El franquismo sigue dejando heridas: el dolor de la Guerra Civil llega hasta los nietos y bisnietos de las víctimas

Un estudio detecta síntomas de duelo y estrés postraumático en familiares de varias generaciones y reclama más apoyo psicológico y educativo, mientras el Congreso retira los retratos de tres dirigentes de la dictadura tras décadas de reivindicaciones

31 de octubre de 2026 a las 10:04h
Numerosas personas durante un acto de homenaje a los presos durante los primeros años del franquismo. Fuente: Adrián Irago / Europa Press.
Numerosas personas durante un acto de homenaje a los presos durante los primeros años del franquismo. Fuente: Adrián Irago / Europa Press.

Las consecuencias de la Guerra Civil y de la dictadura franquista siguen presentes en muchas familias españolas, incluso más de 80 años después del conflicto. Los nietos y bisnietos de personas asesinadas durante la guerra y la posguerra pueden arrastrar todavía síntomas de duelo y estrés postraumático, aunque no vivieran aquellos acontecimientos. El dolor, el miedo y el silencio que marcaron a sus familiares han pasado de una generación a otra y mantienen abiertas heridas que todavía no han recibido una reparación completa.

Así lo recoge la investigación 'Lágrimas del pasado. Superación del proceso de duelo de la Guerra Civil española a través de rituales de paso', elaborada por Francisco J. Leira-Castiñeira, doctor en Historia e investigador de la Universidad Carlos III de Madrid, y Raquel Martín-Ríos, doctora en Psicología y profesora de la Universidad Rey Juan Carlos. El trabajo, publicado en la revista Prisma Social en enero de 2026, analiza cómo las muertes y desapariciones durante la Guerra Civil y la represión posterior afectaron a los familiares de las víctimas y cómo ese sufrimiento se ha transmitido con el paso del tiempo.

Los investigadores han utilizado entrevistas personales, relatos de vida y pruebas psicológicas para estudiar las experiencias de los familiares. La parte cuantitativa del trabajo contó con 83 participantes: un 10,8% eran familiares de primer grado, un 68,7% de segundo y un 20,5% de tercer grado. La muestra incluye descendientes de víctimas de distintos momentos del conflicto y la posguerra.

Entre los síntomas detectados aparecen recuerdos que vuelven una y otra vez, imágenes que la persona no desea recordar, sueños angustiosos y una sensación constante de alerta. Los autores explican que la historia familiar puede acabar formando parte de la identidad de los descendientes, que llegan a sentir como propio un sufrimiento que no vivieron directamente.

El silencio impuesto por la dictadura impidió a muchas familias despedir a sus seres queridos

Una de las principales razones que explican la prolongación de este dolor es que muchas familias no pudieron enterrar a sus seres queridos ni celebrar una despedida. Durante la dictadura franquista, el miedo, la represión y la falta de reconocimiento institucional dificultaron que los familiares de las víctimas pudieran expresar públicamente su pérdida. En muchos casos, el silencio se convirtió en una forma de protegerse y sobrevivir.

La investigación destaca que la imposibilidad de recuperar los cuerpos ha dificultado que muchas personas puedan cerrar el proceso de duelo. Todavía hoy hay familias que buscan los restos de sus antepasados para conocer qué ocurrió y ofrecerles una sepultura digna. La ausencia de un lugar donde llorar a sus seres queridos y la falta de información sobre su destino han mantenido abierta una herida que ha llegado hasta las siguientes generaciones. El estudio también analiza la importancia de los rituales funerarios. Cerca del 30% de las familias participantes que no disponían de los restos de sus familiares había realizado algún tipo de ceremonia simbólica para despedirse de ellos. Estos actos, aunque no sustituyen la recuperación de los cuerpos, pueden ayudar a reconocer la pérdida y dar un espacio al recuerdo.

Los autores advierten, además, de que encontrar los restos tampoco resuelve por sí solo el sufrimiento. Las familias necesitan acompañamiento psicológico y apoyo institucional para afrontar las consecuencias de lo ocurrido. Por ello, defienden que las políticas de memoria no deben limitarse a localizar e identificar a las víctimas, sino que también deben atender las necesidades emocionales de sus descendientes.

La retirada de los retratos franquistas del Congreso, un paso en la reparación de las víctimas

La investigación coincide con un nuevo debate sobre cómo España reconoce a quienes sufrieron la represión franquista. Este mismo mes, el Congreso de los Diputados retiró los retratos de Esteban de Bilbao y Eguía, Antonio Iturmendi Bañales y Alejandro Rodríguez de Valcárcel, los tres presidentes de las Cortes durante la dictadura de Francisco Franco. Las imágenes permanecían en la galería de la Cámara Baja pese a las reclamaciones que distintas formaciones políticas y asociaciones memorialistas habían planteado durante décadas.

La decisión fue impulsada por Sumar y contó con el apoyo del PSOE, mientras que el PP se abstuvo. La retirada se produjo después del acuerdo de la Mesa de la Diputación Permanente del Congreso del 13 de octubre y en cumplimiento de la Ley de Memoria Democrática. La presidenta de la Cámara, Francina Armengol, defendió que la medida contribuye a reconocer a las víctimas y a reparar una injusticia histórica.

La retirada de los cuadros no borra las consecuencias de la dictadura ni resuelve las reclamaciones de las familias, pero supone un cambio en la forma en la que una institución democrática representa a quienes dirigieron las Cortes franquistas. Durante décadas, las imágenes de estos responsables permanecieron en el Congreso, mientras las familias de muchas víctimas seguían reclamando reconocimiento, justicia y la recuperación de sus seres queridos. Precisamente, este 31 de octubre se celebra el Día de Recuerdo y Homenaje a las Víctimas del Golpe Militar, la Guerra y la Dictadura, una fecha recogida en la Ley de Memoria Democrática. Los investigadores consideran que todavía queda mucho trabajo por hacer: reclaman más atención psicológica, educación sobre lo ocurrido y políticas públicas que permitan a las familias elaborar el duelo.

Su conclusión va más allá de la recuperación de los restos. La memoria democrática, sostienen, también debe servir para que las nuevas generaciones conozcan lo que ocurrió y para que el pasado deje de ser un motivo de enfrentamiento y pueda abordarse desde el reconocimiento de las víctimas y la defensa de los derechos democráticos.

Sobre el autor
Carlota Pastor, redactora de ElConstitucional.es
Carlota Pastor

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