perder el asiento que deja Gary Peters complicaría enormemente cualquier posibilidad de recuperar la mayoría y permitiría a Trump mantener el control sobre la agenda legislativa y los nombramientos judiciales durante los dos últimos años de su mandato.

El 3 de noviembre, El-Sayed tendrá que reunir a las dos mitades del Partido Demócrata y recuperar parte del electorado obrero que Trump arrastró en 2024. De esa tarea dependen el escaño de Míchigan y buena parte de la capacidad del Senado para poner límites a la Casa Blanca.

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Jaime Barrionuevo, redactor de ElConstitucional.es
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