Donald Trump afronta este martes 3 de noviembre unas elecciones legislativas que pueden cambiar el rumbo de su presidencia. Los sondeos y las proyecciones sitúan a los demócratas como favoritos para recuperar la Cámara de Representantes y les dan opciones de arrebatar también el Senado a los republicanos, aunque la batalla por esta última cámara sigue muy abierta.
Las elecciones de medio mandato, conocidas en Estados Unidos como midterms, llegan con Trump desgastado en las encuestas, preocupación por el coste de la vida y una oposición movilizada. Si los demócratas logran controlar al menos una de las dos cámaras, el presidente perderá la mayoría parlamentaria que ha acompañado el arranque de su segundo mandato y tendrá más dificultades para sacar adelante sus planes.
El resultado todavía está por decidir y dependerá de decenas de carreras estatales y de distrito. Pero los datos muestran un escenario preocupante para la Casa Blanca. El último sondeo de The Economist y YouGov, realizado entre el 23 y el 26 de octubre, da a los demócratas una ventaja de once puntos entre quienes ya han votado o aseguran que lo harán con toda seguridad.
En ese grupo, el 52% se inclina por los candidatos demócratas al Congreso y el 41% por los republicanos. La diferencia se reduce a seis puntos entre el conjunto de los votantes registrados, una muestra de que la participación será decisiva. La misma encuesta sitúa la aprobación de Trump en el 39%, frente a un 58% que desaprueba su gestión.
Mientras los republicanos tratan de movilizar a sus votantes en la recta final, Trump ha vuelto a poner en cuestión el proceso electoral. Esta semana aseguró que aceptará los resultados "si son elecciones honestas", una condición con la que recupera un discurso que ya utilizó antes de anteriores votaciones y que ha alimentado las dudas entre sus seguidores.
Los demócratas parten con ventaja en la Cámara
El martes se renovarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes, elegidos en distritos de todo el país. Para controlar la cámara hacen falta 218. Los demócratas necesitan una ganancia neta de tres escaños respecto al resultado de 2024 para alcanzar esa mayoría, aunque la composición de la Cámara puede variar durante la legislatura por vacantes o elecciones especiales.
Las proyecciones apuntan a que tienen una oportunidad de lograrlo. El Cook Political Report, una de las referencias del análisis electoral estadounidense, revisó este viernes doce carreras de la Cámara en dirección favorable a los demócratas y situó su posible mayoría entre 227 y 240 escaños.
El modelo independiente Call the Map calculaba este viernes una probabilidad del 85% de que los demócratas recuperen la Cámara. Otro modelo, Scrutinel, elevaba esa posibilidad al 93%. Son simulaciones elaboradas con encuestas y otros datos, no un resultado electoral: incluso una opción con pocas probabilidades puede terminar produciéndose.
La ventaja nacional demócrata tampoco se traslada automáticamente al número de representantes. En Estados Unidos, cada escaño se decide en su propio distrito, de modo que importan la distribución geográfica del voto, los candidatos concretos y la participación en las carreras más ajustadas.
Entre los territorios a seguir está Pensilvania, donde varios representantes republicanos defienden distritos competitivos. En el octavo distrito, por ejemplo, Cook ha movido la carrera del empate hacia una ligera ventaja demócrata. También pueden ser importantes las disputas en estados como Texas, donde los límites de los distritos han sido redibujados con el impulso de los republicanos.
El partido que ocupa la Casa Blanca suele sufrir desgaste en las elecciones de mitad de mandato. Trump ya vivió una derrota en la Cámara en 2018, durante su primera presidencia, cuando los demócratas consiguieron 235 escaños y recuperaron el control frente a los republicanos.
Una nueva mayoría demócrata permitiría al partido presidir comisiones, abrir investigaciones y reclamar documentación a la Administración. También podría bloquear proyectos legislativos del presidente. Si los demócratas vencen, su líder en la Cámara, Hakeem Jeffries, se perfila como candidato a presidirla, una decisión que corresponderá a los miembros de la nueva Cámara.
El Senado sigue abierto y varios estados republicanos entran en disputa
La batalla por el Senado es distinta. Los republicanos tienen ahora una mayoría de 53 senadores frente a 47 del bloque demócrata, incluidos los independientes que votan habitualmente con él. En noviembre se disputan 35 de los 100 escaños y los demócratas necesitan terminar con al menos 51 para controlar la cámara, ya que un empate a 50 daría al vicepresidente republicano, JD Vance, el voto de desempate.
