Los autores de '7291', el cómic sobre las residencias en Madrid durante la pandemia: “La sanidad pública es un tesoro, a los mayores se le abandonó cuando más la necesitaban”

Raúl Cordero y Boris Ramírez presentan '7291', un cómic que reconstruye desde dentro el drama vivido en las residencias de mayores durante la pandemia y reivindica la memoria de las víctimas y el papel de las trabajadoras

31 de mayo de 2026 a las 11:37h
Raúl Cordero y Boris Ramírez en la presentación del comic '7291'.
Raúl Cordero y Boris Ramírez en la presentación del comic '7291'.

El cómic puede ser fantasía, aventura o memoria. También puede convertirse en una herramienta para rescatar historias incómodas y poner rostro a tragedias que corren el riesgo de diluirse entre cifras y debates políticos. Eso es precisamente lo que han hecho Raúl Cordero y Boris Ramírez con '7291', una novela gráfica que reconstruye desde el punto de vista de las trabajadoras de residencias el drama vivido durante la pandemia en Madrid.

Ellos venían del mundo de la fantasía y del folclore, pero una experiencia personal cambió el rumbo de este proyecto. A través de testimonios reales de profesionales y familiares, el cómic busca preservar la memoria de quienes murieron en residencias sin recibir atención hospitalaria y también reivindicar el papel de quienes sostuvieron aquellos centros en medio del caos.

En una conversación con ElConstitucional.es, Raúl Cordero y Boris Ramírez reflexionan sobre la sanidad pública, la memoria, el papel del cómic como herramienta social y el impacto emocional de enfrentarse a una historia tan dura.

Vosotros venís de la fantasía y el folclore. ¿Cómo aparece una historia tan dura y tan pegada a la realidad como '7291'?

Raúl Cordero. Todo nace por una conversación con mi padre. En 2024 le diagnosticaron un tumor y durante el tratamiento me repetía mucho una idea: “Yo estoy bien porque tengo una sanidad pública que me está cuidando, pero hay mucha gente que no tuvo esa oportunidad”. Él insistía en que había que hablar de lo ocurrido en las residencias y dejar de lado dragones y fantasía por un momento. Cuando falleció, esa conversación se me quedó grabada y decidí convertirla en una promesa.

Entonces contacté primero con Boris, porque necesitaba un dibujante capaz de acercarse al terror. Nosotros veíamos esta historia casi como una historia de terror real. Después empecé a buscar testimonios y acabamos llegando a asociaciones como Marea de Residencias y 7291 Verdad y Justicia, que fueron fundamentales para documentarnos.

Boris Ramírez. Yo al principio pensé que sabía bastante sobre el tema, porque parecía algo de lo que se había hablado muchísimo. Pero cuando empecé a investigar me di cuenta de lo poco que conocía realmente. Había mucho ruido político, muchos bulos, mucha discusión, pero poca humanidad. Y ahí vimos que el cómic podía aportar algo distinto.

Precisamente el cómic aporta imágenes a una tragedia de la que casi no existen fotografías ni documentos visuales desde dentro de las residencias. ¿Cómo fue ese trabajo gráfico?

BR. Fue un proceso muy complicado. Lo primero fue documentarnos muchísimo. Necesitábamos saber cómo eran las residencias por dentro, cómo se organizaban los espacios, cómo trabajaban las cuidadoras, cómo convivían los residentes. Pedimos imágenes, referencias y testimonios para que todo resultara lo más fiel posible.

A partir de ahí sí nos permitimos experimentar más en lo artístico. Queríamos encontrar un estilo reconocible para el cómic. Por eso la paleta de colores cambia dependiendo de si estamos dentro o fuera de la residencia, y el trazo se vuelve más sucio y más claustrofóbico según avanza la historia. Era importante transmitir sensaciones y emociones, no solo reproducir hechos.

Habéis elegido contar la historia desde el punto de vista de las trabajadoras. ¿Por qué?

RC. Porque también son víctimas. Nosotros queríamos alejarnos de un enfoque puramente político y centrarnos en las personas que realmente sostuvieron aquello. Las trabajadoras eran quienes estaban allí todos los días viendo morir a gente que conocían desde hacía años. Muchas veces sin recursos, sin protección y completamente desbordadas.

Nos interesaba muchísimo escuchar su punto de vista porque son un colectivo muy invisibilizado. Además, ellas nos permitían conectar el interior de las residencias con las familias y con lo que ocurría fuera. Era un hilo conductor muy humano.

El cómic también transmite una sensación muy fuerte de memoria, da la sensación de que incluso algo que ocurrió hace tan poco ya corre el riesgo de olvidarse.

