Pedro Sánchez no viajó a Ankara para una cumbre cómoda. Llegó con Donald Trump presionando por el 5% del PIB en gasto militar, con la guerra de Irán reabierta por Washington y con España señalada por no plegarse al guion del presidente estadounidense. Salió con el 2,1% intacto, una nueva misión en Finlandia y Bruselas recordando que las amenazas comerciales contra un solo Estado miembro tienen poco recorrido dentro de la Unión Europea.
La cumbre de la OTAN deja una fotografía útil para Moncloa. España no ha aceptado el salto al 5%, pero tampoco ha quedado fuera de la foto aliada. Sánchez ha defendido que el país cumple por capacidades, despliegues, apoyo a Ucrania e inversión real en defensa. La declaración final de Ankara vuelve a recoger el compromiso con la defensa colectiva y con Ucrania, aunque el Gobierno español ha puesto el acento donde quería ponerlo desde hace meses: menos porcentaje desnudo y más contribución concreta.
Sánchez lo resumió con una idea que en Moncloa quieren fijar como marco de la semana. España ha llegado a la cumbre con “los deberes hechos”. El presidente defendió que el gasto en defensa ha pasado del 0,9% del PIB en 2018 al 2,1% en 2026, que España está entre los aliados con mayor grado de cumplimiento de objetivos y que mantiene cerca de 3.000 efectivos en misiones y operaciones de la Alianza.
El 2,1% deja de ser solo una cifra
La gran pelea política de Ankara no ha sido solo presupuestaria. Ha sido de relato. Trump quería convertir el 5% en prueba única de lealtad. Sánchez ha intentado mover el foco hacia las capacidades que cada país pone a disposición de la OTAN.
Ahí encaja el anuncio de que España se sumará a la misión de Fuerzas Terrestres Avanzadas en Finlandia, destinada a reforzar la vigilancia y la disuasión en el Ártico y el Alto Norte. La participación concreta se definirá en septiembre, pero el mensaje ya está lanzado. Un país del sur de Europa entra en una misión del norte para demostrar que su compromiso no se limita al flanco mediterráneo.
El Gobierno también ha reivindicado el papel de España en operaciones navales, aéreas y terrestres, además de la formación de militares ucranianos y el apoyo al flanco este. En la sala de Ankara, según Sánchez, varios líderes agradecieron la contribución española. El turco Recep Tayyip Erdogan lo hizo por la batería Patriot desplegada en su territorio.
La posición española tiene una parte técnica y otra política. La técnica pasa por cumplir los objetivos asignados por la Alianza. La política consiste en defender que el rearme no puede vaciar el Estado del bienestar ni someter la seguridad europea a la agenda industrial de Washington.
Trump grita, Bruselas pone el límite
Trump volvió a cargar contra España con dureza. La llamó “causa perdida”, “aliado terrible” y pidió cortar el comercio, incluso las visitas. Lo hizo por el gasto militar y también por la falta de apoyo español a su nueva ofensiva contra Irán, incluida la negativa a facilitar determinadas operaciones desde bases en territorio español.
Moncloa optó por no entrar en el barro. Sánchez contó que habló con Trump de fútbol y del Mundial, sin tirantez y con cordialidad, y que afrontan con "calma y paciencia" las palabras del líder norteamericano. Además, resaltó que pese a Trump en España se mantiene una excelente relación con Estados Unidos y llamó a la calma de empresas, inversores y ciudadanos. La anécdota puede parecer menor, pero explica la estrategia del Gobierno. No alimentar la bronca, no personalizar el choque y dejar que las instituciones europeas respondan donde deben responder.
Bruselas lo hizo. La Comisión Europea recordó que la política comercial se negocia desde la UE, no país por país, y pidió a Washington que respete los compromisos del pacto comercial transatlántico. También dejó claro que protegerá los intereses de todos los Estados miembro.
Además, es importante apuntar que Estados Unidos mantiene superávit comercial con España y buena parte de los vínculos económicos los sostienen empresas, inversiones y cadenas privadas que no se rompen con una frase desde Ankara.
Mark Rutte también ayudó a enfriar el golpe. El secretario general de la OTAN habló de una cumbre de unidad, elogió el liderazgo de Trump para empujar el gasto europeo, pero reconoció que España ha dado “un gran paso” al superar el 2%. Su papel fue el de siempre desde que llegó a la Alianza: sostener a Trump en público lo suficiente para mantenerlo dentro, sin romper del todo los equilibrios internos.