Los modelos coinciden en que la Cámara de Representantes es más favorable para los demócratas, pero difieren sobre sus opciones en el Senado. Este viernes, Call the Map les daba un 60% de probabilidad de controlarlo, frente al 71% calculado por Scrutinel. Las diferencias entre modelos muestran que varias carreras estatales pueden inclinar el resultado hacia uno u otro lado.
La encuesta de The Economist y YouGov también refleja esa dificultad. Entre los votantes con mayor probabilidad de acudir a las urnas en estados que eligen senador, la ventaja demócrata era de cuatro puntos, inferior a la que registraban sus candidatos a la Cámara en el conjunto del país.
Una de las disputas más observadas está en Carolina del Norte, donde el exgobernador demócrata Roy Cooper se enfrenta al republicano Michael Whatley. Cooper ha conseguido una importante ventaja de financiación: hasta mediados de octubre había recaudado unos 49,6 millones de dólares, frente a los 13,7 millones de su rival, según Associated Press.
En Ohio, el exsenador demócrata Sherrod Brown intenta recuperar un asiento para su partido frente al republicano Jon Husted, nombrado para ocupar la plaza que dejó JD Vance al llegar a la vicepresidencia. Trump ganó Ohio en sus tres campañas presidenciales, pero las encuestas describen ahora una carrera competitiva.
También está en juego Texas, un estado que los republicanos dominan desde hace décadas. Allí compiten el demócrata James Talarico y el fiscal general republicano Ken Paxton, aliado de Trump que derrotó en las primarias al senador John Cornyn. Hasta mediados de octubre, Talarico había recaudado más de 146 millones de dólares, muy por encima de los 22 millones de Paxton.
En Maine, la senadora republicana Susan Collins busca la reelección frente al demócrata Troy Jackson. Y en Kansas e Iowa, dos estados tradicionalmente favorables a los republicanos, Trump ha añadido actos de campaña para este domingo con el fin de movilizar a sus votantes y apoyar a sus candidatos al Senado.
El voto anticipado ya está creciendo en varios de esos territorios. En Texas, más de 6,3 millones de personas habían votado hasta el miércoles, frente a 4,2 millones en el mismo momento de las legislativas de 2022. Una participación anticipada más alta no permite saber por sí sola quién ganará, porque una parte de esos electores podría haber votado igualmente el día de la elección.
El control del Senado resulta especialmente importante para Trump porque esa cámara interviene en la confirmación de jueces, miembros del Gobierno y otros nombramientos federales. Una mayoría demócrata podría dificultar esas designaciones, además de frenar leyes impulsadas por la Casa Blanca.
Trump vuelve a sembrar dudas antes de las urnas
El presidente ha convertido buena parte de la campaña en una defensa de su gestión y en un llamamiento a sus seguidores para que eviten una victoria demócrata. Pero también ha vuelto a recurrir a acusaciones sobre la limpieza de las elecciones, después de haber difundido durante años la falsa tesis de que le robaron las presidenciales de 2020.
Esta semana, Trump afirmó que aceptará el resultado "si son elecciones honestas". En sus mítines ha acusado a los demócratas de hacer trampas y ha cuestionado procedimientos electorales en distintos estados. No ha aportado pruebas de un fraude generalizado que justifique anticipar que los resultados del 3 de noviembre vayan a ser manipulados.
La controversia ha llegado también a los tribunales. El Departamento de Justicia de su Administración ha intentado que California apartara temporalmente papeletas de personas a las que el Gobierno federal considera posibles no ciudadanos, hasta comprobar su situación. Las autoridades del estado han cuestionado la fiabilidad de la lista y los tribunales han rechazado por ahora la petición de separar esos votos.
El voto de personas sin ciudadanía en elecciones federales es ilegal, pero los datos disponibles indican que los casos detectados son poco frecuentes y no se ha demostrado que exista un fraude generalizado capaz de alterar el resultado de las elecciones estadounidenses.
Al mismo tiempo, Trump afronta el descontento económico de una parte del electorado. En un sondeo de ABC News, The Washington Post e Ipsos publicado en octubre, más encuestados confiaban en los demócratas para gestionar el coste de la vida —un 38%— que en los republicanos —un 24%—.
Las votaciones del martes no eligen presidente. Trump seguirá en la Casa Blanca, pero el Congreso que salga de las urnas determinará con qué apoyos y con qué controles tendrá que gobernar durante el resto de su mandato. Los nuevos representantes y senadores tomarán posesión en enero de 2027.