El panorama electoral de la izquierda alternativa se complica por una fractura que va más allá del reparto de puestos en las listas. Lo que en 2023 se logró en el último minuto, esta vez ha sido imposible. Podemos y el Frente Amplio concurrirán por separado en la mayoría de los territorios, con solo dos excepciones: Canarias y la Comunitat Valenciana.
La ruptura deja una paradoja política difícil de esquivar. Las formaciones que apelan a la unidad para frenar a las derechas no han sido capaces de construir una candidatura común. Las diferencias estratégicas, los vetos cruzados y la pugna por los espacios de representación han terminado imponiéndose sobre el objetivo compartido que ambas direcciones dicen defender.
Sumar, ahora bajo la marca del Frente Amplio, ya intentó en 2023 acabar con Podemos como referente de la izquierda alternativa. Ahora, los morados buscan, a pesar del riesgo que entraña concurrir por separado, convertirse en el único referente de ese espacio político. En paralelo, Gabriel Rufián, que ahora reconoce el “fracaso” de las negociaciones, tenía como prioridad acabar con los Comunes en Cataluña, una estrategia que también ha condicionado el escenario de división.
Las direcciones de Podemos y el Frente Amplio, al igual que Gabriel Rufián desde ERC, han priorizado sus respectivas estrategias y han centrado buena parte del debate en los personalismos. Las últimas ofertas, lanzadas cuando el plazo estaba a punto de expirar, no han servido para cerrar un acuerdo, pero sí para alimentar un relato de reproches cruzados. Cada parte busca acreditar que hizo lo posible y trasladar a la otra la responsabilidad del fracaso.
El resultado aboca a la izquierda alternativa —el espacio situado en el tablero ideológico a la izquierda del PSOE— a una posición más complicada de cara a las próximas elecciones. La disputa por explicar la ruptura amenaza así con convertirse en una batalla paralela a la electoral, mientras las formaciones afrontan una campaña marcada por la división y la dificultad para presentarse como una alternativa cohesionada.
Fuera de juego
A punto de que expirara el plazo para registrar coaliciones electorales, Podemos ofreció a los partidos del Frente Amplio alcanzar acuerdos en varios territorios, pero no en Madrid, donde los morados consideran que concurrir por separado no penaliza el voto, ni en Cataluña, donde ya tienen un acuerdo con ERC.
Previamente, el Frente Amplio había detallado en un comunicado una propuesta “concreta y real” trasladada a Podemos. La oferta incluía un puesto de salida “prioritario” por Madrid y Cataluña y, en opinión de la formación, podía “dar respuesta a las expectativas” de los morados.
La formación que dirige Mónica García daba así un paso al frente y planteaba un ofrecimiento que días atrás no había puesto sobre la mesa en esos términos. Hasta entonces, el planteamiento de las listas por Madrid no contemplaba un encaje que satisficiera a Podemos o Izquierda Unida.
Las propuestas llegaron cuando el margen para negociar estaba prácticamente agotado. El intercambio de ofertas no bastó para desbloquear las conversaciones ni para evitar una ruptura que deja en evidencia la distancia entre los discursos de unidad y la capacidad de las direcciones para materializarlos.
Sin salvar los muebles
Fuera de las dos principales plazas, Madrid y Cataluña, donde Podemos, el Frente Amplio y ERC han quedado atrapados en sus estrategias y en los vetos cruzados, algunos acuerdos territoriales han permitido mantener espacios de colaboración.
Pero el balance es limitado. Podemos y el Frente Amplio solo han cerrado acuerdos en Canarias y en la Comunitat Valenciana. En el primer caso, junto a Nueva Canarias-Bloque Canarista; en el segundo, dentro de una coalición liderada por Compromís y que completan Esquerra Unida del País Valencià, Podem y Esquerra Republicana del País Valencià.
Son dos excepciones que conviven con otras alianzas, como la anunciada pasada la medianoche entre el PSOE y el Frente Amplio, que concurrirán con listas conjuntas al Senado.
Estos acuerdos demuestran que las alianzas siguen siendo posibles cuando existe voluntad de alcanzarlas. La cuestión es por qué esa voluntad no ha sido suficiente para articular una candidatura conjunta en el conjunto de la izquierda alternativa.
“Dar la batalla”
Ante las mismas preguntas, las direcciones de ambos espacios recurren a argumentos coincidentes. Tanto en Podemos como en la cúpula que ha trabajado para transformar Sumar en el Frente Amplio, defienden haber hecho todo lo posible por alcanzar un acuerdo y se “lamentan” por un resultado que “no era el deseado”.
También consideran que, dadas las circunstancias, solo queda “dar la batalla” para arrebatar terreno “a las derechas” y buscar la manera de reeditar la fórmula para un futuro gobierno progresista.
El discurso mira ahora hacia delante, pero no resuelve la contradicción que deja la negociación: quienes apelan a la unidad para frenar a las derechas no han conseguido ponerse de acuerdo sobre cómo presentarse ante los electores.