Irán marca el fondo incómodo de la cumbre
La tensión con España no se entiende sin Irán. Trump llegó a Ankara dando por terminado el entendimiento con Teherán y defendiendo nuevos ataques estadounidenses. También reprochó a varios aliados su falta de respaldo militar. España aparece en ese choque por su resistencia a implicarse en una escalada que el Gobierno considera ajena a los intereses de seguridad europeos.
Sánchez ha intentado ocupar un espacio difícil. Mantiene su liderazgo en el no a la guerra de Oriente Próximo. El Gobierno sigue siendo dique frente a una política exterior estadounidense cada vez más imprevisible.
No es una posición sin coste. Trump la utiliza para golpear a España y la derecha la traduce en pérdida de peso internacional. Pero también tiene un rendimiento político claro para Sánchez. Refuerza su perfil europeo, le permite hablar de autonomía estratégica y conecta con una parte del electorado que rechaza una carrera armamentística dictada desde Washington.
El PP ha intentado moverse con cuidado. Juan Bravo censuró las “frases grandilocuentes” de Trump y defendió que, entre España y el presidente estadounidense, primero están los españoles. Rafael Hernando calificó de “impresentable” atacar a un país por no hacer lo que Trump exige. Pero el PP no soltó a Sánchez. La lectura de Génova sigue siendo que el Gobierno ha debilitado la presencia internacional de España.
La ultraderecha Vox quedó en una posición más incómoda. Santiago Abascal atribuyó las amenazas de Trump a la falta de credibilidad del Gobierno y evitó una condena frontal al presidente estadounidense. El trumpismo español vuelve a tener el mismo problema de siempre cuando Trump carga contra España: convertir el ataque exterior en munición interna y no incomodar a su gran amo ultra.
Ucrania, industria y una OTAN más europea
La cumbre de Ankara no se cerró solo con el ruido de Trump. La OTAN reafirmó el compromiso con el Artículo 5, señaló a Rusia como amenaza a largo plazo y pactó mantener el apoyo militar a Ucrania con 70.000 millones de euros en equipamiento, asistencia y formación este año y un nivel similar para 2027.
También hubo mensaje industrial. Los aliados anunciaron más de 50.000 millones de dólares en nuevas adquisiciones y pusieron el foco en defensa aérea, drones, precisión de largo alcance, inteligencia y producción común. Rutte lo vendió como una OTAN más fuerte y una Europa con más responsabilidad dentro de la Alianza.
Para España, esa parte importa tanto como el choque con Trump. El Gobierno quiere estar en el reparto de capacidades, industria y tecnología sin aceptar que el debate se reduzca a una subasta de porcentajes. Por eso Sánchez insiste en una OTAN “más fuerte, más eficaz y más europea”.
La mañana después de Ankara deja a Moncloa con una idea que puede trabajar políticamente: España ha resistido el ataque más duro de Trump, ha sumado presencia militar en el norte, ha mantenido su límite presupuestario y ha encontrado en Bruselas un escudo jurídico y político frente a la amenaza comercial.
Mientras tanto en España... el PP volverá a tumbar en el Senado el tratado de amistad con Francia
La agenda exterior de Sánchez tendrá este jueves otra prueba en Madrid. El Senado votará el requerimiento al Tribunal Constitucional impulsado por el PP contra el Tratado de Amistad y Cooperación entre España y Francia, firmado por Sánchez y Emmanuel Macron en Barcelona en enero de 2023.
El texto ya fue aprobado por el Congreso en junio y Francia lo ratificó en marzo de 2025. El PP, con mayoría absoluta en la Cámara Alta, cuestiona la cláusula que prevé la participación rotatoria de ministros de un país en reuniones del otro. El Gobierno y París aclararon mediante cartas interpretativas que esa presencia sería en los márgenes del Consejo de Ministros, en encuentros separados y sin formar parte de la reunión ejecutiva.
Exteriores acusa al PP de bloquear un acuerdo estratégico con el principal vecino de España y uno de sus grandes socios económicos. El calendario añade presión. Sánchez viajará el 14 de julio a París como invitado a los actos de la Fiesta Nacional francesa. Si el Senado aprueba el requerimiento, el tratado volverá a quedar congelado antes de que el presidente pise el Elíseo.
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