Andy Burnham ha sido proclamado este viernes nuevo líder del Partido Laborista y se encuentra ya a un paso de convertirse en primer ministro del Reino Unido. El exalcalde del Gran Mánchester llegará el lunes al número 10 de Downing Street con la promesa de abrir el cambio político más profundo de las últimas cuatro décadas.
Burnham ha recibido el respaldo de 379 de los 403 diputados laboristas y de 23 organizaciones afiliadas, entre sindicatos y sociedades socialistas. Su único camino pendiente pasa por el protocolo constitucional que culminará el lunes, cuando Keir Starmer presente formalmente su dimisión ante el rey Carlos III.
"Estoy preparado", ha proclamado Burnham durante el congreso extraordinario celebrado en la sede londinense del Congreso de Sindicatos. El nuevo líder ha presentado su llegada como una oportunidad para devolver la esperanza a las comunidades trabajadoras que se sienten abandonadas por Westminster.
Cinco compromisos para abrir una nueva etapa
El discurso de Burnham se ha articulado alrededor de cinco grandes promesas. La primera consiste en terminar con las divisiones internas que han desgastado al Partido Laborista durante los últimos años y construir un equipo en el que convivan sus diferentes sensibilidades.
El nuevo dirigente ha prometido respetar a los militantes con opiniones distintas y alejarse de las expulsiones y sanciones utilizadas durante las luchas internas. Su futuro gabinete, todavía en preparación, deberá reflejar "todas las partes" del partido y las distintas comunidades del país.
Burnham ha defendido también una política menos centrada en los enfrentamientos y más orientada a solucionar problemas concretos. Su intención pasa por buscar acuerdos con otras formaciones en asuntos de largo recorrido, especialmente la reforma de los cuidados sociales, la vivienda y la descentralización territorial.
El tercer compromiso marca el giro ideológico que quiere imprimir al Gobierno. "Ganaremos siendo nosotros mismos", ha afirmado antes de asegurar que el laborismo dejará de imitar a conservadores, ecologistas y populistas. "No intentaremos ser más verdes que los Verdes ni más reformistas que Reform", ha resumido.
Las dos promesas restantes sitúan el territorio en el centro de su proyecto. Burnham quiere representar al norte y al sur de Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte y transferir competencias desde Westminster y Whitehall hacia las ciudades y regiones.
Una ruptura con cuatro décadas de neoliberalismo
El nuevo líder laborista ha localizado el origen de buena parte de los problemas británicos en las transformaciones iniciadas durante la década de 1980. Burnham considera que el poder político quedó concentrado en Londres mientras el poder económico pasó a manos privadas durante los gobiernos de Margaret Thatcher.
Su crítica alcanza a la privatización de servicios esenciales como el agua, la energía, el transporte y la vivienda. Según Burnham, ese modelo dejó a los ciudadanos expuestos a precios cada vez mayores y vació de capacidad económica a numerosos pueblos y ciudades industriales.
"El país renunció al control de lo esencial", ha asegurado. El próximo primer ministro defiende que recuperar una mayor capacidad pública sobre estos sectores permitirá contener los precios, reducir la presión sobre el gasto público y mejorar el nivel de vida.
La propuesta aparece en plena crisis de Thames Water, la mayor empresa británica de suministro de agua, que intenta evitar la intervención estatal después de acumular una deuda cercana a los 20.000 millones de libras. Burnham ya había defendido que la compañía regresara al control público.
El dirigente laborista ha evitado prometer una nacionalización general de todos los servicios privatizados. Su modelo combina intervención pública, inversión empresarial y gestión regional, siguiendo la fórmula que aplicó durante su etapa al frente del Gran Mánchester.
Un líder favorable a las empresas y al control público
Burnham ha insistido en que será un dirigente favorable a la actividad empresarial, especialmente a las pequeñas y medianas compañías que sostienen la economía de los barrios y las ciudades. Su proyecto busca reindustrializar las regiones y recuperar empleos estables vinculados a nuevos sectores productivos.
El llamado "Manchesterismo" combina recursos públicos y privados para mejorar el transporte, construir vivienda y regenerar áreas industriales. Durante su etapa como alcalde, Burnham integró los autobuses del Gran Mánchester dentro de la red pública Bee Network y limitó la fragmentación provocada por décadas de liberalización.
