El resurgir de Setúbal como puerto de mercancías se debe a Juan II, impulsor de la Plaza Bocage, corazón de una ciudad que dedica la avenida más larga a Luisa Todi. Si ya es extraño que lleve el nombre de una mujer, que esta sea una cantante lírica,es insólito.
Mantiene a día de hoy la categoría de segundo puerto de mercancías del país; solo Sines, desde donde se distribuye crudo, le supera. Desde Setúbal partían tantos barcos cargados de naranjas que países como Argelia y Rumanía conocían este cítrico con el nombre de Portugal. Siglos antes los fenicios y romanos trabajaban el salazón, elaboraban garum – las ruinas se pueden visitar en el interior de la oficina de turismo- y producían sal en el estuario del río Sado. La actividad actual del puerto es menos poética pero rentable, procurando que muchos vehículos WW hagan sus primeros km por mar hasta llegar al destino.
La ciudad de 125.000 habitantes tiene el privilegio de mirar de frente a la deseada península de Troia en la que tienen casa Nicole Kidman o José Mourinho, y son asiduos Harry y Meghan, Rania de Jordania o Louboutin. Todos disfrutan de playas salvajes y campos de golf pero, si quieren comprender la historia setubalense necesitan visitar la Mercearia Confiança de Troino, una centenaria tienda de ultramarinos donde compraban los pescadores, moradores del barrio más antiguo, y las mujeres que trabajaban en las 40 fábricas de conserva que llegó a haber.

A pocos minutos caminando por el centro de la ciudad, la Plaza Bocage rinde homenaje al poeta cuya estatua se eleva sobre un pedestal enclavado sobre restos de antiguas fábricas de salazón sin perder de vista el ayuntamiento modificado por última vez un día antes de la revolución de los claveles, ni la iglesia de San Julián, con sus portales manuelinos capaces de resistir el envite del terremoto de Lisboa.

En el número 163 de esa larga calle Luisa Todi, se encuentra el Mercado do Livramento, un emblema de lo más instagrameable y razón por la que acuden a Setúbal muchos visitantes. Quienes no fallan nunca son los pescadores que acuden a primera hora de la mañana para descargar sus barcas y poner a disposición de los clientes el resultado de su pesca.

Otra buena razón para visitar la ciudad es la iglesia del Antiguo Convento de Jesús, donde residían las clarisas, cuna del manuelino y lugar en el que se ratificó el tratado de Tordesillas.

Y, pese a no tener, como todos los pueblos altos de los alrededores de Lisboa, un castillo de la época musulmana, Setúbal tiene la fortaleza de San Felipe y restos de la muralla que le protegían.