La crisis en Ceuta ensancha el terreno de la ultraderecha racista: Núcleo Nacional, SALF y Vox compiten por el relato de “salvar la patria” mientras el temor recorre Europa

A la falta de previsión del Gobierno ante la crisis se suma la estrategia de la ultraderecha, que, bajo múltiples siglas, difunde odio, sacude el miedo y busca subvertir el orden establecido.

02 de agosto de 2026 a las 09:47h
EuropaPress 7698693 eurodiputado lider acabo fiesta salf luis alvise perez increpado escoltado
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No hay novedad en la idea de que la ultraderecha difunde odio. Lo hace de forma recurrente, respondiendo a un esquema sobre el que construye su ideario político. Pero tras lo sucedido en Ceuta esta semana —una crisis ante la que la falta de previsión por parte del Gobierno de España resulta evidente y que, de haberse anticipado, podría haberse evitado—, gran parte del debate público ha terminado marcado por los movimientos de los partidos y grupos de extrema derecha.

Llevamos años asistiendo a un auge de corrientes ultras que ganan fuerza y protagonismo capitalizando crisis de diversa índole. Absorben y utilizan el sufrimiento de quienes padecen situaciones como el asalto masivo a Ceuta para ensanchar su caudal político. La peor cara de esta crisis, sin embargo, son las 67 personas fallecidas —una cifra que podría aumentar—. Esas son las consecuencias más dramáticas de una situación que, para algunos, termina convertida en una oportunidad para alimentar discursos de odio.

Ante este escenario, diversos autores y expertos, como el historiador Carles Viñas (Barcelona, 1972), han reiterado durante los últimos meses la necesidad de no abandonar ningún espacio para plantar batalla ante quienes blanquean estos fenómenos.

Es el marco en el que se explica lo sucedido en las últimas horas. Con la bandera del odio siempre lista y cuando la situación sobre el terreno estaba prácticamente resuelta —la práctica totalidad de las personas había emprendido ya el camino inverso para volver a Marruecos en menos de 48 horas, según el Ministerio de Exteriores—, la ultraderecha se plantó con diversas convocatorias en el centro de la Ciudad Autónoma. Con lo que tal vez no contaban era con que todo quedaría resuelto antes de tiempo.

Pero ¿con qué objetivo están en Ceuta?

Salvar la patria.

Los ceutíes se rebelan y plantan cara a los ultras

En el mismo lugar —la plaza de los Reyes de Ceuta— y a diferente hora —Núcleo Nacional a las 18:00 y Se Acabó la Fiesta a las 20:00—, algunas facciones de estos dos grupos ultraderechistas y neonazis se dieron cita la tarde del sábado en el centro de la Ciudad Autónoma.

Sin capacidad para resolver ni una sola de las múltiples derivadas que dibuja la compleja situación que Ceuta ya vivió en 2021 y que depende, en gran medida, de la predisposición de Marruecos y de nuevos planes de prevención por parte del Gobierno de España, personajes como Alvise Pérez, líder de Se Acabó la Fiesta, el agitador Vito Quiles —que así ha tenido la excusa de seguir con su gira iniciada durante el curso— o miembros neonazis de Núcleo Nacional hicieron acto de presencia en el centro de la ciudad, donde fueron increpados por los propios ciudadanos que residen allí.

La Policía Nacional tuvo que intervenir en la zona ante la llegada de innumerables vecinos que increpaban a los ultras al grito de “¡iros de aquí!” o “¡nosotros también somos españoles!”. Otros ciudadanos congregados en la zona reprocharon la presencia del líder de SALF y de Quiles en la ciudad en plena crisis migratoria. “Estamos sufriendo y vosotros os aprovecháis de la situación”, expresaron.

Además, unos 20 integrantes de Núcleo Nacional —algunos con la cara cubierta, como los ladrones que atracan una joyería— tuvieron que ser escoltados por la Policía Nacional hasta el puerto de Ceuta, tras las protestas de ciudadanos ceutíes de origen marroquí.

Con un ambiente caldeado y con los ceutíes, que son quienes han padecido la situación, relegados a un segundo plano por los ultras, el desfile de los salvapatrias no ha terminado. Este domingo, la ciudad será visitada por el líder de Vox, Santiago Abascal, que aprieta las tuercas al PP en las comunidades en las que gobiernan de forma conjunta.

Explicaciones simplistas, discursos de odio y viraje hacia lo ultra

Los principales grupos de la oposición, Partido Popular y Vox, que aspiran a gobernar el país tras las próximas elecciones, saben que las relaciones con Marruecos son una pieza fundamental para contener el movimiento migratorio en la frontera del Tarajal.