También quiere reforzar la educación técnica y profesional para ofrecer a los jóvenes una alternativa real a la universidad. Más de un millón de británicos de entre 16 y 24 años se encuentran actualmente fuera del empleo, la educación y la formación, aproximadamente uno de cada siete jóvenes.
El próximo Gobierno tendrá que convertir esa agenda en medidas financiables. El Fondo Monetario Internacional ha pedido al Reino Unido prudencia ante cualquier nuevo aumento del gasto y ha recomendado mantener la senda de reducción del déficit.
Burnham asegura que respetará las reglas fiscales y que su política económica será responsable. La incógnita se encuentra en cómo financiará simultáneamente los cuidados sociales, la vivienda pública, la reindustrialización y la mejora de los servicios esenciales.
Los cuidados sociales entran en la primera línea
Después de su proclamación, Burnham se ha desplazado hasta Gravesend, en el condado de Kent, donde ha situado la atención a mayores y dependientes entre sus prioridades inmediatas. El futuro primer ministro ha definido el sistema de cuidados como "roto" e injusto para las familias con menos recursos.
Su implicación tiene también un componente personal. Burnham ha explicado en varias ocasiones las dificultades vividas por su familia para atender a su padre, enfermo de alzhéimer. Este viernes ha asegurado que está dispuesto a gastar una parte considerable de su capital político en sacar adelante la reforma.
Alrededor de dos millones de personas mayores viven en Inglaterra con alguna necesidad de atención sin cubrir. Una de cada diez personas mayores de 65 años puede afrontar gastos superiores a las 100.000 libras a lo largo de su vida, debido a un sistema que obliga a numerosas familias a consumir sus ahorros.
Burnham quiere estudiar la creación de un servicio universal de cuidados y acelerar la revisión encargada a la baronesa Louise Casey, cuyo informe definitivo estaba previsto para 2028. El próximo primer ministro podría pedir que sus conclusiones estén listas antes de finalizar 2026.
La financiación continúa abierta. En el pasado propuso sustituir el impuesto de sucesiones por una contribución nacional para los cuidados, aunque posteriormente planteó otras fórmulas para gravar el patrimonio. Cualquier reforma amplia exigirá varios miles de millones de libras adicionales cada año.
Vivienda, coste de la vida y servicios públicos
El nuevo Gobierno hereda una economía con dificultades para crecer y una población castigada por el encarecimiento de la energía, los alimentos y la vivienda. Burnham ha prometido que hacer la vida más asequible será uno de los primeros objetivos de su mandato.
El Ejecutivo laborista se comprometió en 2024 a construir 1,5 millones de viviendas en Inglaterra durante la legislatura. Para cumplirlo necesitaría alcanzar una media de 300.000 casas cada año, mientras en los doce meses anteriores a marzo de 2026 se terminaron unas 204.000.
Burnham propone el mayor programa de vivienda municipal desde la posguerra y más capacidad para que los ayuntamientos construyan casas sociales. La política de vivienda formará parte de su estrategia de devolución de competencias, junto con el transporte y la regeneración de los centros urbanos.
El Servicio Nacional de Salud, la asistencia social y el sistema de prestaciones completan la lista de urgencias. El gasto anual en ayudas por enfermedad y discapacidad para personas en edad laboral ronda los 58.000 millones de libras y podría alcanzar los 78.000 millones en 2030.
Burnham quiere reducir esa factura facilitando el regreso al mercado laboral y evitando recortes generales. Su margen será estrecho después de la rebelión de diputados laboristas que obligó a Starmer a retirar parte de su reforma de las prestaciones.
La misión de detener al líder ultra Nigel Farage
La llegada de Burnham responde también al temor laborista ante el crecimiento de la extrema derecha de Reform UK. La formación ultraderechista de Nigel Farage ha encabezado durante meses varias encuestas y logró arrebatar cientos de concejales a los laboristas en las elecciones locales de mayo.
Burnham recuperó su escaño en la Cámara de los Comunes derrotando con claridad a Reform UK en Makerfield. El candidato laborista consiguió 24.937 votos frente a los 15.696 obtenidos por el aspirante populista en una circunscripción industrial donde el Brexit contó con un amplio apoyo. Esa victoria terminó de convencer a los diputados que buscaban un relevo para Starmer. Ningún dirigente reunió los respaldos necesarios para competir y Burnham quedó como único candidato a las primarias.
