TikTok se ha convertido en un nuevo frente de campaña para el PP, el PSOE, Vox y Sumar, que ya no se limitan a publicar mítines o intervenciones y ahora compiten con memes, audios virales y referencias a la cultura popular para difundir sus mensajes durante la precampaña de las elecciones generales del 29 de noviembre.
El cambio es visible en las cuentas oficiales. El PSOE ha usado imágenes de Lydia Lozano y María Patiño para defender las pensiones, mientras que el Partido Popular ha recurrido a celebraciones de futbolistas para animar a sus seguidores a acudir a las urnas.
La estrategia no se reduce a trasladar el discurso institucional a otro soporte. Los partidos están ajustando el formato al lenguaje de la plataforma, con vídeos breves, ironía y referencias reconocibles, porque en TikTok la competencia por unos segundos de atención pesa tanto como el propio contenido.
Tener presencia en plataformas como TikTok o Instagram Reels no es una cuestión menor. A través de estos canales, los partidos buscan acercarse a un público clave: los jóvenes. Conocer sus códigos, referencias culturales y formas de humor les permite adaptar sus mensajes a un lenguaje más cercano y captar la atención de quienes constituyen una parte importante del electorado.
La apuesta por estos formatos tiene también una ventaja práctica: no requiere necesariamente grandes presupuestos de producción. Un vídeo breve, una escena conocida de una serie o un audio viral pueden convertirse en una pieza de campaña sin necesidad de un despliegue audiovisual complejo. Sin embargo, la difusión directa tiene otra cara: el mensaje llega al usuario sin pasar necesariamente por el filtro de contextualización de los medios de comunicación, lo que puede dejar fuera matices relevantes.
Humor y cultura popular para entrar en el flujo de la plataforma
El uso de memes permite condensar una crítica, una defensa o una consigna en una escena que el usuario identifica de inmediato. El mensaje viaja más rápido, aunque a costa de simplificar el argumento y de depender de que la referencia cultural sea reconocible para quien la recibe.
Ese formato también permite que los contenidos circulen más allá de las cuentas oficiales de los partidos. Un vídeo político puede aparecer entre piezas de entretenimiento o humor sin que el usuario lo busque expresamente y entrar así en un entorno en el que compite con contenidos de todo tipo por captar la atención en la misma pantalla.
La profesora e investigadora Laura Cervi, especialista en comunicación política y redes sociales en la Universitat Autònoma de Barcelona, explicó a la Cadena SER el 7 de octubre que la plataforma ha alterado el lenguaje político al premiar lo visual, lo rápido y lo emocional. La adaptación, por tanto, no consiste solo en subir un vídeo de campaña, sino en producir piezas pensadas para ese código.
Más alcance no equivale a más votos
La presencia de los partidos en estas plataformas refleja estrategias y niveles de alcance muy diferentes. Vox, partido de ultraderecha, destaca con alrededor de 1,1 millones de seguidores tanto en TikTok como en Instagram, mientras que el PP cuenta con 341.100 en la primera y 189.000 en la segunda. El PSOE, por su parte, suma 264.700 seguidores en TikTok y 225.000 en Instagram, frente a los 101.600 y 218.000 de Sumar, respectivamente. En el caso del recién estrenado Frente Amplio, las cifras son considerablemente menores, con 1.846 seguidores en TikTok y 31.300 en Instagram, según los datos consultados.
Los datos resultan especialmente llamativos al compararlos con el comportamiento electoral. En las elecciones generales de julio de 2023, el PSOE obtuvo un importante respaldo entre los votantes jóvenes, aunque el resultado varió según la franja de edad analizada. La comparación muestra que la presencia digital y el apoyo en las urnas son dimensiones distintas: el número de seguidores permite observar el alcance potencial de una cuenta, pero no determina por sí solo la capacidad de un partido para convencer a los electores.
Un estudio publicado en la Revista Panamericana de Comunicación en 2025 analizó 1.299 vídeos de TikTok del PP, el PSOE, Vox y Sumar difundidos entre enero de 2024 y enero de 2025. La investigación encontró diferencias claras: Vox y Sumar recurrieron con más frecuencia a formatos virales, mientras que el PP apostó más por un discurso crítico con Pedro Sánchez y el PSOE y Sumar tendieron a emplear un tono más positivo.
Vox y la apelación a las emociones
En el caso de Vox, la apelación emocional ocupa un lugar destacado en su estrategia comunicativa. Un estudio de la Universidad de Granada sobre la campaña de las elecciones europeas de 2019 concluyó que el 70 % de los mensajes analizados recurría a las emociones, frente al 20 % que presentaba un carácter más racional. Entre los recursos identificados figuraban el orgullo, la identificación con el propio grupo, el enfado y la inseguridad.
Este tipo de comunicación favorece mensajes directos y fácilmente reconocibles, en los que la carga emocional puede imponerse a la explicación detallada de los argumentos políticos. Aunque el estudio no analiza específicamente TikTok, ayuda a contextualizar una forma de comunicación que puede adaptarse a los formatos breves y virales de la plataforma.
Los datos muestran una presencia política diversa en las redes, pero también un límite evidente. La viralidad no prueba por sí sola una ganancia electoral: las visualizaciones y las interacciones miden el alcance, no necesariamente la persuasión ni el cambio de voto.
El humor, además, puede reforzar a los propios seguidores sin convencer a los contrarios. Incluso puede circular entre usuarios que comparten una publicación para burlarse de ella, de modo que un contenido muy visto no equivale automáticamente a una pieza eficaz en términos políticos.
La apuesta por TikTok refleja, en cualquier caso, que la disputa política española ya no se libra solo en los informativos o en los debates. Los partidos buscan espacio en el móvil con formatos que mezclan actualidad, entretenimiento y cultura popular, mientras queda pendiente demostrar cuánto pesa esa exposición en la decisión final del elector.