El PP, que ya ha gobernado España, ha tenido que mantener relaciones con Rabat en el pasado y previsiblemente no las romperá —por mucho que ahora eleve la crítica e insista en que el Gobierno sabía lo que iba a suceder— si vuelve a la Moncloa.

Lo que sí se está produciendo ya es un efecto dominó que la formación de Santiago Abascal suele aplicar ante este tipo de situaciones: nacionalizar un mensaje desde el lugar de los hechos y trasladarlo al conjunto de los territorios en los que tiene responsabilidades.

Así, Vox ya ordenó suspender, en los cuatro gobiernos regionales en los que tiene poder, las ayudas a las ONG “que colaboren o financien la invasión migratoria de Ceuta”, con el objetivo de “impedir que ni un euro público acabe financiando a quienes amparan” esa invasión.

Un término, el de la invasión, que, a diferencia de lo ocurrido en 2021, también ha empleado este fin de semana el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo.

Mientras, en la última gran crisis, hace cinco años, Feijóo aseguró: “es el momento de la unidad. No se debe utilizar el lenguaje bélico (…) debemos seguir hablando con Marruecos, es aliado, vecino y cliente de España”.

Esta vez ha preferido emplear términos como la “España calcinada” o “invadida”. Un endurecimiento del discurso que se explica por dos motivos: el primero, por el intento permanente, en su labor de oposición, de expulsar a Sánchez de la Moncloa; y el segundo, por la competición directa de Vox, que no solo roba votos al PP, sino que también se beneficia de este tipo de situaciones.

La consecuencia es un desplazamiento progresivo del marco político. Cuando el discurso de la ultraderecha se incorpora al debate de los partidos tradicionales, aunque sea con matices o con objetivos electorales diferentes, el terreno de juego cambia. Y en ese terreno, las explicaciones complejas pierden espacio frente a los mensajes simples, emocionales y construidos sobre el miedo.

El fantasma de la inmigración recorre Europa

La reacción de algunos países europeos, entre otros, las vecinas Francia e Italia, evidencia que el fantasma y el temor a la inmigración recorren buena parte del club comunitario.

España, una de las pocas potencias socialdemócratas, se ha quedado sola en la defensa de algunos valores, con el Gobierno  defendido recientemente, por ejemplo, la regularización de personas migrantes. Un proceso que cerró sus plazos el pasado mes de enero, pero que PP y Vox han empleado para señalar un “efecto llamada”, al que se han sumado otras potencias de la UE. Incluida la socialdemócrata Dinamarca, que lideró junto a la mandataria ultraderechista italiana Giorgia Meloni el escrito en el que pedían mano dura contra las llegadas masivas.

Con todo, Pedro Sánchez parece estar dispuesto a plantar cara a la “insolidaridad” y el “egoísmo”, dicen en la Moncloa, que han mostrado estos países y que el propio presidente criticó en un escrito remitido a Bruselas.

No es la primera vez que Sánchez se queda solo ante conflictos internacionales, como el genocidio en Gaza cometido por Israel o la guerra emprendida contra Irán por parte de EE. UU. Sin embargo, esta vez, la batalla, además de exterior, es sobre todo interior, ante un PP cada vez más a la derecha y un Ejecutivo que busca seguir sosteniendo el dique de contención.

Porque Ceuta no es solo el escenario de una crisis migratoria ni el tablero de una disputa política. Es también el lugar en el que decenas de personas han perdido la vida y donde una ciudad entera ha tenido que afrontar una situación de enorme gravedad. Convertir ese sufrimiento en combustible electoral puede ser rentable a corto plazo, pero tiene un coste democrático evidente: desplaza el debate sobre las soluciones y lo sustituye por una competición para ver quién formula el mensaje más contundente, quién eleva más la voz y quién consigue presentar al otro como una amenaza.

La ultraderecha conoce bien ese terreno. Su estrategia consiste, precisamente, en convertir el miedo en identidad y la crisis en oportunidad. El riesgo aparece cuando ese marco deja de ser marginal y empieza a condicionar el discurso del conjunto de la política.

Y, mientras unos compiten por el relato de “salvar la patria”, la realidad sigue siendo mucho más incómoda: hay 67 personas fallecidas, una cifra que podría ser todavía mayor, y una crisis que exige respuestas políticas, mucha diplomacia y colaboración comunitaria, no consignas.

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Sobre el autor
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Iker Ibáñez

Cronista parlamentario

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