Farage le ha definido este viernes como "el gran camaleón de la política británica" y ha calificado su discurso de vacío. El líder de Reform UK reclama elecciones generales inmediatas al considerar que el nuevo primer ministro carece de un mandato directo de los ciudadanos.
Burnham ha evitado anunciar un adelanto electoral. La actual mayoría laborista permite prolongar la legislatura hasta 2029, aunque el nuevo líder tendrá que afrontar la presión de la oposición por convertirse en primer ministro mediante un relevo interno.
Del "rey del norte" a Downing Street
Nacido en Aintree, cerca de Liverpool, en 1970, Burnham creció en una familia trabajadora y se afilió al Partido Laborista con 15 años. Estudió Literatura Inglesa en Cambridge y entró en la Cámara de los Comunes en 2001.
Ocupó diferentes responsabilidades en los gobiernos de Tony Blair y Gordon Brown, entre ellas las carteras de Cultura y Sanidad. Intentó liderar el partido en 2010 y 2015, cuando fue derrotado primero por Ed Miliband y después por Jeremy Corbyn.
En 2017 abandonó Westminster para convertirse en alcalde del Gran Mánchester. Desde ese puesto construyó una imagen de político próximo, defensor de la inversión regional y crítico con las decisiones tomadas desde Londres.
Su enfrentamiento con Boris Johnson durante la pandemia terminó de proyectarlo como el "rey del norte". Burnham acusó al Gobierno conservador de imponer restricciones más duras al Gran Mánchester sin ofrecer una compensación económica suficiente para sus trabajadores y empresas.
También desempeñó un papel destacado en la lucha de las familias de las 97 víctimas de Hillsborough. Impulsó la reapertura de la investigación y defendió una ley que obliga a las autoridades públicas a actuar con transparencia después de grandes tragedias.
Continuidad con Starmer y cambio de rumbo
Burnham ha agradecido a Keir Starmer que recuperara el Gobierno para los laboristas después de 14 años de ejecutivos conservadores. También ha reivindicado los derechos aprobados para trabajadores e inquilinos, la reducción de las listas de espera sanitarias y el regreso del ferrocarril al control público.
Su discurso ha incluido al mismo tiempo una enmienda al rumbo seguido durante los dos últimos años. La promesa de un laborismo más reconocible, la crítica al modelo económico y el compromiso de escuchar a todas las sensibilidades del partido apuntan hacia una etapa diferente.
En política exterior se espera mayor continuidad. Burnham ha respaldado el apoyo británico a Ucrania y ha criticado la inestabilidad generada por Donald Trump. También considera perjudicial el Brexit, aunque descarta plantear el regreso inmediato a la Unión Europea y respeta el resultado del referéndum de 2016.
El cambio de liderazgo dejará al Reino Unido con siete primeros ministros en apenas diez años. Burnham será otro jefe del Gobierno que llega al cargo mediante un relevo interno del partido gobernante, como ocurrió anteriormente con Theresa May, Boris Johnson, Liz Truss y Rishi Sunak.
El lunes comienza el relevo
Starmer comparecerá por última vez ante la residencia de Downing Street y posteriormente acudirá al Palacio de Buckingham para presentar su dimisión al rey Carlos III. Burnham será recibido después por el monarca, que le encargará formalmente la formación del nuevo Gobierno.
El nuevo primer ministro se desplazará desde el palacio hasta el número 10 y pronunciará su primer discurso ante la puerta negra de la residencia oficial. Después comenzará el nombramiento de los principales ministros.
Burnham ha confirmado que se encuentra "ultimando" esas decisiones y que dará a conocer su equipo el lunes. El dirigente asegura que anunciar los nombres antes de asumir oficialmente el cargo provocaría confusión y mantiene bajo reserva la identidad de su futuro ministro de Economía.
Los primeros nombramientos permitirán comprobar el equilibrio interno prometido y la profundidad del cambio respecto al equipo de Starmer. Burnham ha adelantado que durante agosto recorrerá distintas regiones británicas para escuchar a ciudadanos, empresas y autoridades locales antes del regreso del Parlamento.
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