Israel cierra las urnas en unas elecciones decisivas para el futuro político de Benjamin Netanyahu, cuestionado por los fallos de seguridad del 7 de octubre de 2023 y por la guerra de Gaza. Con una oposición encabezada por Gadi Eisenkot y sin una mayoría garantizada en las encuestas, la atención se centra ahora en los primeros sondeos y en la batalla por reunir los apoyos necesarios para gobernar.
El primer ministro, líder del Likud, ha afrontado una jornada que llega tras los atentados del 7 de octubre de 2023 y la guerra en Gaza, mientras Gadi Eisenkot, general retirado y antiguo jefe del Estado Mayor, busca presentarse como la principal alternativa al bloque de Netanyahu.
La Knéset reparte 120 escaños y exige 61 diputados para investir Gobierno, pero ningún bloque llega con esa cifra garantizada. Israel elige en una única circunscripción nacional, con listas proporcionales y una barrera del 3,25 % para entrar en el Parlamento.
Las encuestas publicadas antes de la votación dibujaban un hemiciclo fragmentado: Kantar atribuía al Likud 20 escaños y a Yashar 22; Midgam, 21 y 23, respectivamente. Juntos, la lista vinculada a Naftali Bennett y Yair Lapid, aparecía con 14 o 15, Los Demócratas con 8 o 10 y la Lista Conjunta árabe con 9 en ambos sondeos.
La seguridad, Gaza y la rendición de cuentas siguen mandando
La ofensiva israelí sobre Gaza ha dejado una devastación masiva: decenas de miles de palestinos muertos, cientos de miles de heridos, barrios enteros destruidos y una población sometida a desplazamientos forzosos y a graves restricciones para acceder a alimentos, agua, electricidad y atención médica. La ofensiva y las limitaciones a la entrada de ayuda humanitaria han agravado una crisis que organismos internacionales y organizaciones de derechos humanos llevan años denunciando. En noviembre de 2024, la Corte Penal Internacional emitió una orden de arresto contra Benjamin Netanyahu por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad, incluidos el uso del hambre como método de guerra y el asesinato. Además, el 26 de octubre de 2026, una comisión independiente de investigación de la ONU concluyó que Israel había cometido actos de genocidio en Gaza, también después del alto el fuego.
La campaña se ha concentrado en la responsabilidad por el 7 de octubre, el futuro de Gaza, la cuestión palestina, la reforma judicial y el reclutamiento de los ultraortodoxos. La oposición reclama investigar los fallos de seguridad que dejaron alrededor de 1.200 muertos y 251 secuestrados, Netanyahu defiende su gestión y reivindica las operaciones posteriores. Sin embargo, la ofensiva militar no ha cerrado el debate sobre los fallos que permitieron los atentados ni ha apartado a Netanyahu de las críticas por su responsabilidad política.
Eisenkot exige una comisión estatal de investigación y promete acabar con el poder militar y gubernamental de Hamás en un plazo de 18 meses. Netanyahu, por su parte, basa su campaña en la seguridad nacional y en su experiencia, aunque arrastra el reproche por los fallos previos y un juicio por corrupción.
Las principales candidaturas judías no sitúan la creación de un Estado palestino como eje programático. Al mismo tiempo, las formaciones de extrema derecha Otzma Yehudit y Sionismo Religioso sostienen el bloque del primer ministro, mientras Yisrael Beiteinu añade otra capa de tensión entre votantes seculares y religiosos.
Las urnas cierran con una participación récord y la batalla por el poder sigue abierta
La jornada también ha dejado una participación inusualmente elevada. A las 16.00 horas había votado el 55,7 % del electorado, el nivel más alto a esa hora desde 1973, y en las tres primeras horas la participación alcanzó el 16,7 %, el ritmo inicial más rápido desde 1981.
A las 18.00 horas, la cifra subió al 66,7 %, por encima del 57,7 % registrado a la misma hora en las elecciones de 2022. Netanyahu acusó a sus rivales de intentar robar las elecciones y advirtió de un supuesto fraude, pero la Comisión Electoral negó que existan pruebas de una manipulación sistemática.
La autoridad electoral sí investiga irregularidades puntuales, como papeletas deterioradas o ausentes, y la policía detuvo a tres sospechosos por un intento de soborno de votantes a favor de Ra'am. Ese episodio añade presión política, pero no prueba por sí solo una alteración general del proceso.
Con los colegios electorales cerrados, los sondeos a pie de urna ya ofrecen las primeras estimaciones del reparto de los 120 escaños de la Knesset, aunque todavía no son resultados oficiales. La principal incógnita es si Benjamin Netanyahu logrará reunir los 61 diputados necesarios para formar Gobierno o si la oposición encabezada por Gadi Eisenkot podrá articular una mayoría alternativa. Las encuestas previas a la votación apuntaban a un Parlamento fragmentado, con ambos bloques por debajo de la mayoría absoluta, por lo que los partidos minoritarios podrían resultar decisivos. El recuento continuará durante los próximos días y los resultados oficiales están previstos para el 4 de noviembre, antes de que el presidente Isaac Herzog inicie las consultas para encargar la formación del Ejecutivo.