RC. Bueno, la verdad es que yo creo que un poco se ha olvidado precisamente porque hay poca imagen al respecto. Entonces, a nosotros nos interesaba generar imágenes a partir de testimonios que fueron reales, para que esto no se olvide y para que la gente vea cómo funcionaron las residencias y cómo reaccionaron ante una situación que yo considero prácticamente de guerra.

Ellas convivían todos los días con personas a las que cuidaban desde hacía años y de repente empezaban a morir una detrás de otra. La morgue de la residencia se quedaba pequeña y los cuerpos se acumulaban. Era una situación durísima y queríamos poner el foco en esa humanidad, en esas trabajadoras que dieron un paso adelante cuando prácticamente se quedaron solas.

BR. Nosotros no queríamos hacer un cómic político ni buscar culpables concretos. Desde el principio lo entendimos más como un ejercicio de memoria. Porque en este país muchas veces tenemos problemas para mirar atrás y conservar ciertas historias.

Y además hay un problema importante: casi no existen imágenes de lo que pasó dentro de las residencias. Todo se convirtió en ruido político, en cifras o en debates de televisión. El cómic nos permitía precisamente reconstruir esas imágenes desde los testimonios reales y acercar al lector a algo mucho más humano.

¿Cómo fueron esos testimonios?

RC. Durísimos. Muy difíciles de digerir. Hay historias tremendas que incluso decidimos no incluir porque no queríamos caer en el morbo ni perder la dignidad de las personas que aparecen retratadas. Lo importante era reflejar el dolor, pero también la humanidad y el esfuerzo de quienes intentaron cuidar hasta el final.

Recuerdo que después de algunas entrevistas me quedaba completamente tocado. Ahí Boris fue fundamental también para sostener emocionalmente el proyecto y seguir adelante.

La sanidad pública aparece constantemente en vuestra reflexión sobre el cómic. ¿Qué papel juega realmente en la obra?

BR. Absolutamente central. A todos nos ha salvado la sanidad pública de una manera u otra. En mi caso, por ejemplo, ha sido fundamental para personas muy cercanas. Y lo que vimos en las residencias fue precisamente lo contrario: gente a la que se dejó de lado cuando más necesitaba ayuda.

Estamos hablando de personas que habían cotizado toda su vida, que habían sostenido ese sistema y que, en el momento crítico, fueron abandonadas. Y además por motivos claramente discriminatorios. Muchos sí pudieron acceder a hospitales si tenían seguros privados. Eso dice mucho de lo que pasó.

La sanidad pública es un tesoro y creo que a veces no somos conscientes de hasta qué punto hay que defenderla.

RC. Totalmente. Yo mismo tuve un tumor y seguramente si hubiera nacido en otro país no estaría aquí. La sanidad pública salva vidas y este cómic también nace de ahí, de la necesidad de recordar lo que ocurre cuando se deja de proteger.

Aunque el cómic se centra en Madrid, ¿creéis que puede leerse como una historia universal dentro de España?

RC. Sí, completamente. Nosotros nos centramos en Madrid porque fue donde la situación alcanzó una dimensión más brutal, pero esto habla de un problema estructural que afecta a muchas residencias de todo el país. De hecho, nos han escrito profesionales de otras comunidades diciendo que se sienten totalmente reflejados.

La pandemia fue el detonante, pero la precariedad venía de antes: falta de personal, pocos recursos y unas condiciones laborales muy duras. Todo eso ya existía.

¿Qué le diríais a alguien que todavía no conoce '7291' para animarle a leerlo?

RC. Que se acerque pensando en la importancia de los servicios públicos y en las personas que los sostienen. Este cómic es un homenaje a quienes dieron un paso adelante en un momento terrible. A las trabajadoras que se quedaron allí cuando podían haberse marchado y se jugaron literalmente la vida por cuidar a otros.

BR. Y también es una forma de escuchar. Escuchar a un colectivo invisibilizado y entender qué ocurrió realmente dentro de las residencias. Nosotros simplemente hemos intentado trasladar sus voces de la forma más honesta posible.

Después de una experiencia así, ¿os planteáis seguir explorando historias sociales?

RC. Necesito descansar un poco porque emocionalmente ha sido muy intenso, pero sí creo que este proyecto nos ha cambiado. Veníamos de la fantasía, pero hemos descubierto que también hay historias reales que necesitan ser contadas.

BR. La realidad muchas veces supera cualquier monstruo o cualquier ficción. Y después de convivir con estos testimonios es imposible no salir transformado.

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El periodista de ElConstitucional.es Daniel Martínez
Daniel Martínez

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